El jueves, mientras la Marcha Federal Universitaria le reclamaba al Gobierno que cumpliera la Ley de Financiamiento Universitario, Lilia Lemoine presumió frente a los manifestantes de lo que cobra por representarlos, se burló de ellos y los filmó para sus redes
Por: Mauro Federico e Ivy Cángaro
El jueves 15 de octubre y a escasos metros del Congreso, bajo una pertinaz lluvia y con la policía reprimiendo a manifestantes e infiltrados, una diputada se mezcló entre la gente. Estaba allí en lugar de estar en el recinto ocupando la banca para la que fue elegida porque, como integrante del bloque oficialista, decidió no dar quórum para debatir un paquete de leyes más inclementes que el agua y los perdigones. Munida de su inseparable teléfono celular con el que registra todo a su paso y vestida como una rémora de un culata de la UOM de los 70, con su camisa, corbata y campera de cuero, se paró en una esquina y empezó a registrar a las personas que, al verla, empezaron a rodearla.
Podría haber ingresado al anexo por la entrada de Rivadavia y evitar a la multitud, pero eligió caminar media cuadra por la calle Riobamba y buscar el otro ingreso, con el objetivo claro de provocar a los manifestantes que se acercaban a recriminarle su actitud.
Lilia Lemoine no pasa inadvertida per se, y si a eso se le suma su actitud pendenciera -pararse, filmar, reírse, apretarse la nariz como si hubiera mal olor- la reacción es inevitable, inmediata y buscada. Gente diversa y que no se conocía entre sí empezó a increparla: «¡Vendepatria, te vas a tener que ir a vivir a Israel!», «¡Andá a laburar!», y algunos insultos empezaron a mezclarse en el clima enrarecido. Lemoine filmaba y reía. Alguien le reprochó ganar nueve millones de pesos para hacer nada, y entonces, indignada, Lemoine corrigió el error: «¡Gano seis millones! ¡Seis millones!», casi como una ignominia en un país en donde un jubilado araña los 400 mil y el ingreso promedio no llega al millón.
Según los datos abiertos de la propia Cámara, la dieta bruta de un diputado es de $ 6.125.805 por mes, más $ 464.489 de gastos de representación. Lemoine conoce bien la cifra: en julio ya la había usado para pelearse con Victoria Villarruel por el aumento de los senadores («los senadores ganan $12 millones y los diputados ganan $6 millones»). Ahora la usó para burlarse de una marcha que reclamaba por los salarios de docentes y no docentes.
Lo curioso es que, según sus propias declaraciones juradas, esos seis millones mensuales entran y se evaporan. Los declara como ingreso, pero no aparecen en ninguna cuenta, ni en efectivo, ni convertidos en bienes, ni gastados. Y la diputada que dice ganar poco, termina cada año debiendo más de lo que tiene.
Lemoine exige auditorías a las universidades, pero tardó dos años y siete meses en presentar su declaración jurada inicial. Cuando finalmente la presentó, la llenó de ceros, contradicciones y errores que no resistirían la revisión de un estudiante de primer año de Contador Público. De una universidad pública, digamos.
La Ley de Ética Pública obliga a cada diputado a presentar tres tipos de declaración: una inicial, dentro de los 30 días hábiles de asumir; una anual, por cada año de mandato; y una de baja al irse. Tienen que hacerlo «aun en el supuesto en que no posean bienes», aclara la propia Cámara. Lemoine se puso al día con casi todo eso en una madrugada y la mañana siguiente, dos años y medio tarde.
Lemoine juró el 10 de diciembre de 2023. Contados treinta días hábiles, su declaración inicial vencía el 23 de enero de 2024. No la presentó. La primera que aparece a su nombre es la anual 2023, la famosa de los «cero pesos», que vencía el 31 de octubre de 2024: el formulario no dice cuándo se presentó, solo que fue emitido el 2 de octubre de 2024 a las 18:25:33, así que lo único seguro es que a esa altura ya existía. Durante casi dos años fue la única. La anual 2024, que la Oficina Anticorrupción había fijado para el 31 de julio de 2025, tampoco llegó. El 16 de junio de 2026 se conoció que cuatro denunciantes —abogados y periodistas— la habían llevado a la Justicia, entre otras cosas, por no haber presentado ni la inicial, ni la de 2024.
