Vidas híbridas. Paula Watcher resume así lo que transitan hoy niños, niñas y adolescentes en medio de una revolución tecnológica que los tensiona sin permiso en un paisaje dual: el mundo físico y el virtual. Son espacios conectados, claro, pero tienen lógicas diferentes y sus fronteras suelen ser difusas. Aunque parezca que los más jóvenes, nativos digitales, son extraordinariamente hábiles en el uso de redes sociales, aplicaciones, juegos en línea y hasta software, en general y al igual que la mayoría de los adultos, no tienen conciencia de sus peligros. La cifras son alarmantes. Un ejemplo citado por Watcher, fundadora y directora ejecutiva de Red por la Infancia, basta para encender las alarmas sobre lo que circula entre servidores, «caños» de internet y dispositivos electrónicos: «En el último año, se detectaron 63 millones de archivos de material de explotación sexual infantil a nivel global. Si los imprimiéramos en hojas A4, darían una vuelta y media a la Luna«.
La Red lanzó en Santa Fe, de la mano de la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes de la provincia, la plataforma ReConectate. Allí hay una caja de herramientas para no navegar a ciegas, hacer consultas, informarse y detectar a tiempo potenciales riesgos. Está destinada a los chicos, los padres y los docentes, con secciones separadas para cada grupo. Argentina se convierte en el primer país en implementar el programa piloto de este kit de educación preventiva de la Virtual Global Taskforce (VGT), una coalición de 15 países para prevenir el abuso sexual infantil.
«Los adultos no tenemos la alfabetización necesaria como para poder dimensionar qué se esconde detrás de una pantalla y estamos dejando a los chicos solos en ese mundo híbrido. No los dejaríamos solos en una plaza o con desconocidos en el mundo físico, pero cuando se trata del mundo virtual, no tenemos las herramientas para dimensionar qué implica«, marca Watcher sobre esa dualidad de comportamientos que habilita la exposición a los peligros.
El lado B de la tecnología
Siempre hubo peligros para los niños y adolescentes. Ahora, con el universo digital que se acopla al físico hay nuevos. Pero no se puede volver atrás y hay que afrontarlos con conocimiento e inteligencia. «La tecnología de internet vino a traer un montón de cosas buenas. Los chicos se divierten, aprenden, se conectan entre ellos. La pandemia nos mostró claramente todos los beneficios que trae la conectividad. Ahora, también tiene un lado B. Entonces, necesitamos poder trabajar en la alfabetización digital tanto de niños como de adultos para saber cuáles son esos riesgos», explica Paula.
La responsable de ReConectate menciona tres fuentes principales de riesgos en la interacción virtual, cuyos efectos negativos se trasladan también al viejo mundo físico.
Uno de ellos, comienza, es el acceso a contenidos inapropiados. «Les hacen daño y perjudican su desarrollo. Además, están los riesgos de modificación de conductas «que puede causarles daño a sí mismo o a otros. Por ejemplo, la ludopatía con los juegos online, el cyberbullying hacia otros o como víctimas».
Una tercer fuente, sigue, refiere a los contactos. Del otro lado de la pantalla, y recientemente más con la Inteligencia Artificial, es fácil asumir identidades falsas. No hay certezas de con quién se habla o chatea, si hasta las imágenes en video se pueden manipular tecnológicamente.
Para cuando no se sabe cómo actuar
La plataforma ReConectate propone un abordaje integral frente al crecimiento de problemáticas como el grooming, la sextorsión, el ciberbullying y otras formas de violencia digital. Lo hace con contenidos desarrollados a partir de evidencia y las recomendaciones internacionales de buenas prácticas.
El material está discriminado. Para niñas y niños (4 a 7 años), preadolescentes (8 a 13 años) y adolescentes (13 a 17 años). Además, recursos para madres, padres y cuidadores y también materiales para docentes y referentes.

El proyecto no se queda en la web: incluye líneas de trabajo en territorio con programas de prevención y sensibilización, un componente de monitoreo desarrollado junto a la Universidad Austral y acciones de incidencia legislativa y de políticas públicas a nivel federal. En ese marco se dio el vínculo de trabajo con la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes de Santa Fe.
Intervenir antes de que el problema esté instalado

Watcher hace foco en la gravedad de los problemas. Destaca que la mayor cantidad de material de explotación sexual infantil presente en internet circula entre chicas de 13 a 17 años. Y la tendencia es aún peor: la franja etaria que más va creciendo en esa exposición es la que va de los 7 a los 10 años, con un aumento del 360%.
