Tras acudir junto a su familia a un yacimiento arqueológico, la joven se topó con un sello de la Edad del Bronce Medio
Parecía un día más en la vida de la familia de Ziv Nitzan, una niña israelí de tres años. Decidieron que sería una buena opción organizar un viaje al yacimiento arqueológico de Tel Azeka, a unos 30 kilómetros de Jerusalén, pero no esperaban lo que allí iban a encontrar. Fue la pequeña Ziv la que, paseando por un camino, se topó con una piedra que llamó poderosamente su atención.
“Ziv se agachó y, de todas las piedras que tenía a su lado, recogió esta”, asegura su hermana Omer Nitzan. Y no era una piedra más, pues cuando retiraron la arena de ella resultó ser un milenario hallazgo. “Cuando la frotó y le quitó la arena, vimos que aquello era algo diferente. Llamé a mis padres para que vinieran a ver la piedra, ¡y nos dimos cuenta de que habíamos descubierto un hallazgo arqueológico!”, añade la joven.
Enseguida se pusieron en contacto con la Autoridad de Antigüedades de Israel, quien al momento confirmó la singularidad de este casual encuentro: un antiguo amuleto de unos 3.800 años de antigüedad. Con la forma de un escarabajo pelotero, se trata de un sello de la Edad del Bronce Medio, originario de Egipto. “En ese período, los escarabajos se utilizaban como sellos y amuletos. Se encontraban en tumbas, edificios públicos y hogares particulares”, explica la doctora Daphna Ben-Tor en un comunicado.
El buen gesto de esta familia fue reconocido por la Autoridad de Antigüedades de Israel, entidad que le entregó un certificado de reconocimiento de manos del arqueólogo Semyon Gendler. Ahora este hallazgo se incluirá en una exposición especial para la Pascua judía (del 12 al 20 de abril), que conmemora la liberación de pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto.
En la mitología de antiguo Egipto, los escarabajos eran considerados un símbolo de nueva vida, debido a la bola de estiércol que creaba y en la que posteriormente ponía sus huevos. Su nombre en egipcio viene del verbo “llegar a existir” o “ser creado”. Esto es porque los egipcios veían a estos insectos como un símbolo de la encarnación de Dios el Creador.
El lugar del hallazgo corresponde a un yacimiento en las inmediaciones de Beit Shemesh, donde previamente se hallaron evidencias de la evolución de diferentes culturas. Y cerca de allí tuvo lugar, según la Biblia, la batalla entre David y Goliat. “El sello que la pequeña Ziv encontró durante un viaje familiar a Tel Azekah nos conecta con una gran historia, la de las antiguas civilizaciones que habitaron esta tierra hace miles de años”, apunta el ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu.
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