Frente al imaginario generado por los medios de ser una actividad que conlleva muchas ganancias y poco tiempo, un reciente estudio de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina y el Conicet revela las características del trabajo sexual virtual en Argentina.
La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) realizó, en conjunto con el Conicet, una investigación sobre las condiciones de las personas que prestan servicios a través de plataformas como OnlyFans. La organización advertía el incremento, pronunciado desde la pandemia (y el confinamiento) pero más aún con la actual crisis económica, de la oferta de servicios y contenidos sexuales en las plataformas digitales. Por ello resolvieron indagar en la situación por la que atraviesa el sector.
El imaginario construido por los medios de comunicación presenta a la venta de contenidos sexuales en plataformas como una salida de dinero rápida y que no demanda demasiado esfuerzo. Desde el gremio, en cambio, señalan con preocupación que tales notas “no dan cuenta de la precariedad de la labor, de la falta de derechos o de la violencia digital a la que se exponen”. Y que, en cambio, reproducen un mismo estereotipo: mujer blanca, educada y con un cuerpo “bello” desde el punto de vista hegemónico.
En ese marco, AMMAR se alió con el Conicet para intentar indagar sobre esa situación. El resultado fue el sondeo titulado “Elaboración de informe diagnóstico participativo sobre trabajos erótico sexuales en plataformas digitales”. Sus coordinadoras fueron las científicas Deborah Daich y Estefania Martynowsky.
El sindicato advirtió que muchas mujeres se acercaron a la organización buscando asesoramiento frente a distintos problemas que han experimentado por realizar trabajo sexual virtual. Por ejemplo, situaciones de discriminación y sanciones laborales; dificultades para inscribirse como monotributistas; problemas contables y acoso, entre los más relevantes.
OnlyFans fue creada en Inglaterra en el 2016, con el objetivo de vincular a creadores y creadoras de contenido con clientes (llamados/as fans). Funciona a través de suscripciones pagas y “propinas”, que permiten a las y los fans acceder a distintos tipos de contenidos. Las y los creadores obtienen el 80% del pago y la plataforma retiene el 20%. Esta plataforma es popular entre quienes producen contenido de tipo erótico y sexual. Pero también alberga otro tipo de contenidos vinculados al fitness y la cocina, entre otros.
Sin embargo, no es la única. Se relevaron 23 plataformas digitales para la producción y comercialización de contenido. OnlyFans (162), Fansly (78) y ManyVids (36) son las más utilizadas. Además, hay 20 sitios web de modelaje webcam, cinco aplicaciones de mensajería instantánea y comunicación en línea. Hay cuatro portales de videos pornográficos, dos redes sociales (siendo X la más popular). Se usa también el foro Reddit (91); plataformas como Cafectio; plataformas de citas y de avisos publicitarios.
El trabajo erótico virtual una actividad que, lejos de las representaciones que la caracterizan como fácil, requiere adquirir múltiples y heterogéneas habilidades vinculadas al uso de las plataformas, el manejo del inglés, el marketing, las ventas digitales y la producción de imágenes, entre las más relevantes.
Myriam Auyeros es referente de AMMAR Rosario. Actualmente tiene 63 años y ya no trabaja en el rubro, en el que estuvo más de 20 años, desempeñándose en la calle. Me organicé gracias a Sandra Cabrera, nuestra bandera de Rosario. Nos organizamos para aprender nuestros derechos, para sacarnos a la policía de encima porque cuando trabajábamos en la calle nos llevaban presas”. Y agrega: “Para mí fue mi trabajo y lo que elegí, lo que decidí”.
Con el correr del tiempo, “las chicas empezaron a trabajar en plataformas virtuales”, afirma. Pero no se consideraban trabajadoras, sino que realizan venta de contenido. “En realidad hacen lo mismo que nosotras, nada más que trabajan con una cámara o con fotos”.
“Pero después, con el tiempo, empezaron a sufrir acoso y retención de su plata, que no la podían retirar del banco, porque venían en dólares y porque nuestro trabajo no está reconocido como trabajo. También situaciones de acoso sexual. Por eso se están organizando en AMMAR, porque también están pasando cosas como nosotras”, agrega.
