Espectáculos

“Perfume Patria” según Francisco Tico Fissolo: “No me interesa hacer un teatro que se parezca a la realidad de todos los días”

El director, dramaturgo y docente habla de su nueva “comedia dramática, criolla y disparatada”, en la que actúan Adrián Terrazzino, Ana Salinas, Macu Mascía, Nicolás Marinsalta, Lucrecia Mubilla, Luz Battagliotti y Pedro de Moya

Miguel Passarini

“Algo huele a podrido en Dinamarca”, escribió  Shakespeare y puso en boca de Hamlet. Y a lo largo de los siglos, esa áspera metáfora sobre la amoralidad de la política adquirió un poder que la acerca intacta hasta el presente.

¿A qué huele la Patria? Seguramente ahora, como en tantos otros momentos, también huela a podrido. Así, buceando siempre en las aguas turbulentas de familias e identidades, el actor, dramaturgo, director y docente local Francisco Tico Fissolo acaba de estrenar Perfume Patria, material sucesor de otras experiencias a partir de procesos de trabajo con actores y actrices en una instancia de experimentación, como pasó recientemente con la premiada Fe ciega y antes, entre más, con Bardo carnal o El Biribiri.

Perfume Patria es “una comedia dramática, criolla y disparatada” que propone una experiencia de cercanía extrema, íntima y potente con el espectador, con funciones para sólo veinte personas, aunque sin la participación del público.

La obra se desarrolla en una casona antigua en pleno centro de Rosario, y el espacio escénico es esa misma casona, ambientada en los años 70. “El público se vuelve parte de esa familia, comparte los mismos espacios de la casa donde se desarrolla la obra. Hay un brindis de bienvenida, música y diferentes espacios a elección para transitar la antesala de la obra y ver lo que allí sucede”, destacó el equipo artístico que cuenta con las actuaciones de Adrián Terrazzino, Ana Salinas, Macu Mascía, Nicolás Marinsalta, Lucrecia Mubilla, Luz Battagliotti y Pedro de Moya, con fotografía y visuales de Sol García Casanovas, asesoramiento en vestuario de Ramiro Sorrequieta, prensa y difusión de Gisela Sogne y dramaturgia de Juan Rodríguez y Francisco Fissolo, quien también tiene a su cargo la dirección general.

Escribió Fissolo: “Theobald, partido de Santa Fe, comienzo de los años 70. El padre ha muerto, o eso parece. Parte de la familia, enceguecida por la ambición, intenta sacar un rédito obsceno de esa desgracia. Una bruta melancolía de tiempos de abundancia del pasado los invade. Estafas, mentiras, deslealtad e infidelidades se entrecruzan en este sinuoso camino. Cae la noche en la vieja casona. Irene ensaya para el último acto escolar”.

Patria y familia

“En mis trabajos hay algo claro que me interesa, podría decir incluso que me obsesiona, que tiene que ver con la familia y la identidad argentinas; es algo que aparece en todas mis obras. Es un interés que incluso no puedo soltar, entonces siempre termino cayendo en ese lugar, un lugar que habilita un recorrido muy amplio y que además está siempre presente en el imaginario colectivo de toda sociedad con sus pérdidas y ganancias, con lo que nos toca de este lado de la Argentina: lo de siempre, cuando nos dicen que «vamos a estar mejor» y mirá dónde estamos ahora, porque claramente tuvimos tiempos mejores. Entonces, esa cualidad no sólo me importa a mí como persona sino también como artista porque me ofrece mucho material para trabajar”, contó el director para abrir la charla.

Y sumó: “Después, la temporalidad de los años 70 apareció en el proceso, más allá de muchos otros momentos de la Argentina que estuvieron signados por tiempos más o menos trágicos, catastróficos o quizás con un poco más de abundancia. También por cierto grado de locura, por la exaltación, por el delirio. En ese punto, siempre digo lo mismo: hacemos teatro porque no soportamos las leyes que nos impone la realidad. Yo hago teatro porque no aguanto eso, siento que no puede ser que un funcionario se tome un avión privado, o que dos viejas, supuestamente, le presten plata para comprarse un departamento de 500 mil dólares; todo eso no lo soporto. Por eso los 70 me parecen muy significativos en la Argentina, con la muerte de Perón, la dictadura, todas cuestiones trágicas que implican tener memoria y decir las veces que sea necesario «Nunca más»”.

En el interior del interior

“Situar la historia en un pueblo, en los años 70, me permitía abrir algunas puertas para desarrollar mi obsesión por lo familiar. Existe un padre, hay una familia, ese padre tenía una agencia de taxis en un pueblo, algo que de movida es muy delirante porque es un pueblo de dos por dos, nadie toma taxis. Detrás de ese padre hay algunos manejos extraños en relación con la comuna del pueblo, con la gente de la sociedad rural, con el campo, y ha tenido mucha plata en algún momento. Ese padre tiene dos hijas y esas hijas están casadas con dos tipos: uno que es un comisario retirado y el otro que es un vago, que está intentado hacer unas playas artificiales, un delirante. Y después está el Uruguayo, el chofer de los taxis, y Leticia que es la secretaria, e Irene que es la hija de uno de esos matrimonios”, relató Fissolo acerca del relato de Perfume Patria.

