El Hincha

River y Boca: cuando el fútbol se escribe con tinta de hincha

Por: Gustavo Grazioli

«El fútbol es la única religión que no tiene ateos», dijo alguna vez Eduardo Galeano, el sentipensante uruguayo, mendigo de “buenas jugaditas”, que prestó un buen espacio de su obra (Fútbol a sol y sombra, 1995) al arte de patear un pedazo de cuero inflado. En presencia de un domingo soleado, sobrio de melancolía, llega una nueva edición del superclásico argentino entre River y Boca – será el enfrentamiento número 266 -, y las pretensiones de esta previa se cargan de expectativas para propios y ajenos, y lo que se busca en el archivo son las prosas que embellecieron la pasión maravillosa de ser hincha, una actividad que ofrenda los mayores disparates.

En este séptimo día inusual, que no es hibrido ni da igual, se paralizarán todas sus funciones vespertinas por dos horas, para que Gallinas y Xeneixes, ensanchen la maquinaria del fútbol, sus imponderables y haga mella en los ardientes, cardiacos y algún animo salga perjudicado. El fichero se mueve para dar con algunos nombres que se asientan en la categoría de periodistas, escritores, pensadores, pero también fanáticos que han regado de tinta su pertenencia, tanto al club de La Ribera, como el que reside en Núñez. “El fútbol era sobre todo un relato”, escribió Martín Caparrós.

Así como a principios del siglo pasado, Natalio Botana – fundador del diario Crítica, cuyo eslogan rezaba: “Dios me puso sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un noble caballo para picarlo y tenerlo despierto” -, le solicitó al cronista Pablo Rojas Paz – de seudónimo “El negro de la tribuna” – que embelleciera el juego con las palabras, dado que en aquella época si alguien no asistía a la cancha, solo conocía los goles por lo que escuchaba o leía. El redactor se despachó con las impresiones de la tribuna de Boca y habló “del jugador N°12”. Y la descripción, más tarde sería adoptada por la barrabrava. La literatura y el fútbol, una vez más, al servicio del relato.

“El hombre en trance futbolístico sucumbe a un frenesí difícil de asociar con la razón pura. En sus mejores momentos, recupera una porción de infancia, el reino primigenio donde las hazañas tienen reglas, pero dependen de caprichos, y donde algunas veces, bajo una lluvia oblicua o un sol de justicia, alguien anota un gol como si matara un leopardo y enciende las antorchas de la tribu”, ha escrito el mexicano Juan Villoro en su hitazo futbolero Dios es redondo, quien recientemente ha lanzado Los héroes numerados. Una recopilación de crónicas que incluye perfiles de René Higuita, Franz Beckenbauer, Ferenc Puskas, Luka Modric y Antoine Griezmann, entre otros.

Andrés Burgo, escritor, periodista y ferviente hincha de River, ha dedicado su obra a escribir sobre su club, lo que es ser hincha del Millonario y las peripecias que hizo por el mundo, para acompañar a su equipo en cada partido. La final de nuestras vidas (una crónica de lo que fue el River – Boca en el estadio Santiago Bernabéu en Madrid); Ser de River. En las buenas y en las malas. Agonía, descenso y resurrección desde la tribuna; River para Felix. La aventura de recibir y transmitir la herencia gallina, Una historia de padres e hijos; Nuestro Viaje. 85 horas de caravana para ver a River; y el reciente, Este es el famoso River. 125 años. Historias desconocidas de títulos, jugadores, camisetas, hinchas, banderas y canciones.

“Lo único que siempre me mantuvo al margen de la frustración fue River. River es otra cosa. River no pierde nunca. River es más fuerte que las angustias que llevo dentro. River le gana a los miedos que no le cuento a nadie. River siempre estuvo ahí cuando las mujeres me dejaron. River fue mi revancha cuando los jefes me basureaban. River era mi alivio semanal cuando tenía 19 años y un vacío existencial. River me fascinaba cuando yo me odiaba. River es un refugio para mí, que vivo en un PH en Belgrano, pero también para quienes alquilan una casita en Ezpeleta u ocupan un asentamiento en Ingeniero Budge. River es la revancha de quienes están en un hospital, una cárcel o una comisaría. River es el lujo de los que no tienen 1,25 para el bondi. River es nuestra garantía semanal de triunfo, de grandeza, de reivindicación. Te ponés un buzo de River y caminás por la calle, hasta cartoneás por la calle, como un campeón. Siempre fuimos eso: campeones. Los perdedores son otros”, escribió Burgo en su libro Ser de River.

