Analista internacional desmenuza el contexto del atentado fallido a la vicepresidenta y la historia del símbolo supremacista y ukronazi tatuado en un brazo de Sabag Monteil, el "aprendiz de sicario"
Del Facebook de Christian Cirilli
Respecto del atentado (fallido) perpetrado ayer contra la vicepresidenta, dos veces ex presidenta y principal líder política (aún) con proyección para las próximas elecciones presidenciales del 2023, cabe señalar que existen vías posibles sobre la motivación asesina del ejecutor.
1/ Que, producto del virulento clima dialéctico, de mensajes subrepticios y manifiestos que instalan la violencia política como solución deseada y terminal, generados y propagados por una buena cantidad de representantes de la oposición, siempre ligada al establishment internacional, y fundamentalmente, de los cuantiosos medios de comunicación corporativos, incluyendo agentes de manipulación de redes sociales (trolls pagos y voluntarios), haya decidido, en un rapto de enajenación y por voluntad propia, cometer el intento de magnicidio a los efectos de glorificarse y autopercibirse como un ajusticiador, un héroe o un vengador.
A simple vista, aparece un detalle no menor en el ciudadano brasileño, aprendiz de sicario: luce un tatuaje de ℎ o (sol negro o rueda solar), un símbolo utilizado por todo extremista de derechas o supremacista blanco que se precie de tal, y que hizo irrupción (en la etapa moderna) en los desquiciados del Escuadrón Azov (que también suelen tatuarse esvásticas y al demonio trans-sexual/trans-especie Baphomet) pero que volvió a aparecer en Payton S. Gendron, un muchacho de 18 años que mató a 10 personas negras en un supermercado del Estado de New York. El 20 de mayo escribí al respecto.
Lo que más me llama la atención en quienes utilizan este símbolo y deciden incorporarlo a su piel de manera definitiva (como un juramento), es su pensamiento racista-clasista, que va así, en tándem. Los ucranianos que comparten esta ideología, de hecho, ven a los rusos como , seres inferiores. Ellos los denominan [mоскаль], una forma denigrante de caratularlos, al igual que los nazis los llamaban ℎ [sub-humanos].
Bueno, demás está decir que el símbolo proviene de las SS hitlerianas, pero está ligado al paganismo/ocultismo, que finalmente todo se funde.
El mismísimo supremacista estadounidense –que filmó su periplo de muerte– decidió asesinar solamente afroamericanos en el supermercado, ignorando a los caucásicos (incluso en su frenesí apunta a uno, luego le dice », baja el arma y la alza para buscar nuevos objetivos).
Demás está decir que los negros fueron, y aún son, largamente vistos como una escoria social en los Estados Unidos, ligados a la delincuencia y al lumpenismo.
Y ahora resulta que este hombre que atenta contra Cristina Kirchner tiene el mismo símbolo, inmortalizado en uno de sus codos, que muestra orgullosamente en una foto de Instagram. Los peronistas son defenestrados por el discurso liberal de las clases pudientes argentinas, étnicamente blancas, por su mestizaje racial, pero peor aún, con lo popular, ergo, con la pobreza. El discurso antiperonista tiene una «enorme tradición» en eso de conectar raza y condición social. No se trata de peronistas, sino de «negros peronchos». Antes eran «aluvión zoológico» o «cabecitas negras», formas de impersonalizar, de quitar identidad humana. Hoy sigue siendo así: no se trata de «kirchneristas» sino de «kukas» (que remite al insecto más desfavorecido estéticamente por la naturaleza: la cucaracha, que generalmente son negras y se crían en condiciones de extrema supervivencia).
El discurso de odio, subliminal y desatado, que prolifera de una manera sorprendentemente natural en los medios y en nuestra propia manera de hablar habitual, crea definitivamente este tipo de monstruos, personas que desean protagonismo, ser parte de un clan selecto y exclusivo, deseables y glorificables, y que tienen algún tipo de enajenación mental que los desinhibe y los compele a acciones violentas creyendo que así se ganan el favor de un grupo de aplaudidores.
Si encima no hay ninguna medida coercitiva o rectificativa desde la dirigencia política afín contra aquéllas manifestaciones donde se esparcen como semillas imágenes de horcas, guillotinas, desfile de antorchas, bolsas mortuorias, carteles difamadores, arengas a favor de genocidas, amenazas de muerte, etcétera, como así también, golpes y patadas a todo aquél que se digne a contradecir esa salvajada, estamos ante una legitimación del mensaje, una forma de expresar con silencio (porque el que calla, otorga) el beneplácito a esos métodos de intimidación.
Recuerdo, y lo pongo aquí de ejemplo, el increíble (por lo falaz) cartel aparecido en el medio de la ciudad de Buenos Aires. Es un trabajo fino, nada artesanal, con las medidas adecuadas para los marcos que pululan por las avenidas. Se acusaba a Cristina Kirchner de 35.000 muertes, se la tildaba de asesina y de «amiga de Putin».
¿Es entonces casual que un trastornado con un –el símbolo ukronazi por excelencia– impregnado en su piel desee matarla?
2/ Que, estudiada su psiquis de desvarío mental, haya sido oportunamente infiltrado y manipulado por los servicios, ya sean nacionales y/o internacionales, y que lo hayan canalizado hacia el hecho. Esto es una táctica viejísima de control mental que se aplica profesionalmente contra personalidades perturbadas.
Se me viene a la mente el caso del asesinato del PM Isaac Rabin, en Israel, en manos de un muchacho de 19 años, ortodoxo y ultrasionista, llamado Yigal Amir, que se oponía radicalmente a los Acuerdos de Oslo. Muchos autores concuerdan que fue manipulado exquisitamente por ciertas facciones de los servicios secretos, quienes lo reclutaron (sin que se dé cuenta) haciendo uso de la ley tradicional halájica que sentenciaba a muerte a los traidores.
De todas maneras, creo que esta posibilidad es más lejana.
Lo que sí no cuadra como ninguna posibilidad es lo que muchos minusválidos emocionales, carentes de todo raciocinio, esbozan: que se trató de un –escenificado y programado– para reforzar la popularidad de Cristina.
Afirmar esto no es solamente mostrar un desconocimiento total del hecho, del contexto y del historial de violencia política en Argentina, fundamentalmente contra el peronismo, sino es intentar burlarse de la sociedad minimizando la gravedad de lo sucedido, para que siga fluyendo la corriente del odio que los alimenta psicológicamente día a día, en un espiral infinito de estupidez.
Algunos, incluso, lo esbozan en una actitud ecléctica y superada, para demostrar que están ́ del pensamiento político, aunque en realidad, no pueden ocultar la hilacha de su recalcitrante repugnancia por lo popular.
No sorprende que muchos pertenezcan a clases acomodadas y/o tengan pretensión de élite, y que vuelquen su pretendida por el camino del desprecio y la descalificación.
PD: la foto elegida NO es casual… ¿miren quienes asoman en el cartel de atrás, como custodios de las mentiras dirigidas contra Cristina Kirchner y el peronismo en general?
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