La muerte del Indio, la tristeza, la nostalgia y quizás también el enojo tienen que ver con alguien que se ve envejecer sin que parezca nacer lo nuevo. Un futuro que llegó de la peor forma, donde no parece haber ideas, ni culturas contrahegemónicas, ni utopías. Y claro que las hay, y es posible que algo se esté engendrando. No hay humanidad sino hay utopías. Sin embargo, necesitamos este momento de duelo, de dolor, de sentir que no las hay y que una etapa está muriendo
La muerte del Indio y el fin de una época
Por Luciano Vigoni
La tristeza de esta mañana, las lágrimas, sin dudas son por el Indio. Pero en el fondo también son por una etapa que parece querer cerrarse de la peor manera: con la muerte natural de mucho más que sus referentes. Son épocas en las que se mueren los dioses.
Y eso que se cierra, o que parece morir, no es solamente un tipo de música, de cultura, de fútbol o de personas que supieron y pudieron hacer realidad algunas ideas. Lo que parece morir son también algunos ideales que contenían una forma de ver, de pensar y de vivir la vida. La muerte del Indio es la expresión de muchos declives, y nos deja mas solos de los que estamos.
Nadie de los que nos sentimos cerca está repuesto de la muerte del Diego. Muchos imaginamos todavía qué diría de Milei, de la Copa del Mundo o de tal o cual situación. Cada año, desde que murió el Diego, en la ventana de casa se posa un colibrí. Siempre imaginé que era mi nono. Pero los días del cumpleaños de Diego los 30 de octubre siempre vuelve el colibrí y pienso en él visitándome.
La muerte del Indio, la tristeza, la nostalgia y quizás también el enojo tienen que ver con alguien que se ve envejecer sin que parezca nacer lo nuevo. Un futuro que llegó de la peor forma, donde no parece haber ideas, ni culturas contrahegemónicas, ni utopías. Y claro que las hay, y es posible que algo se esté engendrando. No hay humanidad sino hay utopías. Sin embargo, necesitamos este momento de duelo, de dolor, de sentir que no las hay y que una etapa está muriendo.
En el Diego se fue un símbolo mundano de nuestra hermosa y contradictoria cultura popular. Con el Indio pasa algo parecido. Se van los noventa, la sequía más absoluta, el peso, los sesenta centavos del porrón, la casetera, los discos, la poca ropa y desgastada. Pero con el Indio también se va algo más profundo: la sensación de que con él se va el último que escribía para la eternidad. Y que todavía no ha nacido, o no aparece, nadie que venga a ocupar ese vacío.
Por ahí parece la mirada nostálgica de un viejo pero la sensación es quién va a ponerle música y letra a la vida, a los fantasmas, a las injusticias, a varias generación. Quién va a hacerlo masivamente como lo hacía el Indio. No un género, no un artista aislado, no una canción, no una moda pasajera. La pregunta es quién va a ponerle letra y música a este pueblo.
Suficientemente lleno de angustias está el pueblo en una etapa bien oscura para todos, pero sobre todo para quienes peor la pasan. Hoy no sale el optimismo. Hoy es día de dolor y de duelo. Y como todo duelo, se transita escuchando solamente al Indio, con un porrón y en comunidad. Como enseñaron sus misas cuidarnos en comunidad.
Porque, como pasa con los seres queridos, se siente que hay algo que se va. Y en muchos de nosotros lo que parece morir no es solamente un referente, sino un dios con toda una época entera.
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