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La Pastoral Social de la Iglesia escuchó a los cuidacoches: una actividad que «no debe eliminarse sino regularse»

Mensaje indirecto a los legisladores de Santa Fe en pleno debate de un proyecto que trata por igual a quienes trabajan en la calle obligados por la crisis social y a violentos muchas veces organizados a quienes las agencias estatales y las propuestas legislativas dejan hacer

El arzobispo de Rosario, Eduardo Martín, y miembros de la Pastoral Social de Rosario se reunieron con un grupo de cuidacoches de Rosario en medio de la discusión de un proyecto en la Legislatura santafesina que impulsa la prohibición sin más de esa actividad informal. Los representantes de la Iglesia enfatizaron el respeto y la comprensión hacia quienes se ganan la vida ofreciendo un servicio y a la vez remarcaron la necesidad de diferenciarlos de los violentos para no estigmatizar con generalizaciones.

De la conversación participaron el responsable de la Pastoral Social de Rosario, Fabián Monte, e integrantes de la Comisión Diocesana de Pastoral Social.

Desde la Iglesia remarcaron que el acompañamiento a los cuidacoches se sostiene en una mirada inspirada en el Evangelio y en las enseñanzas del Papa León XIV. Toda persona posee una dignidad inalienable y el trabajo constituye un derecho fundamental, resumieron la mirada religiosa.

 

Fáciles y peligrosas generalizaciones

 

Martín pidió entender que la mayoría de quienes ejercen como cuidacoches «atraviesan situaciones de gran necesidad». Y que «ofrecen sus servicios cuidando coches, ayudando a estacionar o lavando autos». Se trata, agregó, de «un pequeño servicio que ayuda a los demás». Por eso, reclamó no confundir con los grupos que, dentro de la misma actividad, incurren en violencia o extorsiones.

En función de esa caracterización de la actividad, el arzobispo planteó que el trabajo informal de cuidacoches, y otros similares surgidos en las crisis económicas y sociales «no deben eliminarse, sino ordenarse y regularse». Un mensaje indirecto a los legisladores provinciales.

Monte, desde la Pastoral Social, aportó en la misma línea: «No se trata simplemente de estar a favor o en contra de los trapitos. La verdadera cuestión es cómo tratamos a los más vulnerables. Nadie está en la calle por vocación. Detrás de cada persona hay una historia de dolor, de quiebres y de situaciones muy difíciles que hoy hemos podido escuchar».

El religioso insistió en evitar facilismos y reduccionismos: «No podemos convertirlos en chivos expiatorios de los problemas sociales ni creer que la solución pasa por esconderlos o prohibirlos. Eso sería puro voluntarismo inútil». Y corrió el eje del punitivismo o la prohibición para encausar el tema en su raíz social. «Ojalá pudiéramos integrarlos mucho más y que puedan acceder a un trabajo digno, porque ese sigue siendo el gran drama de la cuestión social», afirmó Monte.

 

Justos por pecadores

Los dos referentes de la Iglesia que dialogaron con los cuidacoches coincidieron en separar las aguas entre quienes ganan como los dejan unos pesos para sus familias y los que irrumpen en esa actividad con actitudes violentas. No es poco si se contrapone el rigor de las agencias estatales con muchos de los despectivamente llamados «trapitos» y la vía libre con la que permiten operar a los grupos organizados y gestionados, por ejemplo, por las barras bravas en eventos deportivos o artísticos.

Marín, en ese sentido, propuso «regular, capacitar y acompañar» a quienes sobreviven con la actividad. Y repitió: «es importante diferenciar claramente el delito de la necesidad».

Montes agregó: «A nadie le gusta vivir en la calle, pero creemos que la peor solución es volver invisibles a quienes más sufren. También es importante diferenciar claramente el delito de la necesidad. No avalamos la extorsión ni la violencia, y eso debe quedar fuera de toda duda. Pero cuando la prohibición es general, terminan pagando justos por pecadores».

 

La voz de los sin voz

Durante la reunión también hablaron los cuidacoches. Zulma agradeció sentirse «escuchada y comprendida». Marcos, que vive hace años en la calle, coincidió: «Realmente me sentí escuchado y que hay interés genuino en ayudar». A ellos se sumó Héctor, quien aludió a los «momentos muy duros» que les tocan atravesar y añadió que la escucha de la Iglesia la siente como «una luz» en medio de tantas dificultades.

 

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