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Los pueblos originarios de Tigre convirtieron un museo en un espacio de memoria y resistencia

Se trata del Museo Autónomo de Gestión Indígena, creado hace cinco años, que fue convertido por la comunidad originaria de Punta Querandí en un espacio de resistencia para visibilizar su presencia en el conurbano y mostrar su persistencia para restituir los restos de sus ancestros

Por Diana López Gijsberts- Télam

Con eje en la identidad, la memoria y la lucha, la comunidad originaria de Punta Querandí, en el partido bonaerense de Tigre, convirtió al Museo Autónomo de Gestión Indígena que creó hace cinco años, en un espacio de resistencia para visibilizar su presencia en el conurbano y mostrar su persistencia para restituir los restos de sus ancestros, recuperar tierras que consideran propias junto al arte de la cestería y la artesanía, y también salvaguardar los humedales como parte de una idiosincrasia en armonía con la naturaleza.

El museo se encuentra en un sitio declarado «sagrado» por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y fue erigido en 2017 por la comunidad qom, querandí y kolla que en 2010 instaló en el lugar un campamento permanente para evitar el avance de countries y barrios privados. Se trata de un museo cuyo contenido decidió y decide el pueblo originario de manera comunitaria y que replica en cada visita su historia de resistencia, recuperando el acervo de las culturas indígenas en Buenos Aires.

De construcción sencilla y tipo isleña, levantado sobre pilares de madera, enmarcado por sauces y sinasinas y rodeado de barrios privados, la institución recibe todas las semanas visitas de alumnos y alumnas de escuelas bonaerenses, sabedora de que son las generaciones futuras las encargadas de respetar y proteger la diversidad cultural que representan los pueblos originarios.

Apenas llega el contingente y previo a entrar, se los invita a realizar un círculo y presentarse. «Desde el comienzo de la lucha venían instituciones educativas a conocer Punta Querandí pero el museo potenció ese perfil y ahora tenemos tantas solicitudes que ya no hay lugar para recibir escuelas hasta el próximo ciclo lectivo«, dice a Télam Pablo Badano, del Consejo de Comunicación de Punta Querandí y uno de los guías encargados de explicar a lo que puede verse en las paredes, fotos y vitrinas del edificio.

Hay restos arqueológicos hallados en esa zona desde 2004 -piezas de vasijas, algunas decoradas-, y allí Badano cuenta cómo fue su descubrimiento: «Una vecina, Graciela, encontró las primeras cerámicas y se encargó de contactar a integrantes de pueblos originarios, que consideraron el espacio como un sitio sagrado y comenzaron una larga lucha llena de obstáculos«.

«El Museo incluye la historia de la primera y segunda fundación de Buenos Aires y la resistencia de los aborígenes ante el ejército español», precisa. Historia que continúa con la llegada del tren en 1910, la instalación de la fábrica Formio en la década del 20, el cierre del ferrocarril en los 60 y con un homenaje a Ana María Martínez, desaparecida durante la última dictadura, por el cual la zona es también sitio de memoria.

Badano debe explicar que allí había un cementerio ancestral, cuyos restos humanos fueron sustraídos y por lo que debió luchar hasta lograr, en parte, su restitución: «La comunidad de Punta Querandí fue la que logró la primera restitución de ancestros en el Gran Buenos Aires: se reenterraron los restos humanos de ocho antepasados, uno en este sitio sagrado y otros siete en La Bellaca, a pocos kilómetros -repasa-. El siguiente paso es recuperar otros 42 cuerpos para reenterrarlos en un sector hoy ocupado por Nordelta».

Un centenar de fotos retratan la lucha de la comunidad: las carpas montadas en 2010 contra los avances de las empresas inmobiliarias, los intentos de desalojo, la firma en 2020 del convenio de propiedad con el intendente de Tigre, Julio Zamora.

«En el 2017 el museo denunciaba el abandono del Estado pero hoy muestra varios triunfos que se transformaron en políticas públicas, como la entrega de un local en el Puerto de Frutos de Tigre para que todas las comunidades vendan sus artesanías, o el financiamiento de cursos de idiomas originarios», señala el guía.

