Después de 30 años de lucha, viven su amor en libertad

Norma Castillo y Ramona Arévalo pasaron por la ciudad y hablaron de la importancia del afecto entre los adultos mayores, además de su realidad gay. Fueron las primeras mujeres en casarse entre sí en el país.

Durante 30 años vivieron su amor a escondidas, señaladas por la sociedad, inclusive por su misma familia y luchando día a día por demostrar que son ciudadanas como todos. Norma Edith Castillo y Ramona Arévalo fueron las primeras mujeres en contraer matrimonio en el registro civil de Buenos Aires, gracias a un recurso de amparo, meses antes de la sanción de la ley de Matrimonio Igualitario. Es por eso que desde abril, ambas tienen oficializado su amor con una libreta de matrimonio bordó y alianzas plateadas que revelan la felicidad después de décadas de lucha. Norma y Ramona pasaron por Rosario en el marco de las actividades de Octubre Mayor, la agenda municipal dedicada a los mayores de la ciudad y la región, donde además de esparcimiento, se tratan temáticas de importancia como la diversidad sexual.

En diálogo con El Ciudadano, María Alcira Scarpone, responsable de la dirección de Gerontología de la Municipalidad local, expresó: “Es un tema difícil de abordar entre los adultos mayores. Pero es algo que iremos logrando de a poco. Debemos reconocer que la diversidad sexual es algo nuevo para todos y me refiero a las cuestiones legales. Pero al tener el tema sobre la mesa, es necesario entenderlo y trabajar por la integración de nuestros pares que tienen una orientación sexual diferente a la estipulada a nivel social”.

Norma y Ramona estuvieron casadas anteriormente, y esta última tiene un hijo de su primer matrimonio.

Se conocieron en Colombia, donde estuvieron exiliadas durante las últimas dictaduras militares de la Argentina y Uruguay en la década de 1970, y se hicieron amigas. “Con el tiempo nos fuimos acercando hasta que nos dimos cuenta que estábamos enamoradas”, dijo Castillo.

Asumir la relación no fue fácil, según Castillo, ya que en ese entonces había muchos prejuicios contra los gays.

Ante la visita a Rosario, Castillo expresó su alegría de “ser escuchada por tanta gente”. “Agradezco que desde una entidad estatal, como es la municipalidad de Rosario, abran sus puertas para que contemos nuestra experiencia”, sostuvo.

“Ha sido muy duro vivir nuestra relación y hoy seguimos con esta lucha y la compartimos con las personas para demostrar que el logro que tuvimos en esta democracia es que se acepten a todos. La sanción de la ley de matrimonio igualitario nos hace sentir libres, completas y sabemos que con nuestra relación representamos a mucha gente que pasó por la vida sin poder vivirla en libertad”, agregó.

Por su parte, Ramona Arévalo explicó que si bien vivió muy bien su vida, “estar escondida dolió mucho”. “Posiblemente, la gente se daba cuenta de mi relación con Norma, pero nadie hablaba de mi caso, hoy es un tema que se puede hablar abiertamente y eso está bien”, dijo.

En tanto, Norma alentó a los jóvenes a seguir participando de esta lucha por sus derechos de igualdad: “Este es el momento histórico en que la gente hace pensar al resto. Es el momento para defender nuestros derechos y los de todos. Agradecemos el apoyo de tanta gente joven en esta movida y espero que muchos adultos mayores tengan a bien aceptar a sus pares, aunque tengan pensamientos y actividades diferentes”.

—¿Se sintieron libres tras la sanción de la ley de Matrimonio Igualitario?

—(Arévalo) Absolutamente. Aún recibimos miradas de rechazo y eso sigue doliendo, pero sabemos que hacemos las cosas bien. No le hacemos daño a nadie, nos amamos como cualquier pareja en el mundo y eso es lo que cuenta.

—(Castillo) Si bien nos casamos unos meses antes de la sanción. Es importante que todos los que tengan una orientación sexual distinta a la cual nos criaron, tenga su aval y si su amor es fuerte para proyectar su vida juntos, que se puedan casar.

—¿Su casamiento por medio de un recurso de amparo fue un adelanto de la sanción de la ley? ¿Cómo consideran que lo tomó el resto de la comunidad homosexual?

—(Castillo) Aún queda mucha gente que está esperando tener su lugar en la sociedad, y nosotras buscamos resaltar lo que sucedió. Fueron miles de años que se dejó fuera del esquema a miles de personas. Esto fue una toma de conciencia, sobre todo la gente joven que quiere vivir en el amor y no le es posible. Acá es necesario que prevalezca el amor y no la guerra, esto ha sido un acto de justicia, después de 2010 años. No queremos avasallar ni imponernos ante nadie. Simplemente queremos ser libres. No tenemos nada de diferente, somos como todas las personas de esta cuidad, trabajamos, pagamos nuestros impuestos, nos llevamos bien con algunos vecinos y con otros no tanto, la sociedad de hoy tiene muchas virtudes y defectos, nosotras también. Y lo que pase con nuestro sexo no le incumbe a nadie.

—¿Cuánto tiempo lleva esta lucha?

—(Castillo) Venimos luchando desde noviembre de 1979. Llevamos así 31 años juntas y 6 felizmente casadas. Estuvimos todo este tiempo viviendo en el placard. Hoy sabemos que el amor es uno solo, no pueden discriminarnos por eso.

—¿Cómo fue pasar de la vida heterosexual a la homosexual?

—(Castillo) Fue muy doloroso desde el afuera, porque imaginarás lo que era el tema en la sociedad hace 30 años atrás. En cuanto al cambio en una misma, fue algo sumamente natural, éramos muy amigas y, un día, nos dimos cuenta que nos amamos, habiendo vivido una etapa larguísima de heterosexuales, porque así nos criaron. Con escarpines rosados.

—¿Qué opinás acerca de las familias homoparentales?

—(Castillo) Esta sociedad necesita de mayor escucha a los demás y entender lo que sienten, dicen, hacen. Yo entiendo que muchas personas estén en contra de las familias homoparentales porque a muchos no les han enseñado que lo único importante es el amor. Si una familia se integra por dos mamás o dos papás, lo interesante y valedero es que ese niño o niña sea criado, cuidado, educado desde el amor y el respeto a los otros. Eso es todo.

—¿Cómo se habla de diversidad sexual ante adultos mayores?

—(Arévalo) La palabra es la expresión de nuestro espíritu, es el arma más poderosa que tenemos y por la que hemos recorrido este camino. No fue justo que nos hayan discriminado así. Tenemos derecho a expresar nuestro sentimiento y que no tenemos que ser mal calificados. Con la palabra y con la comprensión podemos vivir todos juntos en esta sociedad.

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