Plagada de metáforas sobre aquello que pasa alrededor pero que no se ve, Elisabet Cunsolo dirige a Paula García Jurado y Anahí González Gras, con la asistencia de Romina Mazzadi Arro, en la obra que se conoce este sábado 23 de mayo, en Espacio Bravo Teatro
Miguel Passarini
Un hervidero, la acumulación de personas en un lugar determinado, la agitación y el movimiento que agotan; todos juntos y nadie registra a nadie. Hervidero es, precisamente, el inquietante título de una nueva obra teatral que se conocerá este fin de semana en Rosario, en Espacio Bravo Teatro, y que reúne a un grupo de mujeres que, cada una con su expertise, derrochan talento y creatividad, y son referentes de las escénicas locales.
Con la actuación de Paula García Jurado y Anahí González Gras, y dramaturgia y dirección general de Elisabet Cunsolo, el diseño de luces y la asistencia técnica y dramatúrgica son Romina Mazzadi Arro, creadora del icónico grupo Hijos de Roche, con más de un cuarto de siglo de recorrido.
González Gras, a su vez, fue parte de varios elencos y ocupó distintos roles en las escénicas locales. Entre los espectáculos en su haber aparecen Divinos siervos, Uno de mil, Severino, fuego de libertad, La rota madre que te parió y Fausto, o la pasión según Margarita, donde formó parte del elenco junto a Paula García Jurado. Y Paula y Elisabet Cunsolo compartieron recordados trabajos como Insoportable, el término de un largo día, Baby Jane, Ya estoy solo, Esta máquina no era Dios y la reciente No descansa nunca, entre otras, todas bajo la dirección de Mazzadi Arro, mientras que desde 2009, estas tres últimas, son socias y gestoras de Espacio Bravo Teatro.
Definida por Cunsolo, que ha sabido transitar el absurdo de la mano de Hijos de Roche, como una pieza que apela a una poética vinculada con un realismo virado a lo bizarro, acaso como la realidad misma que se volvió incomprensible y distópica, completan el staff de Hervidero Martín Fumiatto con la restauración de objetos, la intervención de vestuario de Laura Gras, con asesoramiento de vestuario de Ramiro Sorrequieta, fotos de Juana del Montón, diseño gráfico de Esteban Goicoechea y producción general de Espacio Bravo Teatro, con prensa y difusión de Pika, Comunicación Cultural.
“Dos socias y un proyecto: abrir un pequeño local de moda circular en calle San Luis. Soñar un futuro mejor. Salir del barrio y llegar al centro. Progresar. Volverse nadie”, dice la escueta sinopsis acerca de este nuevo material.
“Este proyecto surge a partir de la inquietud que tenían Paula y Anahí de volver a trabajar juntas (ambas compartieron la referida versión de Fausto de Gustavo Guirado, que se llamó Fausto, o la pasión según Margarita). Ellas empezaron a juntarse como hacemos siempre para probar cosas, improvisar sin ninguna idea demasiado definida o clara, aunque la problemática que sobrevolaba tenía que ver con la productividad, con las exigencias de este tiempo, donde todo lo que hacemos tiene que ser para algo, con un fin determinado. Ese recorrido de probar cosas, de ensayarlas, lo hicieron solas y luego de un tiempo tuvieron la necesidad de tener una mirada desde afuera. Esas improvisaciones estaban asociadas a unas escenas que había escrito por pedido de ellas Romi (Mazzadi Arro), y finalmente aparezco yo que me ofrecí a mirarlas desde afuera, y terminé, a partir de ese texto primario del que quedaron algunos fragmentos, escribiendo y dirigiendo la obra, muy apoyada en ellas y en las improvisaciones, con un año de trabajo, y la vuelta de Romina con la técnica pero aportando toda su sabiduría en relación con el teatro”, contó a modo de recorrido del proyecto la también actriz y docente Elisabet Cunsolo, que ahora se prueba como directora.