Por su lado, Caparrós, también exploró el universo de su pasión boquense en el libro Boquita, una pieza que escribió junto a su hijo, Juan, en el centenario del club, para indagar con la lucidez que lo caracteriza, los orígenes de una tradición barrial y comunitaria y testimoniar hasta dónde pueden llegar los límites de esa sinfonía sentimental que se aloja en el ADN bostero. “Llamarlo Boquita es entrañable, dulce, kitsch, cándido, cariñoso, ingenuo, paternal, pendejo, abolerado. Boquita es un bochorno y todos lo decimos: con el mejor orgullo, lo decimos. Boquita es —supongo—lo que nos hace únicos”, dice el autor de El hambre.

“El juego sucede dos veces – escribe Villoro – en la cancha y en la mente del público”. Tanto Burgo, como Caparrós, o Martín Kohan, un escritor que nunca se privó de hacer visible su pasión por el Xeneixe – y que, incluso junto a Ricardo Cohen, la trabaja en el libro Desde La Boca – son los promotores de hacer que el juego también se sostenga en la simbología de una historia que contiene las huellas entrañables de los hechos y en la creatividad de los autores para contarlo. Capaces de una magia que en la rigurosidad de la descripción de jugadas y en el universo de las estadísticas y los números fríos, no se encuentra.

“No soy fanático, soy un hincha normal de Boca. Y el hincha normal de Boca está en el plano del fanático de otros equipos. La verdad es que, objetivamente, uno no podría decir que no va a encontrar ningún hincha de ningún otro equipo al que le haya pasado o que haya hecho lo mismo que es capaz de hacer un hincha de Boca por Boca. Pero en todos esos casos son las versiones hiperbólicas del amor por ese club. Y en Boca no es hiperbólico. En Boca es la media, el hincha de Boca es así”, respondió Kohan ante la pregunta qué significa ser hincha de Boca.

A pocas horas de lo que se espera que sea una fanfarria futbolera, River y Boca personifican la liturgia de una pelota que se adentra en las plumas de escritores que responden ante la defensa de los colores que eligieron, porque, como recuerda Galeano «En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol». En la radiografía literaria que amplía el hinchismo, hay un juego que disputa entre el adulto y el niño, la civilización y la barbarie. Burgo recuerda la persona que fue en la previa a la final de Madrid en una respuesta al diario Tiempo Argentino: “era nuestro antepasado. Era un neardenthal. Un stralopitecus. Empecé a escuchar durante un mes a George Harrison porque me tenía que tranquilizar. En el medio de la serie tuve renovar el registro de conducir. Y el psicotécnico, que es una pavada, lo hacía mal. Sólo pensaba en si jugaba Scocco o no, si el juez de línea estaba comprado”.

“El fútbol, para mí, está entre esas tres o cuatro cosas que consiguen estirar el tiempo (…) Y el fútbol —para mí— no sería el fútbol si Boca no existiera”, escribió Caparrós, quien ha considerado a Boca, como un rasgo de identidad desde sus tiempos de estudiante de escuela. “En esos recreos descubrí que ser de Boca era algo que podía compartir con otros –que me hacía cómplice de otros chicos, que nos daba una causa común– pero que algunos de mis mejores amigos se transformaban de tanto en tanto en enemigos porque eran de ese equipo que se llamaba River. En esos recreos descubrí que uno se hacía de un equipo: no es poca cosa, hacerse. Y que, ya hecho, uno no era hincha de un equipo: uno era de un equipo. No es poca cosa, ser”, cuenta en su autobiografía, Antes que nada.

El fútbol, definido por el propio Caparrós, como su “espacio de salvajería feliz”, es la muestra noble de existencia de los humanos, el lugar donde se ponen en juego todos los estados de ánimo y las emociones. Noventa y tanto de minutos, donde la consigna es alentar a tu equipo y no perder las esperanzas hasta que el árbitro dice basta. Eso sucederá esta tarde. River- Boca, Boca – River, una vez más. Ojalá haya grito de gol y un remanso de “buenas jugaditas” para deleitar la retina de los espectadores. “El Riachuelo y El Plata/ Podrán mezclar sus aguas allí cerca/ Pero River y Boca no se mezclan/ Boca-River, un relámpago largo de impaciencias/ Cien barrios, cien ciudades bien alertas/ No hay neutrales, no hay sordos y no hay siesta”, dice la poesía de Héctor Negro.

Ya está en marcha el superclásico. En las tribunas, en la cancha y en la literatura.

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