Y profundizó: “Lo singular es que el padre parece que ha muerto pero no se sabe muy bien si es cierto o no, y los demás quieren aprovechar ese momento para fraguar papeles generando una estafa y quedándose con todo. Aunque quizás ese «todo» no sea mucho a estas alturas, porque ha quedado poco pero ellos no lo saben. Yo defino todo ese entramado como una comedia dramática criolla. Hay algo ahí del grotesco criollo que me interesa, en esto de las entradas y las salidas, de las puertas y de las situaciones que se despliegan que son disparatadas”.

Lejos de la representación

Las formas de los procesos creativos y de trabajo que Tico Fissolo encara con sus actores y actrices están, en cierto modo, vinculadas a parte de su formación con Ricardo Bartis, en una entrega a lo poético y a lo político siempre desfasada de la realidad, deliberadamente alejada de un teatro de la representación.

“Me interesa mucho hablar de los procesos creativos, de los ensayos que es donde surge y pasa todo; incluso me interesa hablar más de eso que de la obra (risas). Digo esto porque los ensayos son el lugar donde yo más intervengo, donde soy más partícipe, estoy más activo, hay un intercambio a flor de piel, estamos jugando un poco entre todos. Después, en las funciones, estoy mirando de afuera y al final puedo marcar algunas cosas. Yo no ensayo para hacer una obra sino que busco una obra como excusa para poder ensayar. Y en este caso convoqué a actores y actrices que ya conocía y que habían pasado por el espacio de entrenamiento actoral que coordino, y otros por los que tengo un cariño, nos queremos fuertemente en el teatro y en la vida. Digo esto porque en el teatro que hacemos hay que generar acuerdos que son muy débiles, por lo tanto tenemos que generar una fortaleza inusitada como para que la cosa pueda funcionar, de otro modo no se puede. Sería imposible sostener la inquietud de siete personas por dos años y medio si no hay compromiso y respeto, porque plata no hay”, reflexionó.

Y sobre su modo arbitrario de trabajar, aseguró: “Al mismo tiempo, está la idea del mito de este trabajo: creer a rabiar en lo que ahí sucede, sin parar. Eso fue lo que nos mantuvo vivos y nos siguió convocando. Este trabajo nos mantuvo siempre en ebullición, con muchas ganas de ensayar, muchas ganas de cruzarnos y de intercambiar. Pero sobre todo bancarse mí forma de trabajo, mis laburos son muy arbitrarios, no me interesa para nada lo verosímil. No me interesa hacer un teatro que se parezca a la realidad de todos los días. Precisamente, hago teatro para poder escaparme de todo eso. Y en este caso coincidimos mucho con los actores y actrices en ese poder de la arbitrariedad, nos preguntábamos por qué no lo vamos a poder hacer o decir de tal o cual modo si esto es teatro; eso los ponía briosos, activos, en un estado de intercambio muy fluido del que estoy muy agradecido a estos actores y actrices por todo lo que recorrimos juntos; es gente con la que nos entendemos y respetamos mucho”.

Detrás de la actuación

Como pasa en general con el arte cuando se trata de fenómenos vivos, nunca es la misma obra el día del estreno que después de algunas funciones y recorridos. Respecto de este tema, Fissolo analizó finalmente: “Siento que es cierto esto de que mis trabajos decantan y acá elegí hacer un proceso inverso. Largamos algunas funciones a modo de prueba y finalmente ahora hacemos un lanzamiento de la obra, algo que por lo general es siempre al revés. Tuvo que ver con encontrar ese lugar que necesita todo trabajo donde se prueba un poco con el público”.

“Particularmente –siguió–, me di cuenta de eso con Fe ciega, donde había algo de mi trabajo que necesitaba algunas funciones de rodaje para que nosotros podamos encontrar lo que estaba más allá del relato de actuación. Es algo que siempre está claro en mis trabajos donde la actuación es el factor dominante y totalizante de la escena y que a mi modo de ver tiene que ser el relato que más empuje, por encima de otros relatos como el literario, el lumínico o el espacial, entre más. Siempre lo que narran los cuerpos está por delante de lo demás, pero sí me daba cuenta que había algo que no terminaba de vislumbrarse. El relato de actuación contenía también un relato subjetivo y otro objetivo a la vez, que no se terminaban de ver, y parecía que todo estaba puesto en la actuación. Volviendo a Fe ciega, contábamos mucho, muy ligado a mis obsesiones respecto de lo argentino, del gen argentino, de lo identitario y su pérdida en estos tiempos de avasallamiento y de locura y de las posibilidades de salida. Entonces me cuestionaba mucho que eso no se vea y nos llevó unas cuantas funciones hasta que todo decantó: hicimos 40 funciones a sala llena, ganamos la Fiesta Provincial del Teatro, nos fue muy bien; pero entendí que a una obra hay que darle el tiempo necesario para que tenga el peso y la contundencia que tiene que tener. Por eso, en este caso, capitalicé esa experiencia y arranqué a la inversa: empecé haciendo funciones sin prensa ni difusión y cuando sentí que llevábamos algunos pasos dados y que la obra empezaba a encontrarse, tomamos el camino habitual. Tengo claro que en mis obras, la actuación lateraliza el relato literario pero ese relato está y se puede ver y criticar como le parezca a cada uno”.

Para agendar

Perfume Patria, nuevo trabajo de Francisco Tico Fissolo al frente de un gran equipo, se presenta los viernes de abril y mayo, a partir de las 21, en Madma Espacio (Balcarce 837). Entradas limitadas. Reservas al +549-341-6858807. IG: @perfumepatria

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