Sociedad

«El molde y la receta», una breve novela de Horacio Rosatti que busca echar luz sobre dos edificios que son significativos para el pasado de los santafesinos

Horacio Rosatti, el ministro de la Corte Suprema de la Nación, se mete en la historia con una breve novela, El molde y la receta, que busca echar luz sobre dos edificios que son significativos para el pasado de los santafesinos, el Cabildo de Santa Fe y el edificio en el que se redactó nuestra Constitución nacional

Por Paulo Menotti / Especial para El Ciudadano

Cuando en 1868 Domingo Faustino Sarmiento inició su mandato presidencial inició una modernización de la República Argentina de acuerdo a lo que había visto en Europa y en Estados Unidos, a la vez que se inscribió entre los presidentes junto a Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda en la construcción del Estado nación. Como una burla a su eterno rival, Juan Manuel de Rosas, transformó a la estancia de éste en un moderno parque en Palermo, al estilo de París o Nueva York.

Justamente, la casa de Rosas fue demolida y en su lugar se construyó el Zoológico de Buenos Aires. Esto podría ser una anécdota más del sanjuanino, pero esa política destructiva y constructiva debe servirnos para conocer y reflexionar sobre la ideología de los dirigentes políticos de esa época. Por supuesto, las obras de Sarmiento tuvieron un interés público, pero se buscó demoler el pasado, enterrarlo.

Horacio Rosatti, el ministro de la Corte Suprema de la Nación, se mete en la historia con una breve novela, El molde y la receta, que busca echar luz sobre dos edificios que son significativos para el pasado de los santafesinos, el Cabildo de Santa Fe y el edificio en el que se redactó nuestra Constitución nacional. Sin embargo, Rosatti interpela al pasado con un sesgo de melancolía y con una pretensión de reconstrucción historicista que sólo permite conocer cómo sucedieron algunos hechos.

Horacio Rosatti buscó realizar esa operación, es decir, plantear la importancia de los edificios históricos de Santa Fe a partir de la reconstrucción historicista y ficcionalizada de cómo se produjo la redacción de nuestra Constitución nacional. En esta novela histórica aparecen personajes, como Merengo, entre otros bien conocidos de las calles santafesinas que cobran relevancia y humanidad durante esas jornadas.

Al mismo tiempo, esta ficción pretende dejar una reflexión. En la primera parte del texto, Rosatti culpa a lo público por haber tirado abajo a dos importantes edificios de nuestra historia provincial y nacional. La pregunta es si lo público, el interés de todos debe cargar con dicha responsabilidad.

Al igual que Sarmiento, es posible que el gobernador Pedro Echagüe haya propuesto una modernización de la capital provincial al derrumbar al histórico cabildo y emplazar en su lugar a la actual sede de gobierno santafesino. Cabe pensar qué tenían en la cabeza los dirigentes políticos de esa época para comprender el sentido de dicha decisión. Dentro del Partido Autonomista Nacional (PAN) se estaba resolviendo una importante interna entre quienes buscaban mantener el aparato electoral y fraudulento, de resolución de políticas y candidaturas en una mesa chica.

Por otro lado, los reformistas quienes también se habían denominado “modernos”, ante el acecho de las “revoluciones”, de los putchs de la Unión Cívica Radical (UCR), propusieron una reforma electoral que terminó cobrando forma en la Ley Sáenz Peña, gracias a su impulsor. Al mismo tiempo, se avecinaba el Centenario de la Revolución de Mayo y la oligarquía en el gobierno, tanto nacional como provincial buscaba mostrar a la Argentina como un país moderno y pujante. Su ideología era liberal, buscaba desembarazarse del pasado y avizorar un futuro de progreso.

Ese trabajo lo habían hecho con respecto a los pobres, a los gauchos y, por entonces, a los inmigrantes que se animaban a reclamar derechos. Es cierto, también por esa época se buscó generar un símbolo nacional y se iniciaron las operaciones culturales para rescatar a la figura del gaucho. Pero, la ideología, la mentalidad liberal de esa dirigencia política no dudaba si había que echar abajo a algunos edificios que la relacionaban con el pasado.

Esto nos debe ayudar para pensar el presente. ¿Qué edificios busca derrumbar la actual dirigencia liberal? El de los derechos laborales, el de los Derechos Humanos, el de los derechos sociales de discapacitados y de niños a curarse en un hospital público. Habrá que ver hasta dónde llega la picota para evitar lágrimas el día de mañana.

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