Seis semanas después, la diputada se puso al día en una sola sentada. Según los propios formularios, el miércoles 29 de julio de 2026 a las 02:38:13 cargó la anual 2024: 363 días después del vencimiento, a dos días de cumplir un año de atraso. A las 03:13:49, treinta y cinco minutos y treinta y seis segundos más tarde, cargó la anual 2025, que vencía el 31 de julio y que la Oficina Anticorrupción había prorrogado dos semanas antes hasta el 31 de agosto. Esa, la única, llegó a tiempo. Y al día siguiente, el jueves 30 de julio a las 08:33:03, cargó la inicial: dos años, seis meses y siete días después de su vencimiento. La Oficina Anticorrupción procesó las tres el 31 de julio, entre las 21:42:35 y las 22:33:47.
Dos declaraciones juradas en 35 minutos, en plena madrugada. La inicial, al día siguiente. Es decir: la declaración que debe mostrar con qué patrimonio llegó al cargo fue escrita dos años y medio después de llegar, y después de las que debían mostrar cómo evolucionó.
La primera declaración que presentó fue la anual 2023, cuyo comprobante está emitido el 2 de octubre de 2024. Leída con atención, es la más extraña de las cuatro.
Dice que Lemoine ingresó a la Administración Pública Nacional el 1 de octubre de 2023 y que es «diputada nacional» desde «10/2023». En octubre de 2023 Lemoine era candidata: las elecciones fueron el 22 de ese mes y juró el 10 de diciembre. En sus tres declaraciones siguientes, la fecha de ingreso pasa a ser el 10 de diciembre de 2023. Una de las dos es falsa.
En la casilla «Dedicación horas/semana» escribió 99. Catorce horas diarias, siete días a la semana. Para una diputada que en tres años presentó cinco proyectos propios, es un rendimiento notable.
Declara que cerró 2023 sin ninguna deuda. Pero en la declaración 2024 dice que empezó ese año debiéndole $135.629 a ARCA. El 31 de diciembre de 2023 y el 1 de enero de 2024 son el mismo día contable: o mentía una, o mentía la otra. Y el Banco Central, mientras tanto, le registraba unos $502.000 en deudas a esa misma fecha.
Declara $2.506.090 de ingresos brutos por su trabajo y $870.739 de «deducciones generales». De esa suma, solo detalla $261.985 de aportes jubilatorios. Los otros $608.754 no aparecen en ningún rubro. Le quedaron $1.635.351 netos, y cierra el año sin bienes, sin dinero, sin cuentas y con gastos personales en cero. El truco de los 114 millones empezó acá, con un millón y medio.
En sus cuatro declaraciones juradas, Lilia Lemoine no tiene nada. Ni un inmueble, ni un auto, ni una cuenta bancaria, ni un depósito, ni dinero en efectivo, ni una billetera virtual, ni una inversión. Tampoco recibió nada por herencia. Y en ninguna de las cuatro gastó un peso en vivir: gastos personales, cero.
Lo único que declara son deudas. En la inicial lista una deuda de $135.629 con ARCA, la ex AFIP, aunque en el resumen de la misma declaración dice que sus deudas eran cero. En la de 2024, la misma deuda con ARCA, ahora de $135.629,44. En la de 2025, otra vez la de ARCA, más $62.000 con Cencosud.
Del lado de los ingresos, la de 2024 declara $47.602.831 brutos por su trabajo, $3.595.836 de aportes y $44.006.995 netos. La de 2025 dice, en un cuadro, que cobró cero, y en otro, que cobró $70.600.301 netos. Con todo eso, su patrimonio neto pasó de cero a menos $135.629 en 2024 y a menos $197.629 en 2025.
Hay cuatro problemas a la vista. Ninguno requiere un perito.
