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Microtaller: el refugio donde se recupera la memoria y la identidad guardadas en papel

Gloria Sánchez Almeyra lidera en Rosario un espacio dedicado a la restauración y conservación preventiva de libros, documentos y fotografías. Entre el papel Japón y la mística del Pasaje Pan, su trabajo busca que el patrimonio sobreviva al paso del tiempo

Más que una profesión, lo de Gloria Sánchez Almeyra es un oficio de paciencia y una vocación de custodia. Su búnker creativo se encuentra en el Pasaje Pan, esa emblemática galería rosarina que conecta las calles Córdoba y Santa Fe al 900. En ese rincón de arquitectura histórica y mitos urbanos, funciona Microtaller, un espacio donde el patrimonio documental recibe una segunda oportunidad.

Conservar  y curar

Aunque Gloria restaura libros y documentos, su enfoque principal ha virado hacia la conservación preventiva. «Hay un poema de Borges que dice que los objetos nos sobrevivirán. Mi trabajo trata sobre ese testimonio, sobre la memoria y la identidad», explicó.

Gloria Sánchez Almeyra en Microtaller. Foto: Juan José García

La filosofía de trabajo en restauración es el de la menor intervención posible. Para Gloria, una restauración no debe esconderse; de lo contrario, rozaría la falsificación. El objetivo es estabilizar el objeto respetando su originalidad.

Centrarse en el papel

Gloria estudió museología en 2012. “Siempre me interesó la parte de papel y traté de formarme desde ese lugar, de la materialidad papel, porque en museología en la carrera  se estudian vidrio, papel, metales, madera. Me especialicé en la parte documental y me formé en el MAP (Museo de Arte Popular) de José Hernández de CABA”, repasó.

“Ahí realicé dos formaciones con Liliana Gómez (la actual presidenta de la Asociación Nacional de Encuadernación de Argentina) y después con Anabela Fontana en el Instituto de Restauración”.

En Rosario tiene a su mentora, Susana Medén, una reconocida conservadora y restauradora argentina especializada en bienes en soporte papel, con trayectoria nacional e internacional.

Gloria contó que se formó en la restauración de libros y luego en la conservación preventiva. Es que mundialmente también se produjo esa evolución: la conservación se empezó a estudiar y priorizar años después.

“En la conservación preventiva en material papel o en fondos documentales o en patrimonio documental, como le decimos, se contempla la temperatura, la humedad, que estén en condiciones aptas, que no fluctúen tanto las condiciones climáticas», explicó.

El riesgo químico y el orgánico

Gloria profundiza: «Hay dos riesgos, el químico y el mecánico. El químico porque se trata de un material orgánico. El mecánico, que es el humano, refiere a cómo lo guardamos, cómo lo manejamos, lo mostramos”.

Para la conservación preventiva, Gloria se fue a capacitar a Chile. “Estudié sobre biodeterioro”, resaltó.

Para la conservación preventiva, aclara, hay que tener en cuenta qué PH (medida de acidez o alcalinidad) tiene el papel, si lo afectó alguna plaga, hongo o proliferación de otros organismos.

En restauración de papel, el pH es crucial: se busca un pH neutro o ligeramente alcalino (entre 7 y 9) para la conservación, usando materiales «libres de ácido» y añadiendo una «reserva alcalina» (como carbonato de calcio) para neutralizar la acidez natural del papel y ralentizar su degradación; se mide con lápices o tiras de pH que cambian de color para indicar si el papel es apto (línea morada, pH > 6.8) o no (línea amarilla, pH < 6.8) para la conservación. 

“Después, está el criterio de cómo guardar los materiales», sigue. Y sobre eso profundiza: «Lo que atraviesa a todo soporte papel es el tema de la luz».

Para prevenir el desgaste, rotura u hongos y guardarlos con una buena conservación existen las cajas antiácidas y las bolsas de polipropileno.

Si los libros están en una biblioteca, Gloria indicó que hay que separarlos de la pared, nombrando así algún tip para prevenir el desgaste que en cierta forma es natural el soportes orgánicos como el papel.

El arte de la paciencia en el Local 25

El espacio de que tiene Gloria es muy personal. Lo abrió tras la muerte de su mamá y por eso tiene una carga muy fuerte no sólo por el trabajo y las historias que encierran cada documento, cada libro. También, por el espacio físico de trabajo.

 

Microtaller está en el primer piso del Pasaje Pan, en el local 25. Es como un cuarto pequeño, muy armonioso y ornamentado de forma acogedora. No solo invita a apreciar el trabajo: también a observar en detalle cada elemento.

 

Foto: Juan José García

El nombre lo vio en Chile y le gustó. Así lo trajo a Rosario.

Documentos, libretas, libros, fotos…

A Microtaller llegan pasaportes antiguos, libretas, documentos y hasta fotografías. Mientras Gloria habla se puede ver un documento de 1930. También cuenta que le han llevado diarios y revistas.

 

“El otro día me trajeron un libro incunable, no por los años, sino porque ya no existe, vos lo buscás y nadie lo vende un libro de 1941-1942 de Perón y estaba en mal estado”, recordó.

 

 

Hace un tiempo estuvo a cargo de la restauración de la “Casa Imaginada de la Biblioteca Argentina”. Se trató de la restauración de más de 100 libros infantiles que según Almeyra  “no son tan fáciles de restaurar porque se  volverán a romper por la manipulación que tienen a diario y el cuidado a manos de los más pequeños”.

También realiza consultorías y dicta clases para el mantenimiento de bibliotecas. Su misión es simple pero ambiciosa: educar para que el papel, ese soporte tan frágil como noble, pueda seguir contando historias mucho después del paso del hombre en la tierra.

La ciencia es fundamental

La restauración de los documentos se realiza con diversos materiales. Uno de ellos es el papel Japón. “El papel Japón es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco”, destacó Gloria. Se trata de un papel que no se oxida, duradero, es inerte.

“Se adhiere al documento con metilcelulosa y tiene la facilidad de acomodarse a las fibras que están abajo”, señaló.

El proceso de restauración de libros implica un diagnóstico inicial, limpieza, tratamiento biológico (desinfección), reparación de páginas (injertos con papel japonés, arreglo de rasgaduras), realineación de cuadernillos y, finalmente, la restauración de la encuadernación, usando materiales neutros y reversibles como metilcelulosa, papel japonés, y colas naturales para preservar la integridad histórica y estética del libro, buscando prolongar su vida útil.

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