Espectáculos

Profunda tristeza: a los 98 años, murió Griselda Gambaro, una de las dramaturgas fundacionales del teatro argentino

Notable escritora y referente de la renovación de los 60, que dejó de lado el realismo para explorar otras poéticas, su obra atravesó más de seis décadas y estuvo marcada por la experimentación, la crítica social, la política y la violencia del poder

El teatro argentino está de luto porque este martes por la tarde se conoció la triste noticia de la partida de la escritora y dramaturga Griselda Gambaro, quien falleció a los 98 años. Considerada una de las figuras fundamentales del teatro argentino contemporáneo, de su gran renovación, desarrolló una extensa carrera que comenzó en la década de 1960 y dejó obras icónicas y llenas de metáforas acerca de la argentinidad como El Desatino, El Campo, Decir sí, La Malasangre o Antígona furiosa, entre muchas otras.

Nacida en Buenos Aires en 1928, Gambaro renovó la escena teatral argentina a partir de una escritura que se alejó de los modelos realistas predominantes de su época y exploró el absurdo, la violencia, las relaciones de poder y los conflictos políticos y sociales utilizando un sentido metafórico que la volvió única a partir de su lúcida y encendida poética.

Su fallecimiento se produjo a menos de dos meses después de la muerte de su marido, el reconocido artista plástico Juan Carlos Distéfano, quien falleció el pasado 25 de julio a los 92 años. La pareja tuvo dos hijos y atravesó el exilio durante la última dictadura cívico-militar.

Además de dramaturga, Gambaro desarrolló una importante producción como novelista y cuentista. A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos y se convirtió en una referencia para las generaciones posteriores de autoras teatrales argentinas.

Griselda, cuya familia de inmigrantes era del barrio porteño de La Boca, cursó la escuela primaria en ese barrio y realizó sus estudios secundarios en Barracas. Desde joven mostró un particular interés por la literatura y decidió no iniciar una carrera universitaria para dedicar mayor tiempo a la escritura. Durante esos años también trabajó en la biblioteca socialista Sociedad Luz.

Su irrupción en el teatro argentino se produjo en 1965, cuando estrenó la icónica El Desatino en el Instituto Di Tella, bajo la dirección de Jorge Petraglia. La obra generó una fuerte polémica dentro del ambiente teatral por su ruptura con el realismo social que dominaba buena parte de la producción de la época.

A partir de entonces desarrolló una extensa obra que incluyó títulos como Las Paredes (1966), Los Siameses (1967), la referida El Campo (1968), Nada que ver (1972), Información para extranjeros y la disruptiva Decir sí (1981). También llevan su firma Puesta en claro, Penas sin importancia, Señora Macbeth y Querido Ibsen, soy Nora, ambas reescrituras de personajes femeninos de dos clásicos de Shakespeare e Ibsen, respectivamente.

Durante la última dictadura, tras el golpe del 76, Gambaro debió exiliarse junto a Distéfano y sus hijos en Barcelona. Su novela Ganarse la muerte fue prohibida por el gobierno de facto, que consideró que su contenido atentaba contra “la institución familiar y el orden social”.

En 1981 participó de Teatro Abierto con Decir sí, el histórico movimiento cultural surgido como respuesta a la censura y la represión de la dictadura. Con el paso de los años, sus textos fueron llevados a escena por directores como Laura Yusem, Alberto Ure, Augusto Fernandes, Alicia Zanca, Roberto Villanueva, David Amitín, Rubén Szuchmacher, Pompeyo Audivert y Silvio Lang.

Gambaro recibió a lo largo de su carrera el Premio Municipal, varios reconocimientos de Argentores, el Premio Nacional de Teatro, el María Guerrero y distinciones de la Academia Argentina de Letras y la Fundación Konex. En 2016, el Instituto Nacional del Teatro le otorgó el Premio a la Trayectoria y, en 2023, la Biblioteca Nacional la distinguió con La Rosa de Cobre.

En 2005 se convirtió en la primera escritora en inaugurar la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Cinco años más tarde, fue la encargada de pronunciar el discurso inaugural de la Feria del Libro de Fráncfort, en representación de los escritores argentinos.

Dueña de una simpleza y una cercanía inusual para una autora de su prestigio, su última obra estrenada en el Teatro Nacional Cervantes fue El Don, en 2015. Para entonces, Gambaro llevaba medio siglo de una trayectoria que la había convertido en una de las principales referencias de la dramaturgia argentina.

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