Sostiene que hay una diferencia y es que las jóvenes que están en plataformas tienen un “buen pasar económico” y que “son universitarias”. Compara: “No es como nosotras que trabajábamos para llenar la olla y para comprarle zapatillas a los pibes. Pero bueno, fue su elección ejercer el trabajo sexual”.
Otro aspecto que señala es que, en los comienzos de AMMAR hace casi 30 años, las integrantes eran principalmente mujeres. “Hoy hay todo un abanico de diversidad dentro del trabajo sexual”, comenta.
“En realidad, si nos ponemos a hablar, pasamos las mismas cosas, tanto la universitaria como la mujer de la calle. Y es no tener derecho a lo que una eligió como trabajo. Las necesidades por ahí son distintas, pero está bien que se organicen porque ya están viendo que no ser reconocida te dificulta ejercer el trabajo sexual”, agrega.
Si bien Auyeros ya no ejerce, sigue vinculada a las compañeras que sí lo hacen. “Hay mujeres de 60 o 70 que siguen ejerciendo porque no tienen acceso a la jubilación. No se pudieron comprar su casita, están alquilando, son mujeres grandes que tienen problemas en las piernas o en el corazón”, relata. También denuncia que muchas de ellas están en situación de calle y que, cada vez más, se nota el problema de las adicciones, sobre todo en las jóvenes.
En ese marco, colabora entregando mercadería y preservativos. “El Estado no hace nada, nosotras nos tenemos que ayudar entre nosotras. No queremos limosnas, queremos los derechos que tiene cualquier trabajador, como el derecho a la salud, a la educación, a tener un monotributo para alquilar una casa”, reclama.
Para el estudio se recibieron 252 respuestas a una encuesta. Según el estudio, el trabajo sexual virtual es desempeñado principalmente por mujeres (82,9% de las personas encuestadas, 209). El 9,1% se autodefine como no binarie (23), el 8% como varones trans (7); mujeres trans (2); travesti (1) y varones (10). El rango etario varía entre los 19 y 50 años, siendo la edad promedio 31 años. La mayoría no tiene hijxs (76%), ni otras personas a cargo (65%). En este sentido, hay una diferencia con las trabajadoras sexuales presenciales que, también marca el informe, suelen ser jefas de hogares.
En relación a la situación conyugal, 138 tienen pareja y 114 no. Un 96,8% (244) de las personas encuestadas son argentinas. El 73,5% reside en la provincia de Buenos Aires (107) y en la ciudad de Buenos Aires (78). El 26,5% restante se distribuye en otras provincias: Córdoba, Santa Fe, San Luis, Río Negro, Neuquén y Mendoza.
En general, detentan un nivel educativo medio y alto. La mayoría presenta estudios terciarios y universitarios (110 incompletos y 63 completos). Sólo el 7,1% no finalizó la escuela secundaria y una persona afirma no tener instrucción alguna. El 43% estudia; de ese total el 69,9% cursa carreras terciarias, de grado o de posgrado.
Sólo el 12% de las personas encuestadas es dueña de su hogar. La mayoría son inquilinxs (62,7%) y el 22,2% habita una vivienda sin ser dueña ni pagar alquiler.
El 93% tuvo otros trabajos antes de comenzar a producir y vender contenido erótico-sexual; el 66,8% en el sector informal (no registrado) y el 45,8% en el formal (registrado). Esos trabajos se concentraron en el sector de empleo de comercio (51%), emprendimientos personales (35,5%), gastronomía (34%) y trabajo autónomo profesional (18%). Una proporción menor trabajó en servicios personales, educación y trabajos de cuidados (en cada rubro 12,4%); en casas particulares (10,7%), en el área de salud (8,5%) y en la industria manufacturera (2,9%).
Solo 4 personas afirmaron haber realizado trabajo sexual presencial (1,7%). “Aunque cuando preguntamos explícitamente si habían realizado trabajo sexual presencial con anterioridad, este número asciende a 81 personas. Esta diferencia puede tener que ver con la falta de reconocimiento y el estigma social que dificultan caracterizar el trabajo sexual como un trabajo”, indica el relevamiento.
