Por Ezequiel Nieva.- Los afectados siguen esperando que los máximos responsables de la catástrofe sean convocados a Tribunales.
“Los inundados pedimos justicia porque entendemos que hay responsabilidades que tienen que pagarse”. María Claudia Albornoz, referente de la Carpa Negra –uno de los grupos de afectados por la inundación de 2003–, está convencida, a diez años del desastre, de que hay una compleja trama político-judicial que impide el avance de la causa penal en la que hay solo tres ex funcionarios procesados. A su lado, Graciela García, de la Marcha de las Antorchas, coincide: “Sin verdad y sin justicia, la memoria no tiene contenido”.
Las dos vivían a 15 cuadras pero no se conocían. Debieron dejar sus hogares, en el sudoeste de la capital provincial, durante la madrugada del 29 de abril de 2003, cuando las aguas del río Salado ingresaron a la ciudad por una brecha no cerrada de la defensa oeste. Como otros miles de santafesinos, perdieron todo lo que tenían. Al regresar a sus casas, varios meses más tarde, se encontraron con un panorama desolador.
En julio de ese año se conocieron en la plaza 25 de Mayo, en una de las primeras concentraciones de inundados, aún en medio de la crisis. Allí plantaron una carpa, frente a la Casa Gris. Luego, un grupo decidió conformar la Marcha de las Antorchas: un ritual que se repite todos los martes y todos los 29, desde hace diez años, cuando se reúnen en torno a las cruces que clavaron en la plaza en memoria de los muertos de la inundación. De allí cruzan hacia Tribunales para exigir el esclarecimiento de los hechos y luego repiten el ritual en las puertas de Casa de Gobierno.
Graciela recuerda que en el inicio de la lucha los unió la certeza de que no tenían miedo de desafiar al poder. “Nosotros nos enfrentamos con lo peor. Después de lo que nos pasó, ¿a qué le íbamos a tener miedo? Nos enfrentamos con el horror. Esa madrugada se me armó el rompecabezas. Ahí me di cuenta de que el miedo que todos tuvimos cuando abandonamos nuestras casas había que combatirlo con la lucha”, cuenta.
“Cada uno hizo su proceso –continúa–, pero hay cosas que son comunes. ¿Qué te podía pasar peor de lo que te había pasado? Yo no perdí ningún familiar; sí vecinos. Primero tuvimos que pararnos. Eso fue lo primero que hicimos para perder el miedo. Y eso constituyó identidad. Estábamos de pie. No nos íbamos a arrodillar por un colchón. Sentadas podemos esperar la justicia, pero de rodillas no. Habernos enfrentado con el dolor fue perder el miedo”.
Por su parte, María Claudia agrega que “los inundados pedimos justicia desde un principio porque entendemos que hay responsabilidades que tienen que pagarse”. “Los que cometieron errores criminales, los tienen que pagar. Ahí nos hermanamos, nos entendimos. Y luego en sostener una memoria activa. No una memoria sonsa, para llorar, sino una memoria activa: una memoria que lucha y que grita verdad”, remarca.
En los grupos de inundados están convencidos de que, mientras haya impunidad, no habrá ninguna posibilidad de construir una memoria real de la catástrofe de 2003, que dejó 23 muertos según cifras oficiales aunque los organismos de derechos humanos plantearon que las víctimas fuero 158 si se tiene en cuenta a quienes murieron como consecuencia de la inundación.
“Queremos justicia porque sabemos que tenemos razón. Pero se nos escapan los inundadores. Sigue esa matriz de impunidad que hay que destrozar. Queremos que haya memoria, pero con verdad y justicia”, completa Albornoz en referencia al ex gobernador y actual senador nacional Carlos Reutemann, quien nunca fue citado a declarar por la Justicia.
La militante recuerda que “al principio quedamos impactados; después comenzamos a descubrir la verdad, aprendiendo sobre obras, sobre negociados, sobre defensas”. “Construimos la verdad con pruebas objetivas. La verdad primero nos pegó. Entró el agua; nos inundaron. Nadie nos sacó, salimos cómo pudimos. De ahí en más, tratamos de conservar la memoria en función de esa verdad. Donde nos tengamos que parar, vamos a decir la verdad”, subraya.
García retoma y cuenta que “los inundados con nuestra lucha vinimos a alborotar el gallinero”. “Acá hubo luchas de mucho tiempo, que no hay que olvidar: la lucha de los trabajadores, de los bancarios, de los maestros. La diferencia es que ahora, cuando ven cuatro o cinco inundados, ya saben que les vamos a alborotar el gallinero. Desde el poder, en todos los ámbitos, ya lo saben. No sé si somos temidos, pero le tienen miedo a lo que podamos decir. Y tienen miedo de que no tengamos miedo”, concluye.
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