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Polémica por el destino del sable corvo de San Martín: ¿Museo Histórico Nacional o Regimiento de Granaderos?

El inminente decreto del presidente Javier Milei que dispondría el traslado del sable corvo del general José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional (MHN) al Regimiento de Granaderos a Caballo reavivó una fuerte controversia sobre el lugar que debe albergar uno de los bienes históricos más valiosos del país

Por Diario Síntesis

Desde Presidencia sostienen que la medida apunta a garantizar “la correcta administración, preservación y seguridad” del arma, y que el destino de la donación original no fijaba un sitio específico sino una finalidad: la custodia por parte del Estado. Sin embargo, el argumento choca con un dato central: desde 2015 el sable permanece en el MHN con estrictas medidas de seguridad y custodia permanente de granaderos, sin que se haya registrado incidente alguno.

La discusión volvió a escena en medio de versiones cruzadas sobre un posible traslado del sable a San Lorenzo, en el marco de los actos conmemorativos del Combate del 3 de febrero de 1813. Aunque no existió un pedido formal para su uso en una recreación histórica de aquel hecho -en el que, además, el sable no fue utilizado- ya se habrían cursado invitaciones al acto de traspaso del arma al Regimiento de Granaderos, que formará parte de la ceremonia del sábado 7 de febrero en el Campo de la Gloria.

El debate excede el plano ceremonial. El sable corvo fue legado por San Martín a Juan Manuel de Rosas y donado en 1898 al Museo Histórico Nacional por Manuelita Rosas de Terrero, decisión que expresó una voluntad clara sobre su destino institucional. Ese criterio se mantuvo hasta 1967, cuando un decreto del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía dispuso su traslado a Granaderos. Recién en 2015, mediante un decreto presidencial, la pieza regresó al MHN.

Quienes cuestionan la nueva medida advierten que el decreto de Milei omite ese antecedente clave y presenta como “restitución histórica” una situación que, en rigor, fue alterada durante una dictadura. Además, subrayan que el traslado implicaría sacar el sable del ámbito civil y museístico para llevarlo a una dependencia militar, con interrogantes sobre el acceso público a la pieza.

Desde el Gobierno nacional argumentan que el cuartel de Granaderos es monumento histórico nacional y que el arma estaría en un espacio directamente vinculado a su creador. Para otros sectores, en cambio, el eje no es simbólico sino institucional: el MHN es el ámbito natural para resguardar y exhibir el patrimonio histórico de todos los argentinos.

Así, el futuro del sable corvo vuelve a quedar en el centro de una discusión más amplia sobre memoria, legalidad y patrimonio. Un debate abierto que interpela a la sociedad sobre quién debe custodiar y cómo, los símbolos fundantes de la historia nacional.

Un sable único

Cuando San Martín se embarcó hacia el Río de la Plata desde España, pasó cuatro meses en Gran Bretaña, donde se relacionó con intelectuales y políticos, así como con la masonería. En Westminster adquirió el sable corvo que, según los historiadores, es un reflejo de su personalidad. Tiene una empuñadura de ébano, su largo total es de 95 centímetros y, según las investigaciones sobre su origen, habría sido forjado en el Lejano Oriente.

Claro que no es su dimensión ni sus materiales los que lo hacen único, sino que su mayor valor es simbólico. Fue empuñado por el general San Martín en los combates por la Independencia. Eso lo convierte en un tesoro patrimonial e histórico.

En la cláusula tercera de su testamento, redactado en enero de 1844, San Martín expresó su voluntad de que el sable que lo acompañó “en toda la guerra de la independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina D. Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”.

Exiliado en Southampton, Rosas recibió el sable corvo. A su muerte, lo heredó su yerno Máximo Terrero. En 1896, Manuelita Rosas de Terrero expuso su voluntad de que, a su muerte, el sable fuera donado al MHN, donde se encuentra actualmente.

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