El actor habló de “Hamlet”, la versión del clásico de Shakespeare dirigida por Patricio Orozco que llega este domingo a Rosario, donde da vida al Rey Claudio junto a grandes actores como Alberto Ajaka, Leonor Benedetto y Patricio Contreras
Hay actores que logran correrse de sus lugares de comodidad buscando el riesgo y ese salto al vacío que supone actuar. De una lista no demasiado extensa, surge el nombre de Antonio Grimau, un actor con una trayectoria de más de cinco décadas del que siempre se recordará aquel gran salto al vacío que supuso en 1990 su participación en Los Invertidos, la versión que el recordado Alberto Ure estrenó en el porteño Teatro San Martín de la obra de José González Castillo, que sirvió, entre otras cosas, para que el público entendiera que, si el actor tiene talento, capacidad lúdica y una saludable cuota de osadía, no hay autor, personaje ni historia que le imponga resistencia.
Tras su elogiado trabajo protagónico en una reciente versión de El Avaro, de Molière, y de dar vida a un Sandro en el ocaso en la miniserie sobre el Gitano estrenada este año, llegó el turno de su primer Shakespeare: una versión de Hamlet donde encarna a Claudio, un personaje con un costado siniestro al que impone su singular presencia escénica, que se estrenó en junio en la porteña Sala de la Cooperación y que este domingo llega a La Comedia con una única e imperdible función.
En ese mismo diálogo afirmó: “Esos son los personajes que me atraen porque me sacan de esas zonas de confort, por eso acepté este desafío de Hamlet, por el elenco, por el director y adaptador Patricio Orozco, por la propuesta en general, pero una vez más por esta sacudida hacia mí mismo para acercarme a zonas desconocidas haciendo Shakespeare por primera vez”.
“En la obra soy el Rey Claudio, un personaje con aristas tan controvertidas, tan difíciles de poder apreciar desde un punto de vista amable, que cuesta contarlo, porque hay vericuetos de su personalidad que son muy jorobados; de todos modos, estos personajes con ese grado de oscuridad son los que terminan dando las mayores satisfacciones”, dijo el actor acerca de este proyecto que pareciera partir de ese final irremediable de la obra donde se escucha la frase “…el resto es silencio”, sobre todo si se toma en cuenta la cantidad de libros, ensayos, puestas en escena y demás representaciones en diferentes ramas del arte que se han producido desde hace 400 años inspirados en este clásico de clásicos.
“Este espectáculo propone una nueva mirada hacia los personajes femeninos que a lo largo de los años han sido presentados al público desde un punto de vista machista y prejuicioso. Gertrudis le pide a Hamlet que trate bien a su padre y señala al Rey Claudio; este es nuestro punto de partida. Una puesta audaz que acompaña los tiempos que corren, apoyada en la calidad artística de quienes componen el elenco y equipo creativo”, adelanta Orozco, poniendo en escena una especie de campo minado, y confirmando que en Shakespeare cada uno encuentra lo que busca o quiere ver.
Y agregó: “Es más que interesante transitar esta obra en esta versión porque hay un abanico de conflictos que están más que vigentes más allá del tiempo transcurrido; y lo más impresionante de ver es lo poco que ha cambiado la sociedad en cuatro siglos, porque en Hamlet parece estar todo lo que pueda pasar en un relato”.
Respecto de la búsqueda de identidad del personaje protagónico y de las situaciones extremas a nivel emocional que atraviesa, el actor destacó el trabajo de su colega Alberto Ajaka, el protagonista. “Es un relato extremadamente atractivo, con una estructura teatral majestuosa; en la obra hay muy buenos trabajos, pero Ajaka hace algo muy grande, porque implica un esfuerzo enorme cargarse ese personaje y él lo materializa con un rigor y profesionalidad extraordinarios, sobre todo pensando que en el teatro es donde el actor está más expuesto porque es la madre de todas las otras formas donde se involucre a la actuación”, evaluó Grimau.
“Dar con el perfil de una persona tan popular, universalmente colocado en la cabeza de la gente, fue el desafío mayor, quizás el más complejo salto al vacío, porque no me hubiese permitido fallar; incluso si hubiese sido un prócer o personaje histórico, como cuando me tocó interpretar a Urquiza, no me hubiera preocupado tanto, más allá de que siempre hay una preocupación por el trabajo, pero no me hubiera permitido fallar en el intento de ser Roberto Sánchez”, expresó finalmente el actor, quien una vez más volvió a rescatar al teatro.
«Hamlet», con dirección de Patricio Orozco, se presenta este domingo, a partir de las 19.30, en La Comedia, de Mitre y Ricardone, con entradas que van de los 250 a los 500 pesos
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