Rosario se movilizó contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada impulsada por el gobierno nacional
Camila Reciuto / Especial para El Ciudadano
Ni el viento, ni el frío, ni el día gris fueron obstáculo para los vecinos, organizaciones sociales y agrupaciones políticas que pese al clima, marcharon hasta el Monumento a la Bandera, al ritmo de una consigna unánime: “La patria no se vende”.
“Tengo una lista muy larga de razones por las que estar acá. Jamás, en los años que tengo, hemos estado tan mal”, expresó un hombre de unos sesenta años mientras observaba el paso de la movilización desde una esquina. Estaba envuelto en una bandera argentina, mientras en el camino varios conocidos lo iban saludando.
Las banderas celestes y blancas fueron las grandes protagonistas de la jornada: algunas gigantes pensadas para colgarse en un balcón, otras más pequeñas; algunas intervenidas con frases y muchas otras con la figura de Las Malvinas, que desde el partido Argentina-Inglaterra aquel 15 de julio cobró un nuevo significado. No solo unió a los argentinos en una lucha que ya era unánime y colectiva, sino que también colaboró en demostrarle a la sociedad que el saqueo de tierras estaba ocurriendo a la vuelta de la esquina.
“Vine por la comunión con la gente”, fue la respuesta repetida entre varios rosarinos al consultarles por qué salieron a marchar. En tiempos donde el individualismo promovido por las políticas del oficialismo y el aislamiento de la era digital parecen dominar la cotidianeidad, los manifestantes llevaron el reclamo por sus derechos más allá de las redes sociales para encontrarse cara a cara; para volver a esa necesidad elemental de mirarse a los ojos y recorrer juntos las mismas calles.
Esa comunión se tradujo en los mates compartidos, en los abrazos cruzados cuando el viento se volvió implacable al caer el sol, en las charlas entre desconocidos y en los niños aupados por sus padres que, aunque no alcanzaran a comprender la complejidad del momento, percibían que todos estaban allí reunidos por una causa común.
“Mantener la ley de alto al fuego es extremadamente importante especialmente en áreas del Litoral y de la Patagonia. Es una barbaridad que permitamos los incendios, por el medioambiente, por la fauna, por el solo hecho de la soberanía del país. Marcho para defender lo que es nuestro, por lo que nos hace una patria, por lo que nos hace argentinos”, sostuvo una mujer de unos treinta años que marchaba en grupo llevando su bicicleta a su lado, como si fuera un día cualquiera. Como si estuviera haciendo una pausa en su recorrido cotidiano para luego retomar el viaje y llegar a otro lugar.
Esa misma comunión de la que hablaban los manifestantes se terminó plasmando en el Congreso. Ante la falta de apoyos en el Senado, el gobierno no solo debió retirar el capítulo vinculado a la Ley de Tierras, sino también el referente a la Ley de Manejo del Fuego. Aunque la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada obtuvo media sanción, el saldo demuestra que no todo está perdido.
Las movilizaciones en distintos puntos del país lograron frenar importantes modificaciones que el oficialismo pretendía aplicar sobre la normativa de nuestros bienes comunes. Ayer, miles de voces dejaron en claro que la defensa de la soberanía, la tierra, la vivienda y el medio ambiente tienen vigor renovado: un eco de aquella bandera que Gio Lo Celso desplegó junto con sus compañeros de la Scaloneta en el Mundial.
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