«Y mucho de ese material es autogenerado, los chicos son inducidos a generarlo sobre sí mismos«, agrega. «Entonces, para cuando nosotros creemos que todavía es muy temprano para hablar de determinadas cosas, el problema ya está instalado», señala sobre la necesidad de acompañar a los adultos con información y herramientas para que la intervención no llegue tarde y cuando ya los daños sean irreparables.
La IA y la permanencia frente a las pantallas potencian los peligros
«La inteligencia artificial vino a grabar ese problema por las fotos y videos generados con esa tecnología», refuerza la directora de Red por la Infancia. El material generado por IA, insiste, «aumentó 6.300 por ciento» en los últimos tiempos. Identidades falsas, pero también manipulación de imágenes que los mismos adolescentes publican en sus redes y cuya falsedad es difícil discernir.
«Lo que estamos viendo es que lo que pasa en línea no se queda ahí. Uno de cada tres chicos, de acuerdo a la última encuesta de Unicef Kids Online de 2025, se encontró en el mundo físico con alguien que conoció en línea«, cifra Watcher el impacto de esa interconexión de la «vida híbrida». No siempre es un peligro, pero siempre hay que tener presente la duda sobre si el o la interlocutora virtual es quien dice ser.
Ese informe de Unicef indica que un porcentaje de esos encuentros «cara a cara» (el 3% de los encuestados menores) fue con una persona adulta. Y que cuatro de cada diez adolescentes de entre 15 y 17 años se encontraron con alguien que solo conocían de interacciones online.
Hay, dice Paula, «un contacto poco saludable con la tecnología». Agravado, resalta, por la gran cantidad de horas que los chicos permanecen conectados. Y entonces, advierte, «lo que está generando es una gran crisis de salud mental en los chicos, en los adolescentes».
No intervenir, por desconocimiento del tema o de los riesgos, es potenciar los daños. «Tenemos que empezar a generar estos conocimientos, tanto en chicos como en los adultos, para generar un bienestar digital», señala. Y es que no se trata de negar el paisaje tecnológico, con sus pro y contras, sino de evitar miradas ingenuas sobre el mismo: «Que ellos no encuentren en la tecnología una fuente de daño, sino reducir este daño potencial y poder trabajar para mantenerse con lo bueno».
Límites borrados con la propia complicidad

Si hasta hace unas décadas las paredes de una vivienda marcaban el paso de lo público a lo íntimo, internet llegó para derrumbar esas barreras. Y lo peor es que lo hace con la complicidad de los usuarios.
«Los chicos están creciendo en ese mundo», recuerda Paula. «A nadie se le ocurría llevar a su ámbito laboral fotos de sí mismo en bikini en la playa. Sin embargo, uno lo hace cuando postea«, ejemplifica, además, una contradicción. Y los mayores lejos están de escapar a esa ruptura de espacios. Comparten, señala, el álbum de fotos de familia, las imágenes de una reunión en casa o actos escolares «con el mundo entero».
La pregunta incómoda pero pertinente es ¿quiénes están mirando esos enormes paquetes de información privada? «Saben a qué colegio va tu hijo, tu hija, qué gustos tiene, si prefiere el helado de vainilla o ese deporte. Es un montón de información que a uno le parece inocente«. Compartir así, todo y sin filtro, advierte Watcher, expone a los chicos a peligros.
Aceptación social recargada: likes, followers y enjuiciamientos inmediatos
Aun con habilidades para la tecnología, alerta Paula, «para los chicos crecer en medio de esta revolución tecnológica no es fácil». Y es que el entorno de dispositivos interconectados los lleva a crecer «en vidrieras virtuales».
Es un paisaje relativamente nuevo y con su cartografía por construir. «Todos fuimos adolescentes y queríamos pertenecer, ser aceptados. Teníamos un grupo en la escuela, en el club. Y lo íbamos manejando». Lo físico resultaba una dificultad para el desmadre. Eso cambió: «Hoy los chicos están expuestos, su nivel de aceptación social está a la vista de todos y se mide en cantidad de followers. Todo lo que hacen y dicen está sujeto a un juicio inmediato en tiempo real. Aprobación o desaprobación, likes, cancelaciones, mensaje, hate. Y no hay derecho al olvido, todo lo que hacen queda para siempre y es parte de su huella digital».
