Investigadores de la UNR repasaron los últimos tiempos de la actividad económica en Rosario y trazaron una curva que va del «punto de inflexión» con la pandemia, una «caída sistemática» entre fines de 2023 y mediados de 2025 y un futuro incierto. De hecho, señalaron, aunque desde el año pasado pudo observarse una mejora marginal, los niveles de actividad en la ciudad permanecen estancados en los valores de 2022 y 2023.
El análisis del que se desprende ese derrotero, centrado en la evolución del nivel de actividad y el empleo registrado en el gran Rosario, corresponde a un equipo del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR.
«Nos propusimos analizar qué impactos económicos produjo la pandemia en Rosario y la región, qué sectores y actividades fueron los más afectados, si hubo transformaciones productivas o no, cómo evolucionó la economía después y cómo fue esa recuperación», explicó la investigadora María Fernanda Ghilardi según un artículo publicado en la página web de la UNR.
El Instituto viene monitoreando la evolución de la economía del área metropolitana de Rosario en base a indicadores como el Producto Bruto Geográfico y el Indicador Sintético de Actividad de la Región Rosario (ISARR).
El ISSAR, precisamente, es responsabilidad de un integrante del Instituto, Hernán Lapelle. “A diferencia del Producto Bruto, donde a veces existe más rezago en cuanto a la actualización de información, el Indicador Sintético permite tener una referencia de base mensual, que a veces es más útil para los actores que requieren de la información económica con mayor celeridad”, explicó el especialista.
Otro insumo para el análisis fueron los datos de facturación de los comercios locales que publica la Municipalidad de Rosario.
De antes de la pandemia hasta acá
A partir de todos estos indicadores, Ghilardi aseguró que desde un punto de vista del ciclo económico, la pandemia profundizó una recesión que arranca en la ciudad desde comienzos de 2018 y se extiende al año siguiente.
«Luego, vemos una recuperación post pandemia. En 2022 se puede observar que el Producto Bruto ya se ubicaba por encima de los niveles prepandemia», siguió. Pero claro, pasaron cosas: «Lo que sucede es que en ese año y el siguiente fueron condicionados por la aceleración inflacionaria, y si bien fueron años de aumento de nivel de actividad, la inflación y los desequilibrios macroeconómicos por las restricciones en el mercado de cambios derivaron en una devaluación del peso al comenzar el nuevo Gobierno en diciembre de 2023. Ello significó un nuevo quiebre en el desempeño económico de la ciudad».
La investigadora, citada por el periodista Gonzalo García, señaló que la caída de la actividad económica durante 2024 fue particularmente marcada en Rosario y su área metropolitana, con un desempeño considerablemente peor que el promedio nacional.
El indicador de facturación de la ciudad indica que durante 2024 se registró una contracción del 16,8%, mientras que a nivel país la caída fue mucho menor. Ghilardi recordó que el indicador nacional de referencia es el Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae), que elabora el Indec y registró una baja del 1,3% en el mismo período.
La devaluación demoledora
La economista señaló que el impacto posterior a la devaluación establecida al comienzo de la gestión de Javier Milei se sintió con mayor intensidad en Rosario y el Gran Rosario que en el promedio del país. Incluso, marcó, durante 2025 la tenue recuperación económica fue diversa geográficamente: a escala nacional, el Emae midió un crecimiento cercano al 4,4%, pero el indicador de facturación rosarino permaneció en modo retroceso, con un -2,9%.
Para Ghilardi, esta brecha ejemplifica una recuperación heterogénea en los territorios. En ese escenario, la economía rosarina aún atraviesa un proceso de ajuste más prolongado.
