Rosario, martes 09 de junio de 2026
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Rosario, martes 09 de junio de 2026

“No me considero un artista, me considero un hacedor, un comunicador”: Ramiro Sorrequieta pasó por “Condenados al éxito”  

El destacado docente, diseñador y realizador de vestuario rosarino, de proyección nacional, que trabaja tanto en las escénicas locales como también en cine y televisión, hizo un repaso por su vasta carrera de casi tres décadas y ofreció una auténtica clase magistral   
“No me considero un artista, me considero un hacedor, un comunicador”: Ramiro Sorrequieta pasó por “Condenados al éxito”  

Miguel Passarini

Ramiro Sorrequieta (Rosario, 1979) es, entre muchas otras cosas, docente de la Escuela Provincial de Teatro Ambrosio Morante donde forma parte del Departamento de Producción Experimental en el área vestuario. Trabaja como diseñador y asesor de vestuario hace casi tres décadas y es un referente indiscutido de la plástica escénica del teatro rosarino.

A lo largo de sus años de formación artística y tras su paso por la Escuela de Teatro, se capacitó en sus comienzos en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, en la UBA y con maestros locales.

En el ámbito docente, dicta cursos de vestuario teatral, plástica escénica, maquillaje y caracterización teatral. En 2007 abrió su propio Estudio de Maquillaje y en estos años se desempeñó como vestuarista y caracterizador en más de cien puestas de teatro y ópera tanto en el ámbito independiente, como en el oficial y el comercial, además de sus trabajos para cine y televisión.

La patria de la infancia

“Si hago como una especie de flashback desde mi infancia hasta el presente, donde había mucho consumo del teatro y del arte escénico y del cine, pero más que nada del teatro, siempre había en esos tiempos algo que me interesaba, que tenía que ver con la construcción visual, con la construcción plástica y sobre todo con el detrás de escena. Siempre recuerdo cuando era chico que me gustaba sentarme a un costado y ver lo que pasaba en el escenario; trataba como de correrme hacia un costado para ver qué era lo que pasaba entre patas, ver el detrás de escena, el artificio. En realidad, en ese momento no imaginaba que con el paso de los años me iba a dedicar a esto”, dijo Sorrequieta al comienzo de la charla.

“No me considero un artista, me considero un hacedor, un comunicador”: Ramiro Sorrequieta pasó por “Condenados al éxito”  

Y respecto de su paso por la formación artística, destacó: “Arranqué, tras la Escuela de Teatro en Rosario, por la Universidad de Buenos Aires (UBA) donde me encuentro con una gran referente que fue mi primera maestra de caracterización, Marisa del Lago, donde empiezo a encontrar como un universo absoluto y mágico desde un lugar vinculado con lo técnico. Y al año siguiente entré al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, donde tuve también una formación formal y académica. Pero no podría negar toda la formación previa en Rosario, ya sea directa o indirectamente. Hay un universo que tiene que ver con el momento de la praxis. Alguien que me marcó en ese sentido es Chiqui González, también Dante Taparelli, dos grandes artistas a los que, indirectamente, también considero mis maestros. No fui alumno de ninguno de los dos, pero esta cosa de poder trabajar con ellos y empezar a aprender a partir de la mirada, es una manera de aprendizaje donde las influencias son ideológicas, estéticas, visuales; ellos me resultan familiares, muy cercanos”.

¿Qué es el éxito?

En el contexto de un recorrido donde habló también de las diferencias en relación con esos universos de la plástica que habita por fuera de lo escénico, como son el cine, la televisión o la publicidad, finalmente expresó lo que significa el éxito en su vida: “Para mí el éxito es el placer. Y hablo del placer en todo sentido. En este caso estamos hablando de mi trabajo, y si lo relaciono con eso, a mí el trabajo me da mucho placer: cuando hay algo que me resulta muy placentero, me resulta exitoso. Y cuando hay algo que no me resulta tan placentero, quizás tiene que ver más con una idea de frustración. Tengo la suerte de poder elegir a qué dedicarme, qué hacer con mi trabajo, y que eso funcione y que suceda la magia, y poder vivir de eso. Todo eso junto ya de por sí es un éxito, sin lugar a dudas”.