Categorías: Festival de Cine 2026

¿Qué se puede hacer salvo salir a la calle y ver películas?

Un ritual sagrado inaugura un momento del mundo. Se oye el silencio prominente de los cuerpos. La atmósfera es cálidamente contemplativa. En las filas emergen cuerpos reposando sobre las butacas, grupos de amigos, estudiantes, directores y directoras de cine, trabajadores del festival, vecinos y vecinas del barrio, familias y personas solas confirman ser testigos de un solo suceso a la vez

Por Ludmila De Giusti 

Al cruzar la Avenida Alberdi, en la nocturnidad de la ciudad, un cartel neón se vuelve protagonista de todas las miradas del barrio: aparece el Cine Lumière, un punto de encuentro y resistencia cultural. Un hito barrial, alejado del centro. Lo verdadero emerge de los márgenes. La iluminación roja estalla de forma llamativa en la fachada del Centro Cultural, se parece a un llamado tentador para todos los que transitan por la zona. Quienes se atrevan a entrar, no saldrán igual. Rayos eléctricos vuelan como preguntas. En el interior del espacio: una sala oscura. 

Un ritual sagrado inaugura un momento del mundo. Se oye el silencio prominente de los cuerpos. La atmósfera es cálidamente contemplativa. En las filas emergen cuerpos reposando sobre las butacas, grupos de amigos, estudiantes, directores y directoras de cine, trabajadores del festival, vecinos y vecinas del barrio, familias y personas solas confirman ser testigos de un solo suceso a la vez. 

Una señora mayor, de 60 años aproximadamente, camina con su bastón lentamente en la sala. Su corporalidad se desplaza por el pasillo, mira hacia abajo, la pesadez es tan palpable, apenas puede mirar hacia ambos lados para encontrar un asiento vacío, logra levemente sentarse. Se acomoda el pelo. Sus ojos laten en cada movimiento de las imágenes. Su rostro se transforma en cada escena. Un rostro que se deforma y se vuelve a construir. Es tan íntima que asusta. 

Godard dice: “el cine no es un arte que filma la vida, el cine está entre el arte y la vida”. 

La mujer aparenta estar entre el arte y la vida, parada en el medio de la función. Se embarca en una búsqueda, cómo si el destino tratará de encontrar lugar ante la imposibilidad. El cine, también es búsqueda y refugio. Es un entre, reside en lo pequeño para transformarse de modo infinito. Siempre situado en el medio de la vida. 

La frase recibe a quienes transitan los Seminarios de formación, el Taller de Cine y Crónica y los espectadores de las funciones del Festival de Cine Latinoamericano Rosario. La frase reposa, cobra vida al ser recreada con los ojos. Recrea un acontecimiento inusual: observar con la máquina de mirar. 

Charly García a través de Serú Girán en una canción escribe: “Yo nací para mirar lo que pocos quieren ver”.  

¿Dónde está lo que pocos quieren ver? El tiempo corre lentamente y desesperado. 

Rosario, 3 de junio de 2026. Las mujeres empiezan a reflotar en las calles, algunas ausentes y otras vivas. Al finalizar la marcha, la lucha continúa. Todas volaron hacia algún lugar de la ciudad. Rosario, es el territorio de los planes infinitos. En algún lugar recóndito, suceden cosas todo el tiempo. Ese mismo día, se proyectaba la película Belén de la directora y actriz Dolores Fonzi programada en el Cine Lumière. Una invitación para viajar hacia otra parada.

Una vez más, cuerpos reposando en las butacas del cine. El clima de la sala era singular e inmenso, casi como atravesar un océano. Algunas lágrimas tenían peso propio, otras tardaban en caer, otras lágrimas caían velozmente. Cada una musicalmente única. 

Un pañuelo verde se alzó con fuerza en los créditos de la película. Belén es una obra emocionante y dentro de 30 años lo seguirá siendo, como toda obra de culto. Nace de las entrañas de una historia pequeña, viva y latente. Es parte del Cine Argentino, un tesoro sobreviviente de todas las situaciones de peligro. 

La noche estaba fresca y húmeda, se sentía algo tangible en el aire. Las luces del cartel del cine estaban encendidas como siempre, está vez como un faro y un puerto de destino donde sentirnos seguros. Al cruzar la Avenida, allí estaba: el ruido furioso de la otra cara de la ciudad, la brisa congelada y la gente de a pie  en la calle caminando de un lugar a otro buscando algo más que vivir. El retorno siempre será igual. Las calles y las películas seguirán en el faro escondido, aunque las luces aspiren a desconectarse.

***

*Este texto forma parte de los trabajos del “Taller de Cine y Crónica: Contar un Festival”, dictado por el periodista Ulises Rodríguez en el marco del 31º Festival de Cine Latinoamericano de Rosario. Esta crónica resultó la más votada entre quienes asistieron al taller para ser publicada en EscribiendoCine.

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