No es inocuo, advierte Watcher, tamaño nivel de exposición y vertiginosidad. Y los adultos lo minimizan. «Creemos que porque pasa atrás de una pantalla tiene menos consecuencias reales«. Por eso, sigue, «la alfabetización digital tiene que ser coconstruida tanto por niños, adolescentes y adultos». A eso apunta ReConectate. Involucrar a «docentes, referentes comunitarios, entrenadores del club, madres, padres, tíos». Cada uno en su papel, y con lo que amerita hacer en cada ámbito o institución, con sus posibilidades e incumbencias propias.
Cuando las políticas públicas están ausentes
La responsabilidad de una interacción virtual virtuosa suele cargarse sobre las familias. Otro problema ahí, otra injusticia en un contexto de crecientes desigualdades económicas que también lo son de tiempo disponible y acceso a soportes culturales. Entre otras. Urge que tengan herramientas para lidiar con la exposición de los hijos al universo digital, que es permanente gracias a los dispositivos móviles y se inicia cada vez a edades más tempranas. Lo mismo para los docentes. Y por supuesto, para los niños y adolescentes.
«Eso es especialmente necesario porque no tenemos un plan nacional o una política pública nacional de prevención y abordaje de las violencias y riesgos en entornos digitales. No tenemos una política pública que baje línea, que construya capacidades«, remarca Watcher sobre la orfandad que deja un Estado en retirada.
Silencios que aturden, un desajuste que inmoviliza
«El silencio es parte del problema, no sabemos cómo hablar esto con los chicos. Y cuando les pasa algo, el 85% no pide ayuda por miedo a que los reten, a que les saquen el dispositivo, y porque incluso muchas veces se sienten responsables de lo que les está pasando: dicen, ‘bueno, pero yo mandé la primera foto, yo empecé a jugar en línea». Así describe la impulsora de ReConectate el escenario en el que hay que actuar. «A veces ni mencionan que están siendo víctimas de un delito«.
La desorientación es grande para los grandes, las preguntas hacen fila: «¿Cómo prevengo esto que pasa? ¿Cómo detecto si está pasando algo? Y si detecté que algo está pasando, ¿a quién recurro? ¿A dónde voy? ¿Qué hago? Porque son cosas que no sabemos. La tecnología está avanzando a una velocidad que no se condice con la velocidad construcción de respuestas».
Paula prefiere remitir la síntesis de ese desajuste con una frase del biólogo Edward Wilson: «Tenemos emociones del Paleolítico, instituciones medievales y tecnología propia de un dios«.
Una construcción colaborativa y con participación inédita de los adolescentes
Paula enmarca el proyecto ReConectate. «Somos parte de una alianza global que se llama WeProtect, que integran más de 100 gobiernos con agencias de Naciones Unidas, de fuerzas de seguridad a nivel mundial y muchas ONGs. Eso es lo que nos permite es estar todo el tiempo viendo qué se hace en otras partes del mundo, qué funciona y qué no«.
Otro insumo para la plataforma proviene de la Virtual Global Taskforce (VGT), que integran el FBI, Europol, Interpol, las 15 agencias de seguridad del mundo que abordan los delitos en el ciberespacio más graves, como la explotación sexual infantil gerenciada por redes criminales.
Ese grupo de trabajo desarrolló «lineamientos y buenas prácticas para orientar a los países sobre cómo prevenir estos delitos, cuya característica más preocupante es que escalan y se agravan muy rápido«.
La Red por la Infancia firmó acuerdos para adaptar esas recomendaciones a la Argentina. Paula resalta que lo hicieron con «los chicos en el centro». Para eso, armaron un Consejo de Adolescentes participativo y federal con representantes de todas las provincias, tanto de entornos urbanos como rurales.
El involucramiento, rescató, fue sorprendente. «Entre noviembre y eh marzo del año pasado, los chicos elaboraron los materiales de la plataforma. No es solamente la velocidad, empezaron cuando ya estaban terminando el año, pensando en las vacaciones, los interpeló a tal punto que se pusieron todo el verano a trabajar en esto».
Luego se formó un Consejo de Sobrevivientes: chicos que pasaron por situaciones muy complejas como ludopatía, difusión de imágenes sin consentimiento, grooming, extorsión. «Para que nos cuenten también sus experiencias, cómo lo vivieron, qué les pasó. Cómo lo resolvieron qué les hubiera gustado que el sistema respondiera».
Otro respaldo es el Consejo de Especialistas, centrado en la Sociedad Argentina de Pediatría y especialistas de diferentes disciplinas. «Porque nuestra idea con ReConectate es un modelo de intervención integral».
Y el primer resultado de todo ese esfuerzo es la plataforma gratuita y de acceso universal.