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De club tradicional a trinchera social: Los 85 años de El Porvenir en la República de La Sexta

Ahora, de cara al próximo 9 de julio, el club se prepara para festejar sus 85 años en un contexto económico complejo, donde el trabajo diario se enfoca en hacer malabares para que el plato de comida no falte en las mesas del barrio y la persiana siga alta.

Por Martina Varela / Especial para El Ciudadano

En 1941, en un rincón del barrio República de La Sexta, nacía el Club Atlético Biblioteca Popular El Porvenir. Durante décadas, su realidad fue predecible y blindada al paso del tiempo: el movimiento del bufet, las mesas de truco y el ruido de las bochas en el patio del fondo, donde un grupo de hombres grandes pasaba las tardes. El Porvenir era eso. Un espacio de encuentro e identidad donde los chicos del barrio miraban mayormente desde afuera.

Pero la historia de las instituciones locales a veces cambia de rumbo. A fines de 2018, poco antes de la llegada de la pandemia, una nueva comisión se hizo cargo del club. Con el coronavirus y el aislamiento preventivo, las viejas canchas de bochas tuvieron que dejarle lugar a una demanda mucho más urgente: el fuego, las ollas gigantes y las necesidades alimentarias de los vecinos. El Porvenir se transformó y pasó de ser el punto de reunión de los fundadores a convertirse en un sostén indispensable para la barriada.

Ahora, de cara al próximo 9 de julio, el club se prepara para festejar sus 85 años en un contexto económico complejo, donde el trabajo diario se enfoca en hacer malabares para que el plato de comida no falte en las mesas del barrio y la persiana siga alta.

Mantener encendido el comedor

Todos los jueves, la actividad en El Porvenir arranca temprano. Sin presupuestos abultados ni subsidios, el engranaje se mueve por el esfuerzo de los propios vecinos. Ahí están Juana, Lore y “El Pela”, presidente del club, repartiéndose las horas entre sus propios trabajos particulares, las tareas del hogar y las necesidades del club. Lo hacen a voluntad, movidos por un sentido de pertenencia y la cercanía con una institución que sienten propia.

Juana es la encargada de la cocina. Sostiene su tarea frente a las ollas sin percibir un salario, dedicando su tiempo para garantizar el funcionamiento del espacio. Es la que amasa el pan casero en el horno de barro que los estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la UNR construyeron en el patio como parte de sus prácticas comunitarias. Pero la autogestión choca rápido con la realidad material: en El Porvenir se cocina a leña.

Mantener el comedor en funcionamiento hoy es una tarea sumamente compleja tras el drástico cambio en la política social del país.

Más de 50 raciones semanales y contención en la cancha

El mapa social del barrio también cambió su fisonomía en el último año. El Porvenir sostiene desde 2022 un espacio de biblioteca popular y apoyo escolar que empezó con apenas diez chicos y hoy tiene a más de treinta en el radar. Los pibes tienen constancia: se cuidan entre ellos y prefieren pasar la tarde entre los libros o pateando una pelota antes que quedarse solos en la calle. Hoy la camada que arrancó siendo bebés ya corre en la canchita, el club permite ver cómo van creciendo las distintas generaciones del barrio.

Sin embargo, las políticas de ajuste del gobierno nacional impactaron de lleno en la cocina. Mientras que la concurrencia de los chicos al apoyo escolar mantiene su ritmo orgánico, lo que estalló con la crisis económica es la cantidad de personas adultas que se acercan a pedir un plato de comida. La demanda se volvió enorme. Ya no son solo los vecinos de las dos o tres manzanas linderas; viene gente de todos lados. Hoy, El Porvenir le garantiza la cena a más de 50 familias de la zona.

La provincia aporta los alimentos secos una vez por mes (fideos, arroz, aceite), pero todo lo demás —lo que implica un costo mayor, como la carne, las verduras o los elementos de limpieza— se compra a través de donaciones, rifas o recursos que salen del propio bolsillo de la comisión. Si hay que trasladarse a la otra punta de la ciudad para conseguir el menudo más barato, se organiza y se va. En el club las responsabilidades se asumen sin vueltas.

Una fiesta para la independencia

El próximo 9 de julio no será un feriado más. El Porvenir cumple años el mismo día en que se declaró la Independencia nacional, y tras haber tenido que cancelar los festejos del 25 de mayo por falta de presupuesto y tiempo para difundir, la apuesta para el aniversario es total.

La idea es tirar la casa por la ventana dentro de las posibilidades del barrio. Se está planificando un almuerzo general con arroz amarillo, pollo y ensalada. Habrá tablones largos, un buffet, guirnaldas y un vecino que prometió traer el acordeón para tocar unos temas de cumbia cruzada y armar el baile. Tampoco va a faltar la torta de cumpleaños para que los chicos soplen las velitas de la institución.

Como se viene haciendo desde hace unos años, para financiar el evento se venderá una tarjeta al menor costo posible. La idea no es recaudar fondos, sino llegar a cubrir los costos de la mercadería. En paralelo, la premisa solidaria es innegociable:  a las 50 familias que retiran la comida todos los jueves, se les entregará el mismo menú de manera completamente gratuita para llevar a sus mesas. El festejo incluye a todo el barrio.

El regalo que falta: mecheros, garrafas y pintura

Para que la jornada salga lo mejor posible y, sobre todo, para facilitar el trabajo diario del resto del año, el club necesita de la colaboración concreta de la comunidad de Rosario.

El pedido principal apunta a la cocina: se necesita con urgencia la donación de un mechero y una garrafa (o dos). El equipamiento es indispensable para complementar el trabajo que hoy hacen con la leña y agilizar la preparación de las raciones. También hacen falta utensilios grandes, como cucharones, ollas de gran volumen y bandejas descartables para cuando los vecinos se llevan las porciones.

Por otro lado, para que el club pueda generar sus propios ingresos alquilando el salón para eventos privados, se necesita pintura y materiales de construcción para terminar de arreglar los baños y lavarles la cara a las paredes que dan al parque.

Mientras los preparativos avanzan entre la búsqueda de donaciones y la organización del bufet, en El Porvenir tienen claro que festejar los 85 años es una forma de reafirmar el lugar que ocupan en el barrio. Entre tablones, guirnaldas y la música, el próximo feriado será la excusa perfecta para encontrarse, compartir el almuerzo y demostrar que la identidad de la institución sigue intacta gracias al esfuerzo diario de su propia gente.

 

 

 

 

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