Espectáculos

“Perfume Patria”: derrotero de una familia que fracasó mientras mira a la distancia la pieza fundacional de Florencio Sánchez

Francisco Tico Fissolo ofrece una especie de relectura estallada de “En Familia”, que se presenta en Magma, con un elenco notable, que integran Adrián Terrazzino, Ana Salinas, Macu Mascía, Nicolás Marinsalta, Lucrecia Mubilla, Luz Battagliotti y Pedro de Moya

Miguel Passarini

La familia, en su concepto judeocristiano, en su afán de divinidad por fuera de lo humano, fracasó. Aquél bosquejo que empezaba a tejer la trama de una supuesta sociedad bien pensante, heteronormada y contenedora, ya no existe como tal, no funciona más (si es que funcionó alguna vez). Por lo tanto, también resulta arcáico, como lo hizo el teatro de comienzos de este siglo, hablar de la disfuncionalidad familiar, intentar revisarla y cuestionarla, más allá de la parodia.

Como si aquellos personajes de En Familia del uruguayo Florencio Sánchez hubiesen vuelto a nacer más o menos en esta época, un siglo después de su primera aparición, el dramaturgo, director y maestro del teatro local Francisco Tico Fissolo los toma para estallarlos contra las paredes de una casa familiar, en los años 70 del siglo XX, marcada por la especulación y la frustración mientras el “pater familia” se acerca a su último suspiro, o quizás ya murió y en la vorágine y especulación en la que viven todos, no se dieron cuenta de su deceso.

Tomando con inteligencia y desparpajo los elementos de aquella comedia dramática de sesgo rioplatense vista hoy desde la óptica de una sociedad rota (huelgan los ejemplos), y apelando al disparate que propone un texto previo escrito por Fissolo y Juan Rodríguez, intencionalmente fractalizado, con una serie de condimentos que lo enriquecen al mismo tiempo que lo enrarecen en una superposición de planos y situaciones, el director, al frente de un elenco de actores notables, estrenó Perfume Patria: un pastiche, una parodia y también, por qué no, lo que quedó detrás de las puertas de aquel hogar de una familia de clase media-alta en picada y venida a menos, que retrató el dramaturgo uruguayo, donde la decadencia moral y económica ya eran un signo potente, más allá de que esta historia transcurre en un pequeño pueblo y no en Buenos Aires.

El director define su nuevo trabajo como “una comedia dramática, criolla y disparatada”, donde se revelan sus años de formación a la par de un maestro como Ricardo Bartis, que siempre implica además el tránsito de un cierto clima arltiano en sus obras, aquí con un eco a la estupenda El Jockey, película dirigida por Luis Ortega.

La propuesta suma como interés una cercanía y en principio una complicidad con el reducido público de alrededor de veinte espectadores que accede a cada función, donde, por encima de todo, se vale del talento y la entrega de los actores y actrices Adrián Terrazzino, Ana Salinas, Macu Mascía, Nicolás Marinsalta, Lucrecia Mubilla, Luz Battagliotti y Pedro de Moya.

La historia transcurre en Theobald, partido de Santa Fe, a comienzo de los años 70. El padre ha muerto, o eso parece. Parte de la familia, enceguecida por la ambición, intenta sacar un rédito obsceno de esa desgracia. Una bruta melancolía de tiempos de abundancia, apuestas y despilfarro del pasado los invade. Estafas, mentiras, deslealtad e infidelidades (la argentinidad al palo) se entrecruzan en este sinuoso y empedrado camino hasta que cae la noche en la vieja casona e Irene, la última heredera del desastre (¿la última esperanza?), ensaya para el último acto escolar vestida con los colores de la Bandera y envuelta en ella. Y en sus palabras, evoca la épica de un discurso patriótico de resistencia que va de las luchas armadas hasta el gol de Maradona a los ingleses, expresando el verdadero sentido de una libertad que hoy está trastocada y vaciada de sentido.

