Rosario, miercoles 15 de abril de 2026
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Rosario, miercoles 15 de abril de 2026

Cinthia Fernández, el pedido de pena de muerte, y una televisión falsamente indignada que alimenta lo mismo que critica

La ex bailarina, panelista y estudiante de derecho volvió a estar en el medio de un escándalo luego de acompañar a su pareja, el abogado Roberto Castillo, quien representa al padre de Ángel, el niño de 4 años que murió en Comodoro Rivadavia
Cinthia Fernández, el pedido de pena de muerte, y una televisión falsamente indignada que alimenta lo mismo que critica

Hace unos años, la blonda diva argentina hoy radicada en Uruguay, Susana Giménez, indignada por un hecho de violencia en el que había muerto un amigo, expresó la recordada frase: “El que mata tiene que morir”. Fue una especie de reivindicación de la Ley del Talión, aquél principio de que el castigo debía ser igual al daño causado, conocido popularmente como “ojo por ojo, diente por diente”. Sus dichos, se recuerda, generaron un gran escándalo, más allá de que Susana jamás se arrepintió ni pidió disculpas por lo que dijo, sino todo lo contrario, y cada tanto, en alguna que otra entrevista, reivindicó su postura siempre de la mano de su conocido apoyo a la derecha y a la mano dura.

En las últimas horas, en medio de la atroz, dolorosa y sin dudas evitable muerte de Ángel Nicolás López en Comodoro Rivadavia, un niño de 4 años, cuyo caso conmociona al país, Cinthia Fernández, bailarina, mediática, panelista, con un intento en la política que fracasó más allá de bailar en tanga frente al Congreso de la Nación, se convirtió en la adalid de la Justicia de la mano de su pareja, el abogado (también con intento de mediático) Roberto Castillo, quien ad honoren, según expresó, representará al padre del niño fallecido. Y el tema de la pena de muerte regresó a la arena mediática, en un momento donde no sería nada extraño que termine en el Congreso y convertido en ley.

La presencia de ambos en una conferencia de prensa en la ciudad de la horrible tragedia abrió un abanico de opiniones, la mayoría en contra, y estallaron las redes, respecto de la presencia de Fernández en ese lugar, quien hace un tiempo estudia derecho pero ya actúa como si fuera abogada (no sólo hay que ser sino también parecer) y se convirtió en la compañía habitual de Castillo, a quien en el medio le atribuyen el intento de querer ser el nuevo Burlando.

Justicia y venganza no deberían ir de la mano, más allá de que en la Argentina del “todo puede suceder”, donde todo se vuelve un show mediático que, en el fondo, también es “tranquilizador” para cierto sector de la sociedad bien pensante que siente que eso jamás le pasaría, Cinthia Fernández, la misma que hoy intenta correrle el cuerpo a su pasado escandaloso vestida de abogada, y está en todo su derecho de hacerlo, llora y pide a gritos la pena de muerte para los supuestos asesinos del niño. Es más: pide verlos morir y disfrutar de ese momento.

Pero en sus verborrágicas intervenciones mediáticas, una especie de mecanismo de defensa que ensaya cada vez que le acercan un micrófono, el discurso se le desordena y se le filtran otras cuestiones como su confeso odio a la lucha feminista, su desconocimiento en algunos temas en particular (seguramente materias que aún no cursó o apuntes que no leyó), y sus continuos ataques al progresismo, dado que tampoco puede evitar, como otros sectores de la sociedad derechizada argentina del presente, culpar al kirchnerismo, más allá de las responsabilidades que le competan, de todos los males que vive el país. Incluso de la muerte de un niño en una situación de violencia e indigencia.

¿Qué hay detrás de su radicalizada postura en un país donde la pena de muerte no existe más allá de todos los debates? ¿Qué busca con sus expresiones altisonantes y fuera de lugar en un ámbito donde debería reinar por lo menos el respeto? La respuesta es muy simple: busca, como lo ha hecho siempre, repercusión mediática, estar en boca de todos, mal o bien, pero estar, porque el show es parte de su ADN, y en la Argentina del presente, el que grita e insulta más fuerte, es el más escuchado.

Según la autopsia, el pequeño Ángel murió por los golpes que recibió, y se sospecha que se trata de otro caso de violencia intrafamiliar que habría sido ejercida por su madre y su padrastro. El cuadro es espantoso, no hay duda de eso. Pero el caso ya estaba mediatizado por su peso específico, e incluso la presencia de la pareja Castillo-Fernández banalizó el debate, lo corrió de su eje a partir de comentarios inapropiados, en algunos temas infundados, y con una mirada muy alejada de lo que amerita una situación semejante.

Pero como Cinthia siempre va por más, la cumbre del escándalo y el golpe bajísimo, fue una imagen creada por ella misma mediante la IA, en la que se ve a Ángel abrazado a Lucio Dupuy, el otro niño fallecido en circunstancias por lo menos cercanas, que determinó la creación de la Ley Lucio, sancionada en abril de 2023, que creó el Plan Federal de Capacitación obligatorio sobre los derechos de las infancias para funcionarios de los tres poderes del Estado que, claramente, como tantas otras cosas, no estaría funcionando o quizás quedó desfinanciado.

Pero, se sabe, Fernández genera rating y en el país de los ciegos, el tuerto es rey, por lo tanto, más allá de la confesa vergüenza de algunos panelistas y comunicadores, todos se la disputaron y muchos la consiguieron para hablar del tema, sin dimensionar que su presencia irrita, incomoda, pero sabiendo que vende. Es decir: Cinthia Fernández es la ficha perfecta para  una televisión falsamente indignada que alimenta lo mismo que critica.

Entre sus dichos, que repitió en varios programas, expresó: “No me vengan a decir que una psicóloga no puede ver eso, no me vengan a decir que institucionalmente no pueden ver eso, no me vengan a no hablar de tongos de la psicóloga, no me vengan a hablar de nada, no me levanten un pañuelo que no tengo ganas de ver, porque no les creo nada, porque por política, por sesgo, por ideología, hoy estamos llorando a Ángel”.

Pero Cinthia también hace política. Y no habla del que esté libre de “pecado”, en todo caso es siempre ella la que tira la primera piedra, la que se desfasa en un país que ya está desfasado, corrido del sentido común y la templanza, donde incluso no sería nada  extraño que una legión de seguidores de la otrora chica Tinelli salga a gritar por las calles “el que mata tiene que morir”.