El fútbol moderno se sostiene desde la regularidad y el desgaste físico. En una temporada exigente de 27 partidos, el cuerpo técnico liderado por Jorge Almirón debió administrar las cargas, aunque un grupo selecto de futbolistas se consolidó como la auténtica columna vertebral del equipo.
El análisis minucioso de los minutos en cancha expone quiénes fueron las piezas inamovibles y quiénes sumaron desde el recambio.
El podio de la regularidad
El gran dueño del mediocampo y del reloj este año fue Vicente Pizarro. El volante central completó un registro imponente de 2.229 minutos, habiendo dado el presente en 26 de los 27 compromisos disputados. Su única ausencia se debió a una decisión táctica: el día del partido contra Tigre, Almirón optó por preservar el físico de los habituales titulares y paró un once alternativo repleto de suplentes.
Detrás de Pizarro se ubicaron los dos pilares que sostuvieron la estructura defensiva y el equilibrio: Franco Ibarra sumó 2.112 minutos, en tanto que Agustín Sández estuvo 1.605 minutos en cancha.
El bloque defensivo y la rotación:
La consistencia en la última línea también se reflejó en la continuidad de nombres claves. Emanuel Coronel (1.490 minutos) e Ignacio Ovando (1.451 minutos) terminaron consolidándose como los laderos ideales de Sández en cuanto a tiempo en cancha.
Por el lado del arco, la paridad fue casi absoluta, sumando una competencia interna muy alta. Jeremías Ledesma alcanzó los 1.440 minutos bajo los tres palos, mientras que Jorge Broun completó una sólida marca de 900 minutos en cancha.
El peso del ataque y el recambio
En la zona ofensiva, la dosificación de minutos fue clave para mantener la frescura alta. Alejo Véliz lideró el tiempo en cancha de los delanteros con 1.130 minutos, seguido muy de cerca por la jerarquía internacional de Ángel Di María, quien aportó su calidad a lo largo de 1.047 minutos. Un escalón más abajo se ubicó Enzo Copetti, firmando un total de 904 minutos.