Política

Resurge en Filadelfia el Black Panther Party

En el corazón de Filadelfia reapareció un grupo que se identifica como Black Panther Party, combinando presencia armada, ayuda comunitaria y confrontación con ICE en medio de protestas por la violencia estatal

 

En los últimos días un grupo que se identifica como Black Panther Party for Self-Defense cobró visibilidad pública en Filadelfia, Estados Unidos, en medio de protestas sociales desencadenadas por la violencia estatal y el abusos de agentes federales como el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). En una manifestación frente al Ayuntamiento el 8 de enero, miembros de la organización, armados con rifles y vistiendo boinas y chaquetas negras, se presentaron como una reaparición del movimiento militante de los años sesenta, denunciando la actuación de ICE tras el asesinato de Renee Nicole Good en Minneapolis.

El vocero del grupo afirmó en un medio local que tienen poco menos de 100 miembros activos, y asegura que muchos de sus integrantes fueron entrenados por militantes del Black Panther Party original. Más allá de las marchas y protestas, organizan programas comunitarios regulares, como la despensa de alimentos, y el reparto de productos de higiene y de ropa para familias de bajos recursos en los barrios del norte de Filadelfia. La organización sostiene que estas acciones son financiadas con aportes de sus propios salarios y de donaciones de voluntarios. Su vocero, Paul Birdsong, quien se identifica como presidente nacional, sostiene que estas actividades buscan responder no solo al abuso policial sino también a la violencia institucional del gobierno federal y que su presencia armada funciona como disuasión legal. Cabe destacar que todo lo que hace el grupo está permitido bajo la legislación estatal.

Pese a que la presencia de armas y la confrontación con agentes federales ha generado debate en Estados Unidos, los residentes locales celebran la asistencia material y simbólica que el grupo aporta a la comunidad empobrecida.

La reaparición de este grupo ocurrió entre el 2016 y el 2017, pero su actual exposición y crecimiento se explica por la creciente indignación contra la violencia policial. La narrativa que acompaña a la reaparición de los Panteras se alimenta de esa tensión. Denuncian redadas de ICE, detenciones arbitrarias y una política gubernamental que criminaliza a comunidades negras y migrantes. Aunque algunos medios tratan a la organización como una continuación directa del grupo histórico, otros analistas la presentan como una nueva entidad inspirada en el legado del Black Panther Party original, que adopta su nombre, simbolismo y prácticas de autodefensa comunitaria en respuesta a la violencia estatal.

El Black Panther Party for Self-Defense fue fundado en 1966 en Oakland, California, por Huey P. Newton y Bobby Seale como respuesta directa a la violencia policial y la discriminación estructural contra la población afroestadounidense. Con un emblema de Pantera Negra y con la promulgación de su Programa de Diez Puntos, exigieron desde el fin de la brutalidad policial hasta derechos fundamentales como vivienda, educación y justicia. Aunque la vigilancia armada de los barrios fue la faceta más visible, su trabajo incluyó programas de supervivencia comunitaria, el emblemático desayuno gratuito para niños, y hasta clínicas de salud y apoyo legal, llenando vacíos que el Estado no cubría.

El partido creció rápidamente, extendiéndose a decenas de ciudades con miles de miembros, y fue calificado por el FBI como una amenaza interna. Esto dio lugar a campañas sistemáticas de desinformación, infiltración y represión estatal que erosionaron su estructura hacia finales de los años setenta. Se constituyó así uno de los episodios más intensos de criminalización de la organización política negra en el siglo XX estadounidense. Para comienzos de la década del 80 la organización histórica había dejado de operar como una fuerza unificada.

En este inicio de 2026, la reaparición de los Panteras en Filadelfia se inserta en una ola de protestas contra el ICE y la violencia estatal, evocando simbólicamente una historia de autodefensa y ayuda comunitaria en un país que repite viejos patrones de exclusión y represión. Aunque es temprano para saber si esta nueva encarnación tendrá un alcance nacional, su presencia ya ha reactivado debates sobre el racismo de la justicia, los derechos humanos y las tácticas de resistencia en el siglo XXI.

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