El dinero, que todo lo puede, ha movido los hilos de esta familia como los de tantas (en ella, habitan los despojos de un país con un pasado de gloria) que tiene una empresa de taxis aunque se trate sólo de una excusa, con un padre que es apenas un viejo retrato en la pared, dos hijas muy singulares y los no menos singulares maridos de ambas. También están el Uruguayo, medio poeta y medio chofer y otro guiño a Florencio Sánchez, y Leticia que es la secretaria, que de algún modo, juntos, representan el deseo que late en el interior de una familia que festeja la violencia, la practica a diario, juega con una idea de muerte que late de forma permanente, acaso evocando lo que pasaba por fuera de esa casa como en todo el país, por aquellos años, donde para el poder de turno la vida de los demás había perdido sentido.

Si algo caracteriza al teatro de Fissolo es, por un lado, el trabajo minucioso y empírico que desarrolla con cada grupo de actores con los que encara un taller que, como aquí, vienen de formaciones muy diferentes y cada uno aporta lo suyo. Sin embargo, logra lo que parece imposible en un principio: que todos aborden un mismo registro de actuación que es funcional al relato y de una gran complejidad en sus modos o formas.

Pero a diferencia de experiencias anteriores de su cosecha como El Biribiri (al que este material pareciera evocar) o el muy exitoso y premiado Fe Ciega, donde la actuación estaba por delante del relato, aquí encuentra un equilibrio: actuación y relato se sacan chispas sin competir, al momento de desnudar intimidades de esta familia donde, además, expone una fuerte carga política que más allá de la idea de fracaso, fantasea con una derecha que, como esa familia a pique donde “la caja no da, no cierran los números”, también terminé hundiéndose o partiendo igual que el “helicóptero que sale volando de la calesita”, y que Irene describe en tono declamado.

De todos modos, entre lo mejor de esta propuesta, en su esencia caótica o dentro de la misma atmósfera de desintegración que plantea, aparece un humor incómodo, riesgoso, disruptivo, incorrecto políticamente y al mismo tiempo muy saludable, jugado al límite por todos los personajes que en cada caso se valen de su peso específico y de una prehistoria que van dejando entrever con el transcurrir de la obra, donde la muerte y la mugre no se quieren ver, donde la decrepitud no se quiere enfrentar, de cara a un futuro sin oportunidades en ese “pueblito de morondanga” en el que intentan sobrevivir, que se revela como una gran metáfora de un presente donde, al menos por el momento, la salida no aparece a la vista. Volviendo a Roberto Arlt, como dice Erdosain (y se escucha por ahí) En los siete locos, “perder un sueño es como perder una fortuna”, aunque seguramente perder los sueños pueda ser mucho peor y el perfume de la patria huela cada vez más a podrido.

Para agendar

Perfume Patria, de Francisco Tico Fissolo al frente de un gran equipo, se presenta los viernes de abril y mayo, a partir de las 21, en Madma Espacio (Balcarce 837). Entradas limitadas. Reservas al +549-341-6858807. IG: @perfumepatria

Entradas recientes

Detuvieron a un prófugo por el crimen del bebé Gian en Rosario

La Policía de Investigaciones arrestó al primo de uno de los acusados por el homicidio…

abril 24, 2026

Para meterse en el Mundial: la Selección Argentina sub 17, con dos futbolistas locales, pone primera

El primer partido se disputará este viernes a las 20 ante Paraguay en el marco…

abril 24, 2026

Franco Colapinto palpitó su exhibición en Buenos Aires: «Es un sueño que tenía desde muy chiquito»

El piloto argentino brindó una conferencia de prensa a dos días de su histórica presentación…

abril 24, 2026

Seisas impulsa en el Concejo la ley contra cuidacoches y abre debate en Rosario

Invitado por la mesa de trabajo sobre cuidacoches en el Concejo Municipal, el senador Ciro…

abril 24, 2026

Caso Jeremías: dictan el sobreseimiento de uno de los acusados por ser «no punible»

Se trata de uno de los adolescentes implicados en el crimen, quien al momento del…

abril 24, 2026

Sobra talento para soñar: Rosario U17 lleva su ilusión al Provincial de Venado Tuerto

Rosario integrará la zona A con Rafaela y Noroeste. El domingo serán las semifinales

abril 24, 2026