Rosario, martes 16 de junio de 2026
Search
Rosario, martes 16 de junio de 2026

No vieron nada y vieron todo

En una de las sillas, una joven ceba mates a sus compañeros mientras toma nota detallada sobre el encuentro. Su idea es dejar un registro de ese momento lleno de aprendizajes, con la esperanza de que alguien lo lea
No vieron nada y vieron todo

Por María Victoria Blanco

El taller de Crónica del Festival de Cine Latinoamericano de Rosario es en el Lumière, pero no en la sala principal. Para llegar al encuentro hay que desviarse por un pasillo oscuro, donde la única guía es una leve luz azul. Cruzar ese túnel oscuro se siente como un rito de iniciación, un limbo silencioso antes de llegar al verdadero destino. En las paredes, el tenue resplandor ilumina palabras sueltas: “Luz”, escrita en varios idiomas. Irónicamente, lo que escasea es la luminosidad. Al fondo, un destello más cálido y el eco de una voz rompen la penumbra.

Al salir del túnel, el espacio se abre y el inconfundible, denso y reconfortante aroma a café recién hecho inunda las fosas nasales de los concurrentes, flotando en el aire como una invitación a quedarse a merendar.

El salón, angosto pero largo, dispone de sillas al estilo del teatro italiano y, en ellas, un grupo de personas mantiene un silencio atento. Todos los ojos están puestos en el hombre que lidera el encuentro: Ulises Rodríguez, un tipo alto, de rulos, que lleva puesta una icónica remera de Esperando la carroza, en sintonía con el motivo del encuentro: un taller de Cine y Crónica.

Los ruidos del festival se entremezclan en el ambiente. En la sala principal prueban el sonido para la competencia de cortometrajes, lo que impide que los participantes escuchen las lecturas de sus compañeros. Así, una decisión unánime propone poner las sillas en semicírculo.

Ha llegado el momento.

Uno a uno, los integrantes del grupo empiezan a leer sus escritos. Las hojas tiemblan un poco en las manos de algunos; otros expresan su incomodidad al leer sus producciones en público. Algunas voces suenan más firmes, pero todas comparten esa vibración única de quien comparte una vivencia propia ante los demás.

Luego de cada lectura llega el momento más temido: la devolución.

—Hay que ponerle el cuerpo a la escritura -dice el profesor-. Tienen que ponerle voces a los personajes. No miren la escena desde afuera; intégrense en la crónica. Que el lector escuche el tono de quien habla, los aromas y las texturas.

Las horas pasan. El olor a café se disipa y es sustituido por el agradable perfume de ambientes.

Llega la última etapa del encuentro.

Ulises proyecta un fragmento de un minuto del documental sobre Lalo Schifrin e invita a reflexionar con una frase corta, pero profunda:

—No vieron nada y vieron todo.

En una de las sillas, una joven ceba mates a sus compañeros mientras toma nota detallada sobre el encuentro. Su idea es dejar un registro de ese momento lleno de aprendizajes, con la esperanza de que alguien lo lea.

***

*Este texto forma parte de los trabajos del “Taller de Cine y Crónica: Contar un Festival”, dictado por el periodista Ulises Rodríguez en el marco del 31º Festival de Cine Latinoamericano de Rosario. Esta crónica resultó la más votada entre quienes asistieron al taller para ser publicada en EscribiendoCine.