Una declaración jurada es una cuenta simple: lo que tenés al principio, más lo que ganaste, menos lo que gastaste, tiene que dar lo que tenés al final. La de Lemoine no cierra por ningún lado.
En 2024 declara $44.006.995 de ingresos netos. Empieza el año sin nada y debiendo $135.629. Lo termina sin nada y debiendo $135.629. Gastos personales: cero. Es decir que, según su declaración jurada, cobró 44 millones de pesos, no los gastó, no los ahorró, no los invirtió, no los depositó y no los tiene.
En 2025 repite la magia con 70,6 millones. Empieza sin nada, termina sin nada, gastos personales cero. Pero ahora debe más: los $62.000 de Cencosud.
Entre los dos años son más de 114 millones de pesos de dieta neta que, según ella, entraron y desaparecieron sin dejar rastro. Ni siquiera en la cuenta en la que cobra la dieta, porque no declara ninguna cuenta. Ni en efectivo. Ni en las billeteras virtuales que, según le contó a Luis Majul en septiembre, «estaban en cero», después «cerca de cero», y que no figuran en ninguna de sus cuatro declaraciones. Ese día culpó al contador y prometió: «Lo vamos a rectificar».
De dos cosas, una: o gastó hasta el último peso y declaró gastos personales falsos, o tiene dinero que no declaró. En los dos casos, la declaración jurada no es veraz.
La declaración 2025 tiene dos cuadros que deberían coincidir. En el de «Evolución patrimonial» dice que tuvo $70.600.301 de ingresos netos. En el de «Ingresos y gastos» dice que sus ingresos por trabajo personal fueron cero y que tuvo $70.600.301 de gastos de cuarta categoría. El formulario hace la resta y le da un ingreso neto de menos setenta millones de pesos.
Traducido: cargó su sueldo de diputada en el casillero de los gastos. Y no se trata de un descuido de redondeo. Los aportes jubilatorios que le descontaron ese año ($4.393.883 al sistema previsional y $1.198.328 a la caja complementaria) sí están cargados. Sumados al neto, dan un sueldo bruto cercano a los 76,2 millones que no aparece en ningún casillero. La diputada firmó bajo juramento que su trabajo le dejó una pérdida de 70 millones.
En la inicial, la sección de deudas lista una deuda con ARCA de $135.629. Tres páginas después, el resumen patrimonial dice que sus deudas eran cero. La misma deuda reaparece en 2024 con 44 centavos de más y en 2025 sin ellos.
El dato más elocuente no es la cifra sino su permanencia. La diputada le debe al fisco 135 mil pesos desde que asumió, y los sigue debiendo después de cobrar más de cien millones. La legisladora del partido que promete achicar el Estado no le paga al Estado.
Las que no aparecen son las otras. Según la Central de Deudores del Banco Central, al 31 de diciembre de 2023 debía unos $502.000 a cuatro entidades: Cencosud, en situación 4, que es morosidad peligrosa: más de 180 días de atraso; el Banco Ciudad; y créditos de Mercado Libre. Ninguna figura en su declaración inicial ni en la anual 2023.
En la Central de Deudores del Banco Central, en agosto de 2026, el último período informado, Lemoine le debía $316.000 a Mercado Libre S.R.L., en situación 1, es decir, al día. Es la misma financiera que ya figuraba en sus deudas de 2023 y que nunca apareció en ninguna de sus cuatro declaraciones juradas. La diputada que cobra seis millones por mes y declara no tener un peso sigue viviendo a crédito.
Y no es una deuda nueva. El historial de la Central muestra que entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025 Lemoine le debió a Mercado Libre todos los meses, con montos que fueron de $180.000 a $1.746.000. Al 31 de diciembre de 2024 debía $1.444.000. Su declaración jurada de ese año, cargada de madrugada en julio de 2026, dice que al cierre de 2024 debía solo $135.629, a ARCA. Omitió una deuda diez veces mayor que la que declaró. En 2025 la deuda fue bajando hasta $38.000 en noviembre y desapareció en diciembre, así que en la declaración 2025 no había nada que omitir con esa entidad. La línea volvió a aparecer en agosto de 2026, un mes después de que cargara las declaraciones. Y hay otro detalle: para deberle a Mercado Libre hace falta una cuenta en Mercado Pago, la billetera virtual donde se acreditan los créditos y desde donde se pagan las cuotas. La diputada que admitió ante Majul tener billeteras virtuales, con saldo «cerca de cero», no declaró ninguna.