Otro eje importante del museo son los humedales y los reclamos que se hicieron reclamando su protección, así como la inundación de noviembre de 2014, a partir de la cual se desencadenaron numerosas movilizaciones en Tigre, Escobar y Pilar, distritos afectados por el relleno masivo de humedales por los barrios privados.

La visita al Museo Autónomo de Gestión Indígena de Punta Querandí se extiende más allá de sus paredes y guiados por el mismo fin de enseñar a los visitantes la cultura de la comunidad, ya afuera otros guías como Reinaldo Roa y Santiago Chara, del Consejo de Ancianos, los llevan a conocer el monumento al Yaguareté y el montículo de piedras o «apacheta» donde realizan las ceremonias de tradición andina.

Luego le muestran a los alumnos el taller recientemente inaugurado para la producción de artesanías con totora, mimbre y carpintería y a través de los senderos del territorio se llega a conocer «la Maloka», una vivienda colectiva tradicional hecha de paja; el Opy, un templo religioso guaraní, y en el final de la visita, la huerta y el vivero.

Todo el recorrido invita a la reflexión de la historia y lucha de los pueblos originarios y a la conexión con la naturaleza, con los olores de la vegetación y los cantos de las aves que en muchos despierta un cambio interior a partir de reconocer su pertenencia a algún pueblo originario: «Muchos de los chicos y chicas que nos visitan con sus escuelas tienen raíces indígenas y después de hacer la recorrida se animan a comentarlo, o lo cuentan después en el aula. Es muy emocionante para nosotros porque es uno de los objetivos de Punta Querandí», dice Chara.

Marcela Luque, docente de segundo y tercer año de la escuela Señor de Mailín del partido de Malvinas Argentinas, coincide en que fue después de la visita que hizo con un curso dentro de un proyecto sobre Derechos Humanos y Pueblos Originarios que los estudiantes «se animaron a contar». Que sus familias conmemoran la ´Corpachada´, una ceremonia de ofrenda a la Madre Tierra, o el ‘Día de los muertos’, y colocan ofrendas en un altar en honor a sus ancestros, por ejemplo.

«Nos han comentado que algún integrante de su familia habla guaraní o quechua. Nos pasó con una canción de Víctor Heredia con la que trabajaron, Encuentro en Cajamarca, en la que identificaban el significado en español de algunas palabras en idioma quechua porque lo hablaba algún abuelo o abuela -cuenta la maestra-. Quedaron muy movilizados con la visita porque no imaginaban que en pleno corazón de la provincia de Buenos Aires existiera un territorio indígena recuperado y protegido como es Punta Querandí».

«La existencia de este sitio es muy valiosa -aporta Luque-. Nuestro objetivo es que esta experiencia genere en las y los jóvenes conciencia y orgullo de nuestra identidad cultural y que se multipliquen muchos más Punta Querandí, lo cual es indispensable para contribuir a lo que muchos autores denominan proceso de descolonización, que en criollo significa abrazar con amor nuestras raíces indígenas».

Reinaldo Roa pertenece a la Nación Guaraní, es uno de los representantes del Consejo de Ancianos de Punta Querandí y destaca que «las visitas educativas son importantes para que los chicos sepan cómo nos han invadido y vean lo que estamos haciendo para defender nuestros derechos y la naturaleza: estamos en el camino de la defensa del planeta».

«Algunos no saben sobre su ascendencia (indígena) porque casi no se habla de estas cosas, se deja pasar como algo que ya no existe más, o tienen miedo de que los marginen. Pero al conocer Punta Querandí agarran coraje, fuerza y ánimo para reencontrarse con quiénes son realmente», celebra Roa.

Jésica Zalazar, del Consejo de Mujeres, considera que «es fundamental que los jóvenes puedan conocer la historia que se nos fue negada» y destaca que «en la comunidad lo hacen en un intercambio que conecta el pasado con el presente».

«Así como en el museo contamos las luchas que dieron nuestros ancestros y pueden ver los tiestos de cerámicas de mil años de antigüedad, tiempo ellos están recorriendo el territorio y vivenciando las prácticas que mantenemos vivas, el respeto por la naturaleza y las lucha que estamos dando hoy», detalla.

Para Zalazar, que los visitantes «puedan encontrarse con sus raíces o sentir latir propia la historia del territorio es parte de mantener encendida la memoria y eso representa una gran victoria que se fortalece con cada uno de estos intercambios».

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