Espectáculos

“El camino de la fuente”: Federico García Lorca y esa luz, ese fuego que devora, ese paisaje gris que lo rodea

El talentoso Cacho Palma desde la dramaturgia y dirección, y Pablo Razuk desde una actuación profundamente conmovedora, derrochan poesía y sentido en escena en la imperdible propuesta que el 4 de julio se presentará en la Alianza Francesa de Rosario

Miguel Passarini

Un dramaturgo y director de teatro va detrás de los pasos perdidos de Federico García Lorca. No es cualquier director; es uno que volvió al ruedo hace unos años y busca las huellas del poeta, su último aliento, el deseo y el dolor, la confusión inevitable, mientras mira los papeles revueltos que quedaron en la mesa de escritura cuando se lo llevaron, en agosto de 1936, para fusilarlo, hace exactamente 90 años.

En el camino, uno de los tantos que transita, se encuentra con un actor, pero no es cualquier actor; es uno al que le gustan los desafíos importantes, complejos (ser, por ejemplo, Severino Di Giovanni o Carlos Mugica), de esos que algunas veces implican traer al imaginario del presente, de la escena, a esos héroes que ya no están pero que dejaron una huella que a lo largo del tiempo los vuelve eternos.

Cacho Palma, el primero, se encontró con Pablo Razuk, el segundo, y juntos, tras un largo proceso de confrontación y diálogo entre la escritura previa y la dramaturgia del actor, una pandemia de dos años, un estreno en España cuando se cumplían cien años del arribo de Lorca a la capital española y en la ciudad se reproducían los homenajes, otros regresos a Europa y funciones en Buenos Aires, emprendieron un recorrido por distintos escenarios del país con El camino de la fuente, espectáculo teatral para un solo actor que tuvo su primer paso por Rosario en la Plataforma Lavardén, que también se vio en la sala El Rayo y que el sábado 4 de julio será de la partida dentro de un ciclo propuesto por Palma en la Alianza Francesa.

En la conocida, profusa y múltiple construcción de sentido que suele transitar Cacho Palma, un creador que entiende que el teatro es de los actores y más que nunca en este caso, aparece en primer plano la idea de ensayo permanente como ese lugar sagrado que abre las puertas grandes del teatro en un proceso que nunca termina.

De hecho, en El camino de la fuente esa es una consigna: es un ensayo, abierto y múltiple, donde hay un actor atormentado por encontrarle el final a la obra póstuma e inclusa de Federico, a la que le pusieron Comedia sin título aunque él ya la había llamado La fuerza de la sangre, y no lo sabía sólo él sino también su amado Rafael Rodríguez Rapún y la gente de La Barraca.

En ese recorrido revisionista y esclarecedor, la obra va por dos instancias poéticas que desafían al actor a romper con la linealidad narrativa, otra de las claves del teatro de Cacho Palma.

Razuk transita, al mismo tiempo, ese tormento que atraviesa al poeta y la propia subjetividad de aquello que convoca a un actor a la escena, lo que abre un juego muy poderoso para la actuación.

Y así aparece la gran pregunta: para qué está ese actor allí, vestido pero tan desnudo, que tiene varias respuestas, pero sobre todo una muy política. Ese actor está en escena, tomando como disparador el concepto de cuerpo como matriz expresiva para, también, habilitar una instancia donde la alteridad se vuelva un recurso, y entonces el poeta irrumpe. Lorca aparece, evoca, conmueve, desafía, habilita, postula y muere.

No hay telón, se perdió en una partida de naipes, tampoco hay mucho más; no hay final y habrá que “remar”, quizás cruzar el Aqueronte (una bella metáfora acerca del teatro) aunque a los vivos se le complique, pero está lo principal: un actor vibrante y un dramaturgo-director de una sensibilidad e intuición que van a la par para urdir, desde la belleza dolorosa de “Llagas de amor”, un viaje con destino anunciado, que no es otro que la muerte, aunque muy injusta y la única certeza.

Sin embargo, el recorrido es tan vital y poderoso que al minuto de comenzar, la platea es el barco y todos se disponen a remar, incluso en la arena.

De este modo, el material se vuelve un desafío a la memoria individual y colectiva y a la solidaridad del público que, al mismo tiempo que el director juega con un texto bellamente diseccionado al que deja entrar una y otra vez, como en una partitura, las inmanentes palabras de Federico, el actor desafía espacio y tiempo y se apodera de la escena a través de una saludable provocación desde el sentido que sostiene cada palabra dicha, cada acción ejecutada.

Razuk es el Lorca de los 38 años, el eterno, el de todos. El que camina y respira cuando el aroma de los olivos empieza a dar paso al ruido de las botas. Es ese “niño mudo” que recupera la fuerza de la sangre y cuenta la historia inconclusa, sin final; es el que, en la antesala de su muerte, evoca las líneas de La casa de Bernarda Alba y detrás de ella a todas sus mujeres yermas, mucho antes de que el público pueda aplaudirlas en los escenarios del mundo.

Es, también, el que viaja a Granada desoyendo los avisos de peligro, es el reloj de arena que tendrá su última vuelta, es el que todo el tiempo pide luz donde hay oscuridad, es el que tiene conciencia de lo que es la mentira que dista mucho del teatro, es el que evoca a los desaparecidos, es el que pide, para cuando esté muerto, que paren las campanas y le cuenten un cuento.

El camino de la fuente es una cita imperdible con el mejor teatro, un reencuentro con la poesía. Porque en tiempos de pestes, guerras y muerte, que el gran poeta regrese es una sabia decisión política: volver a escuchar a Lorca, escucharlo siempre, tenerlo cerca, verlo aparecer en el cuerpo de un actor que se entrega y en las ideas plasmadas de un director que mira embelesado cómo el poeta ha vuelto del exilio interminable de la muerte es, ante el fusil ya cargado, la palabra y la acción más poderosa; ante los cuerpos sin nombre de las fosas comunes, la búsqueda de identidad que algún día tendrá sus frutos, y ante el desatino del final de todo, del futuro más incierto, el teatro, siempre el teatro, que es más verdadero que cualquier otro discurso porque está vivo, presente y latiendo aunque esté hablando de la muerte.

Para agendar

El camino de la fuente se presentará nuevamente en Rosario, con una única e imperdible función, el sábado 4 de julio, a partir de las 20 en la sala de la Alianza Francesa (San Luis 846). Entradas anticipadas al 341- 272-1041 o bien de forma online ACÁ.

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