Rosario, sábado 06 de junio de 2026
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Rosario, sábado 06 de junio de 2026

Requiem alegre para el Indio

Vos andá y andá cantando nomás, que a la muerte ya la encandilaste. Acá nos quedamos nosotrxs, corderitos que perdimos la inocencia y tenemos el brillo en los ojos que nos regalaste. Vamos a seguir llevándote en nuestras pieles, en nuestras remeras, en nuestros oídos, en nuestra sangre
Indio Solari
Murió el Indio Solari, y todo es tristeza

Por Vande Guru

“Si la vida no te provoca, provocala vos”

Indio Solari

Tu voz está sonando en todas partes hoy. Va a sonar mañana también. Y va seguir sonando, como sonó ayer y anteayer y mucho mucho antes de anteayer. Pero hoy es distinto. Un pibe gritó la noticia en un tren en Buenos Aires, porque claro, vos sos un poco de todxs y todxs estamos muy nerviosos donde sea que nos haya alcanzado la mala nueva. El celular está lleno de mensajes, van como flechas que se clavan justo ahí donde la carne es más blanda. Y duele. Nadie quiere creer lo que publican en los diarios, porque la verdad es que nunca creímos lo que decían los diarios. Vos nos enseñaste a desconfiar, a mirar de reojo todo ese discurso empastado de intereses y malas intenciones. A no creer que la vida se reducía a las noticias de ayer. ¡Pero cómo les íbamos a creer si nosotrxs estábamos ahí, y ellxs solo decían pavadas desde sus escritorios! No nos vieron, y cuando nos reconocieron, ya era tarde. Éramos la tribu más valiente del mundo. De un mundo redondo y hecho de ricota. Así lo pintábamos en las paredes de la calle, de los baños, de la escuela. La tribu más graciosa, la más fiel. (Y la que más baila, eh).

El boca en boca se hizo imparable. Pero esta vez no convoca a un recital en la otra punta de la patria ni anuncia un disco nuevo que tenemos que ir a comprar antes de que se agote. El rumor suena fuerte, ensordecedor. La banda inconsolable va llegando de a poco a Leloir, porque parece que sí. Que te mudaste a la platea alta, nomás. Hay mucha lágrima en carne viva. Vos decías que uno negocia con la vida permanentemente. Pero pucha, hoy está difícil sacarle ventaja.

Leo muchas publicaciones en las redes de miles y miles, nos reconozco como parte del mismo latido, de la misma rabia, de la misma tristeza. Leo a Cesár Gonzalez diciendo que nos dejaste huérfanos de belleza y un poco así se siente, pero hay algo en mi cuerpo que se rebela contra eso y que grita que no. Que no es así. En mi cabeza no se conjuga la idea del abandono con tu nombre, Indio. Es injusto y egoísta. ¡El que abandona, no tiene premio! Y yo casi que te veo irte por la puerta grande, silbando bajito y cagándote de risa entre dientes, con el mejor de los premios, el verdadero, el único que vale la pena: el de saber que hiciste con tu vida una gran diablura. ¡Ah, si supieran qué placer te daba ser la piedra en el zapato de la vida boba!

Es fácil caer en la idea de que nos dejaste y cavar más hondo el pozo de la tristeza que nos genera tu partida. Pero nosotrxs no estamos hechos de esa madera. Vamos a cuidar el estado de ánimo, a tirar a la mierda el reloj. Vamos a pararnos fuera del tiempo y a vamos a mirarlo un poco con tus ojos. Yo no creo que este mundo vaya a ser un lugar peor porque te fuiste. ¡Es al revés! Este mundo es más interesante y más bello porque como un científico loco creaste una fórmula secreta e infalible que nos reúne y nos ampara en este mundo de lobos sueltos, dioses digitales y ratas de alcantarilla que llegan al poder convencidos de que son nenes de oro.

Te hablo así, como si me escucharas, como si estuviéramos teniendo una última charla, porque la verdad es que aunque las malas lenguas decían que eras inalcanzable, los que te escuchamos sabemos que siempre estabas a una canción de distancia. Mi charla con vos comenzó a los 13 años cuando tu voz de frenada de auto se me metió en los recovecos de los oídos con un registro tan grave que me retumbó en el corazón primero, lo fue inundando con versos que abrían arterias nuevas, tocaban fibras, creaban imágenes imposibles. Pero lo mejor vino después, porque después me partió la cabeza. Y después de después, estuvieron los libros, las películas, las canciones que buscábamos desperadxs porque sabíamos que si las señalabas ahí había algo precioso, preciado. Un tesoro.

Charlo con vos y te escribo esto que es una carta de amor, por supuesto, aunque vos y yo sabemos que el amor es intransferible a las palabras. Entonces, que sea de agradecimiento. Y que se lea la alegría que me da haber parado la oreja para poder escucharte. Y la satisfacción de saber que somos muchxs los que estuvimos atentos a tu invitación y que entramos a la poesía de tu mano, aunque digan que tu poesía no se entiende. Claro que no se entiende. Quién puede ser tan imbécil para pensar que la poesía hay que entenderla. La poesía se pasa por el cuerpo, por el alma. Se comparte y abraza. Eso también nos enseñaste.

Allá están llegando los pibes y las pibas, esxs desangeladxs que fuimos y seremos, lxs que peinan canas y lxs que apenas agarraron el coletazo. Están ahí saltando las vallas, porque otra vez nos quieren impedir juntarnos, nos quieren impedir abrazarnos. Qué ilusos, ¿no? Ja,ja. No aprendieron nada.

Vos andá y andá cantando nomás, que a la muerte ya la encandilaste. Acá nos quedamos nosotrxs, corderitos que perdimos la inocencia y tenemos el brillo en los ojos que nos regalaste. Vamos a seguir llevándote en nuestras pieles, en nuestras remeras, en nuestros oídos, en nuestra sangre.

Acá nos quedamos. En este infierno que no será ya tan encantador sin tu presencia, pero con la enorme tarea de seguir cuidando el incendio que armaste, porque claramente no fueron solamente dos palitos.

Graciosos y valientes.

Salud.