De hecho, respecto de la jugada que implica enfrentar la dirección de dos actrices con tanta presencia escénica que siempre están un paso delante de lo que se busca o se indaga, Cunsolo planteó: “Hasta yo estoy muy sorprendida de este nuevo rol; tampoco se trataba de un rol que me interesaba probar. Incluso hasta ahora lo más cerca que había estado de dirigir era en los talleres y armados de las muestras. Le tenía un poco de miedo, quizás no me sentía capacitada para ocupar ese rol. Lo que me motivó fue la presencia de ellas, las actrices, que para mí son de las mejores que hay en la ciudad y las ganas de ser parte de un proyecto que las une a las dos. Con Paula nos conocemos desde hace años pero Anahí tiene también esa capacidad para llegar a lugares muy complejos rápidamente, y ambas tienen mucha predisposición para el trabajo. Me reconforta que las dos confiaran mucho en mi mirada y se mandaran a hacer. Y al mismo tiempo, es mucha responsabilidad porque son dos actrices tremendas y hay que estar a la altura”.
Si hay algo que marca la impronta escénica de Elisabet Cunsolo es el humor, pero no un humor básico, llano, sino un humor complejo y por capas, un humor que incluso pueda estar vinculado al drama o la tragedia, algo transitado por Hijos de Roche. “Tenía en claro que íbamos a ir por el lado del humor, siempre me interesa mucho. Y ambas mujeres buscan volverse nadie, salir de la zona de confort del barrio donde todos te conocen y te saludan, para llegar al centro donde nadie te conoce o te registra. Pero, al mismo tiempo, si amplificamos eso, nos cruzamos todo el tiempo con personas que ignoramos, que preferimos no ver o no mirar; personas que están revolviendo la basura para comer, que están pidiendo ayuda, que están viviendo y durmiendo en la calle y también nos preguntamos cómo terminamos naturalizando todo eso que nos rodea. Y si bien queríamos apostar por el humor también nos interpelaba la idea del tema del que íbamos a hablar”.
Y profundizó: “Terminamos abordando preguntas acerca de cómo el progreso deja gente todo el tiempo en el camino que se vuelve nadie. Incluso otro de los títulos que estuvo dando vueltas era Fractura expuesta, porque somos parte de una sociedad que está completamente fracturada y cuando todo está tan a la vista parece que nadie lo ve, que no pasa nada, la Justicia no actúa y es algo que todos vemos a diario. Incluso con el paso de los meses, las noticias diarias eran el correlato perfecto de lo que estábamos contando en los ensayos, hasta aquello que nos parecía imposible o por demás exagerado”.
“De todos modos –sumó Cunsolo finalmente–, como pasa siempre, nada es tan inocente y se va develando que una quiere sacar provecho de la otra, y quizás esa sociedad entre ambas y ese deseo compartido que la unía en el principio no sea tan así. Más allá de eso, la metáfora es que ese local de calle San Luis, ese entorno de fracturas como tantas otras referencias a Rosario, es un poco este país; estamos atravesadas por lo que pasa, el teatro siempre lo está, y entonces hace mella en la historia que contamos esta crueldad explícita que vemos a diario. A lo largo de la obra, el vínculo entre ambas se empieza a descascarar y cada una muestra quién es realmente. Y repensando la idea de volverse nadie, aparece también la despersonalización de uno de los personajes de la obra que se pone en tensión con esa misma pérdida de identidad que transitamos a nivel social. Ya sea porque somos manipulados, explotados, ninguneados o negados, entre tantas otras cosas que son propias de este tiempo nefasto”.
Hervidero, con dramaturgia y dirección de Elisabet Cunsolo, tendrá su estreno este sábado 23 de mayo, a las 21, en Espacio Bravo Teatro (Catamarca 3624), donde seguirá en cartel todos los sábados. Anticipadas con descuento al 341-6900944. IG: @espacio.bravo.teatro
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