El 9 de julio de 1991 la Lepra vencía a Boca por penales y se coronaba campeón en su cancha de la mano de un sabio: Marcelo Alberto Bielsa

En efecto, en un día de lluvia interminable el Más Grande del Interior se impuso en la Bombonera, con sobrados méritos, y se corono Campeón de la temporada una final épica.

La historia da cuenta que debían enfrentar los “campeones” del Apertura y Clausura: Newell’s y Boca.
En realidad, hasta ese momento, se designaba “ganador” a los que obtenían tanto el Apertura como el Clausura. Para ser Campeón, los ganadores debían enfrentarse en un ida y vuelta para definir el campeonato.
Tras el triunfo Leproso esta situación cambio para siempre: Después del 9 de julio de 1991, los que obtuvieran, tanto el Apertura o el Clausura serian Campeones.
Como sea, en aquel momento, la definición estaba pactada en dos partidos de ida y vuelta. El primero se disputó el 6 de julio en Rosario.
Eduardo “Toto” Berizzo, de cabeza, fue quien marcó la diferencia en el primer duelo. En la revancha Boca, se impuso, sobre el final, con el mismo marcador con gol Gerardo Reinoso,
En ese marco, hubo alargue y los luego los penales.
En el alargue, Juan Simón y Cristian Domizzi fueron expulsados por agresión mutua y todo se dirimió en los tiros desde el punto penal.
Es necesario recordar que en actualidad difícilmente el partido se hubiese jugado, el estado del campo de juego estaba destrozado por la intensa lluvia.
El otro dato es el increíble penal no cobrado por el inefable Francisco “Pancho” Lamolina (siga, siga) a Mauricio Pochettino a quien le arrancaron, literalmente, la camiseta.

Con todo, la figura aquel 9 de julio fue Norberto Hugo Scoponi. El “Gringo” atajó el primero y el segundo penal (Alfredo Graciani y Claudio Rodríguez).
Para Newell’s anotaron Berizzo y Juan Manuel Llop. Blas Armando Giunta, quien convirtió el único para el local y Julio “El Negro” Zamora hizo el suyo.
Y llego el final cuando el remate de Walter Pico, que se estrelló en el travesaño.
Apenas falló Pico, el Gringo salió corriendo hacia donde se encontraban sus compañeros, arrojándose en el barro de la Bombonera para fundirse en un abrazo eterno con el Chocho LLop.

En tanto, los miles de hinchas leprosos deliraban de felicidad en la mismísima Bombonera.
El 9 de julio pasó a la historia para convertirse en día patrio en el pueblo leproso.
De eso se trata; de ganar siempre, claro, pero sobre todo de hambre de gloria.