La deuda con Cencosud, la única financiera que sí declaró, cuenta otra historia. Según la Central de Deudores, en octubre de 2025 debía $49.000 y ya figuraba en situación 2, la de los deudores con atraso. De noviembre de 2025 a enero de 2026 pasó a $62.000 en situación 3, «con problemas». En febrero de 2026 llegó a situación 4, «alto riesgo de insolvencia»: morosidad peligrosa, con más de 180 días sin pagar. Recién en marzo desapareció del registro. Una diputada nacional con una dieta de seis millones de pesos por mes dejó que una deuda de 62 mil pesos la convirtiera, para el Banco Central, en una deudora de alto riesgo. Es la misma tarjeta que en diciembre de 2023 ya la tenía en situación 4. Y la misma que le explicó a Majul: no la pagaba porque «no tenía acceso a la tarjeta y no me acordaba». Ese día también admitió que figura en el Veraz.
Lilia Adela Bolukalo Lemoine nació el 7 de noviembre de 1980 y se crio en José León Suárez. Su padre, Miguel Néstor Bolukalo, hijo de ucranianos que, según contó ella misma, «escaparon del régimen soviético a mediados del siglo XX», era policía y llegó a comisario inspector. Su madre, Lilia Elena Lemoine, era peluquera, tuvo una peluquería en el garaje y militó en el Partido Intransigente de Oscar Alende. Cuando la hija tenía unos nueve años, los padres se separaron y madre, abuela e hija se mudaron a Villa Santa Rita, a la casa que la madre fue construyendo con los años. Es hija única. En los papeles se llama Lilia Adela Bolukalo Lemoine, porque su padre la reconoció y le dio su apellido, pero en su vida artística, y después en la política, eligió usar solo el de su madre: el paterno, dijo, era «medio difícil de escribir».
Lemoine sigue viviendo en esa casa. Su madre falleció durante la pandemia, y la hija única quedó como heredera. Cuando le preguntaron por qué no la declaraba, dijo que la sucesión no estaba terminada. Las cuatro declaraciones dicen lo mismo en el rubro «bienes recibidos por herencia»: cero.
Pero que la sucesión no esté terminada no significa que no haya nada que declarar. Los derechos sobre una herencia son parte del patrimonio. Según sus papeles, la diputada no tiene techo propio, no alquila y no gasta un peso en vivir: ni impuestos, ni servicios, ni comida. Vive, por lo visto, de aire y de herencias que no existen.
En la declaración 2024, en la casilla «¿Goza de licencia o ha suspendido la actividad?», marcó «SÍ». Sin fecha de inicio. En 2024 votó, firmó proyectos y se peleó en el recinto. En las otras tres marcó «NO».
La ficha oficial de la Cámara la presenta como «especialista en IT». En sus declaraciones juradas escribió que tiene «estudios terciarios en efectos especiales», en cuatro versiones distintas. En la anual 2023, «estudios terciarios FX efectos especiales». En la de 2025, con dos errores de tipeo: «terciaros vinulados».
Antes de jurar, Lemoine vivió del Estado que dice detestar. Desde principios de 2022 tuvo un contrato en la planta transitoria de la Legislatura porteña: en febrero de ese año cobraba $169.784, según un pedido de acceso a la información pública que publicó Data 24. Su trabajo real era otro: peinar y maquillar a Javier Milei, entonces diputado nacional. Asesoraba a un legislador nacional con un sueldo de la Ciudad, y nunca se supo qué tareas cumplía en la Legislatura.
Fuente: dataclave.com.ar
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