El 53,6% de lxs encuestadxs combina el trabajo de creación y venta de contenido erótico-sexual, con otros trabajos, de los cuales el 66% son informales (no registrados) y el 38 % formales (registrados). Estos se concentran en emprendimientos personales (38,5%); autónomxs profesionales (21%); empleo de comercio y gastronomía (cada uno 14%); educación y salud (cada uno 12,6%); empleo estatal (7,4%); trabajo en casas particulares (6%) y trabajos de cuidados (3%). Ocho mujeres realizan trabajo sexual presencial (6%).
El 62% de quienes tienen otros trabajos, afirman que la creación y venta de contenido es su trabajo principal.
El 78% de las personas encuestadas participa de este mercado desde hace cinco años o un poco menos. El informe indica que es notorio el aumento de este tipo de actividades a partir de la pandemia.
La mayoría de las personas encuestadas refirieron optar por este trabajo principalmente por una cuestión económica: necesidad económica (72,4%) y rendimiento económico (58,8%). Un número importante señaló su accesibilidad (70,4%) y el gusto por trabajar con su cuerpo y su imagen (56%). Buena parte señaló la posibilidad de combinarlo con otros trabajos (51,2%); con tareas de cuidados (41,6%); con estudios (39,2%) y con trabajo sexual presencial (19,2%). Finalmente, un porcentaje no menor (16%) consignó su mayor accesibilidad frente a otros trabajos para quienes tienen problemas o determinadas condiciones de salud.
Cerca de la mitad de las personas encuestadas se consideran trabajador/a sexual (47,6%); el 37,5% creador/a de contenido; el 15,5% modelo webcam y el 5% modelo. Dos personas se perciben como actrices porno; una como artista; dos como novias virtuales; una como influencer y una como puta virtual.
Al contrario de las narrativas que construyen las redes sociales y los medios masivos de comunicación, se necesita dedicar mucho tiempo para que la actividad brinde los beneficios económicos esperados. Gran parte de las personas encuestadas y entrevistadas, aun invirtiendo muchas horas, ganan menos de 500 dólares por mes.
Así se refería una entrevistada anónima citada en el relevamiento: “Procuro tomarme un mate antes de ponerme a trabajar, pero si ya prendí el celular, ya empecé a trabajar. A veces estoy todo el día trabajando. Siempre tengo cosas: hacer contenido, promocionar, responder mensajes, postear, compartir publicación de otra compañera, aparecer en vivo para que sepan que soy una persona y no una agencia. O hacer publicidad en Snapchat, o responder mensajes por privado, siempre tengo un mensaje atrasado. Te tenés que poner vos un límite. Puede pasar que son las 7 de la tarde y yo estuve todo el día trabajando, pero recién ahora estoy por concretar una venta”.
Otro testimonio: “Organizar tu tiempo, es lo primero que tenés que aprender. Es un trabajo como cualquier otro, y hacerlo de forma independiente requiere que le dediques no 8 horas, sino 10, 12, para ver diferencia”
Otra persona aporta: “Quien no lo ejerce no sabe realmente el trabajo que conlleva, se piensan que es subir una fotito o mostrar un poco el culo, que te paguen y ya. La mayoría del tiempo si lo haces todo vos sola es generar mucho contenido, promocionarte, chatear con los fans, quedarte despierta hasta muy tarde porque enganchaste uno que paga muy bien, hablar un idioma que no es tu nativo.”
Y también: “Son muchas horas de estar haciendo muchas cosas, poniéndole la marca de agua a todo el contenido, estar editando, subiendo, pensando qué pie de foto poner, ser creativa, reinventarme, no poner lo mismo en todos mis posteos, de ser original, de estar publicando cosas diferentes, decir cosas diferentes, estar acordándome de todas las redes que tengo para que no quede ninguna sin cubrir, estar activándolas para que el algoritmo no las mate. Es un montón”
Un 60.7% de las personas encuestadas refirieron trabajar hasta cuatro horas por día. Un 23%, hasta ocho horas. Un 16.3% trabaja más de ocho horas diarias. En relación a los ingresos, un 20.6% refirió ganar alrededor de 500 dólares mensuales; un 17.9% hasta 1.000; un 9.5% hasta 1.500; un 9.1% hasta 2000; el 4.8% hasta 2.500; un 4% más de 3.000 y un 2.8% hasta 3.000. El 0.8% manifestó ganar más de 5.000, y un 1.2% más de 7000 (3 personas). Entre quienes menores ingresos obtienen, un 16.3% refiere entre 0 y 100 dólares mensuales.
