La incorporación de nuevas tecnologías transformó profundamente el mundo laboral y facilitó numerosos procesos productivos. Sin embargo, junto con la digitalización también emergieron nuevas formas de desgaste vinculadas al estrés, la hiperconectividad y los riesgos psicosociales en el trabajo
Camila de la Cruz Gretter / Especial para El Ciudadano
Cuando se habla de riesgos laborales, muchas veces la imagen que aparece inmediatamente está asociada a fábricas, accidentes físicos o tareas de esfuerzo corporal. Sin embargo, las transformaciones tecnológicas de los últimos años comenzaron a modificar no solo la manera de trabajar, sino también la forma en la que se manifiestan muchos de los riesgos laborales contemporáneos.
La expansión del teletrabajo, las plataformas digitales, la Inteligencia Artificial y otras herramientas tecnológicas transformó profundamente los espacios laborales. En muchos sectores, principalmente en los productivos, la robótica permitió agilizar procesos, mejorar la productividad, automatizar tareas repetitivas y facilitar la comunicación y organización del trabajo. Incluso, distintos especialistas señalan la importancia de estas tecnologías para reducir la exposición de los trabajadores a tareas consideradas peligrosas, tóxicas o físicamente desgastantes.
Sin embargo, mientras algunos riesgos físicos tradicionales disminuyen o cambian de forma, comienzan a aparecer otros menos visibles, pero cada vez más presentes: el agotamiento mental, el estrés crónico, la hiperconectividad y la dificultad para desconectar del trabajo.
En los espacios laborales atravesados por procesos de automatización y robotización, los riesgos no desaparecen: se transforman. Estos pueden expresarse tanto en accidentes o incidentes vinculados al funcionamiento de las máquinas como en formas más silenciosas de desgaste relacionadas con la organización del trabajo.
La reducción del rol humano a tareas de supervisión constante, la pérdida de autonomía sobre el proceso productivo o la exigencia de sostener ritmos de trabajo marcados por la lógica de una máquina comienzan a plantear nuevos desafíos para la salud física y mental de los trabajadores. En ese escenario, la discusión ya no pasa solamente por incorporar tecnología, sino también por cómo se organiza el trabajo alrededor de ella y cuáles son los límites humanos frente a dinámicas cada vez más aceleradas.
Aunque estas transformaciones se expresan de maneras diferentes según cada sector laboral, tanto la automatización en ámbitos productivos como la expansión del trabajo digital y remoto forman parte de un mismo proceso de reorganización tecnológica del trabajo.
La intensificación del trabajo
La tecnología no siempre reduce el trabajo: muchas veces también lo intensifica. La posibilidad de trabajar desde cualquier lugar y en cualquier momento comenzó lentamente a desdibujar los límites entre la vida laboral y el tiempo personal. Mensajes fuera de horario, reuniones virtuales constantes, multitarea permanente y disponibilidad continua forman parte de dinámicas cada vez más naturalizadas en distintos sectores laborales.
La digitalización permitió extender el trabajo más allá de los espacios tradicionales. Hoy, muchas veces, el trabajo ya no queda únicamente dentro de una oficina o establecimiento, sino que acompaña a las personas a través del celular, las plataformas digitales y las tecnologías de comunicación.
El problema no pasa solamente por la cantidad de horas trabajadas, sino también por la dificultad de desconectar mentalmente del trabajo. Incluso fuera de la jornada laboral, muchas personas continúan en una lógica de respuesta inmediata, productividad constante y atención permanente.
Los riesgos psicosociales en la era digital
En este contexto comenzaron a ganar relevancia los llamados riesgos psicosociales laborales: aquellos vinculados a la organización del trabajo, las exigencias emocionales, la presión constante, el estrés o la sobrecarga mental.
Conceptos como burnout, fatiga digital o tecnoestrés aparecen cada vez con más frecuencia para describir formas de desgaste asociadas al uso intensivo de tecnologías y a las nuevas dinámicas laborales digitales.
El tecnoestrés, por ejemplo, refiere al estrés generado por la adaptación constante a nuevas tecnologías, la hiperconectividad y la presión derivada del uso continuo de herramientas digitales.
A esto se suma un contexto laboral donde la productividad y la disponibilidad permanente muchas veces aparecen como valores implícitos. Responder rápido, mantenerse conectado o demostrar actividad constante comenzó a confundirse, en muchos casos, con compromiso laboral.
La situación se profundizó especialmente después de la pandemia de Covid-19, cuando el teletrabajo y las comunicaciones digitales se expandieron aceleradamente. Aunque muchas modalidades remotas continúan ofreciendo ventajas y flexibilidad, también consolidaron dinámicas donde el descanso y la desconexión muchas veces quedan relegados.
Tecnología, regulación y nuevas formas de trabajo
Las transformaciones tecnológicas también comenzaron a plantear desafíos para las legislaciones laborales y los sistemas de protección tradicionales.
En Argentina, la Ley de Teletrabajo 27.555 (publicada en el Boletín Oficial en el año 2020) incorporó el llamado “derecho a la desconexión digital”, estableciendo que quienes trabajan bajo modalidad remota no están obligados a responder comunicaciones fuera de Camila de la Cruz Gretter su jornada laboral. Sin embargo, en la práctica, muchas dinámicas laborales continúan funcionando bajo una lógica de disponibilidad permanente.
Al mismo tiempo, existen sectores donde las regulaciones todavía presentan importantes vacíos. Trabajadores de plataformas digitales, freelancers o personas que desarrollan tareas mediante aplicaciones suelen desempeñarse bajo esquemas flexibles, pero con escasa protección laboral y sin límites claros entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso.
La velocidad con la que avanzan las tecnologías y las nuevas formas de empleo muchas veces supera la capacidad de adaptación de las normativas laborales, generando desafíos crecientes para la protección de la salud y el bienestar de quienes trabajan.
Pensar las condiciones y medio ambiente de trabajo
Frente a estas transformaciones, distintos especialistas y organismos vinculados a la salud laboral remarcan la importancia de estudiar y diagnosticar las Condiciones y Medioambiente de Trabajo en función de las nuevas dinámicas digitales.
El avance tecnológico no transforma únicamente las herramientas utilizadas en el trabajo, sino también los ritmos laborales, las exigencias cognitivas, las formas de control, los tiempos de descanso y las relaciones dentro de las organizaciones.
En ese contexto, analizar las condiciones materiales y no materiales del trabajo se vuelve fundamental para identificar riesgos físicos y psicosociales que muchas veces permanecen invisibilizados.
La discusión no pasa solamente por incorporar nuevas tecnologías, sino también por cómo esas tecnologías son implementadas y bajo qué condiciones se desarrolla el trabajo cotidiano.
Desde esta perspectiva, el objetivo debería ser adaptar la organización del trabajo a las necesidades, capacidades y salud de las personas trabajadoras y no exigir que los trabajadores deban adaptarse permanentemente a dinámicas laborales cada vez más intensas o desgastantes.
En ese contexto, los riesgos laborales contemporáneos ya no se vinculan únicamente con el esfuerzo físico, sino también con formas de desgaste invisibles producidas por ritmos de trabajo cada vez más intensos, automatizados y deshumanizados.
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