Darío Fabián Ledesma estaba en su casa de barrio Ludueña, haciendo tiempo para ir a trabajar, cuando alguien gatilló en la calle, una bala ingresó a su domicilio y le dio en la cara. Fue pasadas las 19 del sábado pasado. En un auto particular lo llevaron hasta el hospital de emergencias Heca, pero poco después falleció. Familiares y conocidos del hombre, que tenía 33 años, se movilizaron este jueves para exigir justicia por otra vida perdida en medio, afirmaron, de un enfrentamiento entre grupos al que era ajeno. Reprocharon la lentitud en la investigación del crimen, afirmaron que tienen identificado al tirador y que es un chico de 17 años. «¿Por qué siempre la termina pagando un inocente?», se preguntaron. «Lo que le paso a él no fue una venganza ni mucho menos un ajuste de cuentas», refutaron una versión inicial sobre el episodio.
Los vecinos reconstruyeron la secuencia que terminó con la vida de Darío. Los relatos coinciden en que estaba sentado en el comedor de su casa, en Pasaje Gandhi al 6100, cuando un motociclista pasó por la cuadra y comenzó a disparar contra la vivienda de un hombre que vive justo enfrente, y que en el barrio conocen como un vendedor de drogas. El agredido respondió de la misma manera: a los balazos. Y uno de los proyectiles de ese intercambio atravesó la ventana detrás de la que estaba Ledesma.
«Todos queremos lo mismo, que se haga justicia y que lo de Darío no sea un caso más donde paga un inocente», insistieron los vecinos que este jueves se autoconvocaron en Garzón y Pasaje Gandhi a las 18.30. Desde allí, fueron hasta la plaza Pocho Lepratti.
La investigación del caso quedó a cargo de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas, que mantiene la causa bajo reserva. No obstante, trascendió que uno de los involucrados es un menor de edad. Lo mismo señalan los vecinos, con más precisiones: tiene, dicen, 17 años y es un «soldadito».
«Era un hombre de trabajo, estaba por ir a trabajar cuando pasó todo. No tenía nada que ver con lo que ocurrió afuera», lamentó el hermano de Darío a los cronistas que cubrieron la protesta en el corazón de Ludueña.
El enojo por el asesinato en sí se extendió al accionar de la Justicia. Familiares y vecinos recordaron que ya aportaron datos sobre los que señalan como responsables del tiroteo. «Sabemos quiénes son y está todo en manos de la Justicia», agregaron a modo de reproche.
Los carteles que portaban fueron elocuentes del hartazgo por ver a seres queridos sufrir las consecuencias de los enfrentamientos con los que las bandas de narcomenudeo disputan territorio o cobran venganzas en una saga sin fin. «Sin Justicia no hay paz», «Basta de silencio, Rosario pide respuestas», escribieron sobre cartulinas para que quede en claro el cansancio. Y destacaron que la violencia es aún más dolorosa cuando las víctimas son ajenas a los conflictos: «Era una persona inocente y su muerte no puede quedar en el olvido», dijo una de las vecinas de Darío.
Querido en el barrio y el trabajo

La bronca y el dolor por el asesinato también quedó expuesta en las redes sociales. Una de sus compañeras de trabajo en BK Village Rosario publicó el impacto que le causó el crimen, recordó que le había hecho la entrevista de ingreso laboral a Darío hace 13 años y expuso el sinsentido de lo que le pasó.
«Anoche, cuando todo el mundo le corría carreras al reloj para poder desocuparse antes del partido de la Selección, un asesino miserable nos arrancó a uno de los mejores de nosotros de la manera más absurda. Darío estaba saliendo para el laburo, y una basura inmunda le robó los sueños a él, a su familia, a todos los que lo queríamos y lo respetabamos por la clase de tipo que era. El que lo mató, ni siquiera se enteró, porque trataba de darle a otro con el que se cruzó, pero, ¿Qué importa eso, no?», escribió Milagros en Facebook.