Más de la mitad lo caracteriza como un trabajo flexible (85,3%); emocionalmente exigente (61,5%) y demandante (58,3%); redituable (60,3%) y divertido (55,6%). Un porcentaje relevante señala que se trata de un trabajo impredecible (48,8%); complicado (37,7%) y repetitivo (35,3%); también objetificador (17,5%); mal pago (15,9%); peligroso (13,5%) y monótono (19,7%). Mientras que, en términos positivos, señalan que es empoderante (40,9%); estimulante (39,7%); sociable (31,3%), enriquecedor (28,2%) y valioso (23,4%).
Estos problemas también se reflejaron en la encuesta, donde se registraron situaciones vinculadas a la violencia digital, como el envío de imágenes sexuales o sin consentimiento (65,5%). También se relevaron: insultos (43,7%), acoso (35,7%) filtración de contenido (36,1%). En menor medida estafas (28%), robo de contenido (26,1%), chantaje (14,3%) y amenaza (12,7%).
Otros problemas frecuentes se refirieron a cuestiones de índole emocional como burnout (61%), ansiedad (56%), depresión (27,8%). Por último, aparecen problemas relacionados con el funcionamiento de las plataformas digitales, como el reembolso de dinero luego de brindar un servicio (45,6%), la suspensión de sus cuentas (36%) y la imposibilidad de retirar su dinero (20,2%).
A ello se suma el hecho de que nunca se sabe cuánto dinero ganarán ese mes por lo que la inseguridad es constante: “vivo con la incertidumbre de qué va a pasar mañana”. Otros problemas, como no contar con una computadora o un buen teléfono celular se vuelven una preocupación y fuente de ansiedad, también la imposibilidad de contar con un espacio donde realizar la actividad:
Las trabajadoras sexuales refieran temor frente a la posibilidad de que sus actividades sean codificadas en términos de trata de personas, facilitacion y promoción de la prostitución.
El 88,1% de las personas encuestadas considera que el sector debería tener representación, ya sea a través de un sindicato o de otro tipo de organización colectiva. Entre las razones que sustentan dicha afirmación, se destaca la necesidad de luchar para la consecución de derechos laborales: “para hacer valer derechos como un pago acorde”, “porque no tenemos derechos, estamos desprotegidos”. Se señala también la importancia de tener un “lugar de pertenencia”, de contar con redes de apoyo y acompañamiento, y de circulación de la información.
En muchos casos constituye un plus para complementar ingresos provenientes de otros trabajos o un “trampolín” para alcanzar metas personales. En otros, indicaron que es un trabajo que les gusta y del cual disfrutan.
La indagación se planteó como una coinvestigación. Las trabajadoras sexuales de AMMAR participaron activamente, no sólo para brindar sus testimonios sino también para proponer objetivos de conocimiento, compartir ideas e hipótesis, discutir resultados y convocar a más compañeras al proyecto.
Inicialmente, se entrevistó a nueve mujeres y un varón trans, que tienen entre 35 y 26 años, y comenzaron la actividad justo antes, o a partir, de la pandemia de Covid 19. Cuatro de las personas entrevistadas tienen formación terciaria o universitaria. Solo dos tienen hijxs. Viven en la ciudad de Buenos Aires, en el Gran Buenos Aires, en Rosario, Córdoba y Santiago del Estero.
El análisis de las entrevistas permitió identificar una serie de núcleos problemáticos. A partir de ellos se construyó una encuesta. Esta fue confeccionada y puesta a prueba, además, con las integrantes de AMMAR, que colaboraron en probar el instrumento y señalar sus falencias y aciertos. Una vez ajustada, la encuesta fue distribuida por la organización, y publicada en las redes sociales, para ser autoadministrada de manera online.
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