Factores de la diferencia
La investigadora explicó que la diferencia entre los datos locales y nacionales se explica por dos factores. Uno es metodológico: los indicadores no miden exactamente lo mismo. «Nosotros para 2025 no tenemos aún disponible el Producto Bruto, tenemos solo el indicador de facturación y eso es como si midieras ventas, en términos reales», precisó. Es que, aclaró, «ventas no es lo mismo que valor agregado». El Emae del Indec refleja la evolución del producto bruto interno, mientras que el indicador que publica el Centro de Información Económica (CIE) de la Municipalidad de Rosario mide facturación real. Es decir, valor de las ventas sin la corrección inflacionaria. Son, resumió, indicadores diferentes.
Otro factor, dijo, refiere al modelo económico. «Hoy hay regiones ganadoras y perdedoras. Hay sectores que están creciendo significativamente y desde hace bastante tiempo», como la minería y el petróleo asociado al desarrollo de Vaca Muerta.
En el caso de Rosario, explicó que la actividad económica muestra una “caída sistemática” desde fines de 2023 hasta mediados de 2025, aunque desde el año pasado comenzó a observarse una leve mejora. Sin embargo, advirtió que la ciudad todavía no recupera los niveles de actividad de 2022 y 2023, y que la recuperación es desigual entre sectores: el consumo continúa débil (con el comercio en baja y la industria todavía en terreno negativo) mientras que la construcción evidenció una reactivación significativa durante el año 2025.
El mercado laboral acusa recibo
Respecto al empleo, Ghilardi resaltó que lo que se puede observar hasta octubre del año pasado es que en Rosario no se registra destrucción de empleo si se toma de base el indicador de empleo registrado de la Secretaría de Trabajo de la Nación. Eso es consistente con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares dónde la tasa de empleo mostró un incremento interanual en el cuarto trimestre del año pasado.
“Sin embargo la tasa de desocupación está aumentando. En el primer trimestre de 2026 la tasa de desocupación fue de 8,2%, cuando en el último trimestre del año pasado era de 6,5% de la Población económicamente activa. En este último caso el incremento de la desocupación se dió fundamentalmente por una caída en la tasa de empleo (población ocupada dividida la población total)”.
Más allá de esa situación, hay tendencias estructurales en el mercado laboral de la región. En ese sentido señaló el incremento de la proporción del empleo por cuenta propia en detrimento de la proporción de asalariados, el aumento en la participación del empleo en sectores como construcción y servicio doméstico y un mayor peso relativo del empleo informal. En el Gran Rosario el empleo informal representó en el primer trimestre de 2026 un 38,2% del total de asalariados.
En ese contexto, manifestó que los procesos de reconversión laboral son cada vez más complejos, atravesados por el avance de las nuevas tecnologías y por transformaciones recientes en las formas de trabajo, algunas de las cuales se profundizaron a partir de la pandemia, como el trabajo remoto, las actividades freelance y el empleo a través de plataformas digitales.
¿Virtualidad virtuosa o viciosa?
Sobre lo que viene, Ghilardi señaló que uno de los principales desafíos será analizar con mayor profundidad las transformaciones productivas que atravesó la economía local en los últimos años, algunas de ellas aceleradas por la pandemia.
«El desafío también pasa por ver cómo impactan estas cuestiones vinculadas a la digitalización y la irrupción de la IA», en la estructura productiva de la ciudad. Un debate que es global y en torno al que sobran preguntas y faltan respuestas.
Sobre el sector comercial, advirtieron, un trabajo reciente refleja una disminución de la participación del distrito centro en la facturación total, un fenómeno en el que pueden estar impactando cambios en los hábitos de consumo y también una mayor apertura de la economía desde el 2024.
Los cambios en el régimen macroeconómico y los cambios tecnológicos plantean ahora interrogantes respecto a qué sectores y actividades pueden convertirse en motor del crecimiento y el desarrollo de la ciudad.
Y en ese sentido, aunque desde hace unos años se observa una reactivación de algunos servicios muy afectados en la pandemia, como el sector hotelero, la gastronomía, los servicios artísticos, culturales y deportivos, los servicios inmobiliarios y, en el último año, la construcción, ello aún resulta insuficiente para compensar los efectos de un consumo, aún retraído, y la menor actividad industrial.