Después de sobrevivir a múltiples crisis, Tinka sigue apostando a producir en Santa Fe. “Siempre con fe”, resume Rosana Chiarlo, una de sus propietarias
Fundada hace más de siete décadas, es la primera fábrica de bolitas de Latinoamérica y la única que produce bolitas de vidrio en el país. Hoy está en manos de las tres hermanas Chiarlo, que desde 2021 se hicieron cargo de la empresa familiar.
“Nos criamos en la fábrica”, cuenta Rosana Chiarlo, la mayor de las hermanas. Cuando ellas asumieron, la alternativa era clara: vender o seguir. “La fábrica se venía abajo y alguien tenía que quedarse. Para mí era una cuenta pendiente”.
Tinka nació en 1953, cuando dos trabajadores de una cristalería de San Jorge empezaron a fabricar bolitas de manera artesanal y luego diseñaron la primera máquina. Con el tiempo, la empresa se sostuvo gracias a decisiones clave, como la incorporación en los años noventa de una máquina de tecnología asiática que permitió seguir produciendo cuando la apertura importadora puso a la fábrica al borde del cierre.
Hoy producen bolitas de juego, que se venden sobre todo en época escolar, y bolitas industriales, utilizadas en aerosoles y otros envases. También lograron una fuerte visibilidad con colección de bolitas del Mundial, que les permitió ampliar ventas a todo el país y llegar incluso a países limítrofes.
Actualmente trabajan nueve personas, todas registradas, y la producción está muy por debajo de otros años: “Hace meses que trabajamos a media máquina. El horno no está prendido porque no hay ventas”. A eso se suman costos altísimos, como el gas —clave para la producción— y la imposibilidad de mudarse al parque industrial por falta de infraestructura adecuada.
Uno de los principales problemas es la falta de acceso a tecnología y crédito. Para modernizar la producción necesitan maquinaria que no se fabrica en el país y no existen líneas de financiamiento accesibles. “No sabemos a dónde recurrir. No hay asesoramiento ni políticas claras para empresas como la nuestra”, dice Rosana Chiarlo.
La apertura de importaciones también impacta: las bolitas chinas, más baratas, ganan mercado en un contexto de consumo retraído. “No es que sean mejores, pero en una crisis se compra lo más barato”. Aun así, Rosana Chiarlo se mantiene optimista: “Yo creo que vamos a salir. Lo que necesitamos es que baje la presión impositiva, que haya crédito y que el consumo vuelva a moverse”.
Después de sobrevivir a múltiples crisis, Tinka sigue apostando a producir en Santa Fe. “Siempre con fe”, resume Rosana.
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