El autor construye cada uno de los 30 capítulos de la obra con fragmentos de distintos relatos y vivencias que lo atravesaron en cuatro décadas. El trabajo se presenta este viernes 7 de agosto, a las 18.30, en Homo Sapiens
El médico Sergio Lupo es uno de los pioneros de la ciudad en el abordaje del Sida (el síndrome de inmunodeficiencia adquirida es la etapa avanzada de la infección por el virus de inmunodeficiencia humana o VIH). Este viernes 7 de agosto, a las 18.30, en Homo Sapiens, presentará el libro “El tiempo que nos cambió”, un relato coral de las cuatro décadas de tratamiento del VIH-Sida en Rosario.
El autor construye cada uno de los 30 capítulos de la obra, editada por Homo Sapiens, no con testimonios identificados sino con fragmentos de distintos relatos y vivencias que lo atravesaron.
Lupo es especialista en Clínica Médica, fue profesor titular de la primera cátedra homónima de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y jefe del servicio en el hospital Centenario, donde dirige el Centro de Atención de Personas con VIH.
“El impacto inicial (del VIH-Sida) fue similar (que el de la pandemia de Covid), pero en el VIH teníamos información previa, ya que los primeros casos se habían descripto en Estados Unidos en 1981 y nos fuimos preparando con lo poco que sabíamos para recibir los primeros pacientes cuyo número fue creciendo de a poco. El covid-19, si bien estábamos unos meses adelantados en conocimientos por la experiencia en el hemisferio norte, fue una especie de tormenta que nos arrasó”, señaló Lupo al periodista Ricardo Robins en el portal Rosario3.
“Era como volver a vivir una película conocida, aunque desde un lugar completamente distinto”, dijo y agregó, en declaraciones al mismo sitio web: “Cuando comenzó la epidemia del VIH acababa de terminar la residencia de Clínica Médica. Afrontaba esa realidad con el entusiasmo y la cuota de inconsciencia propias de la juventud. En cambio, cuando irrumpió el covid era jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Centenario. Ya no sólo debía ocuparme de la atención de los pacientes; también llevaba sobre mis hombros la responsabilidad de proteger a un numeroso equipo de médicos y garantizar que pudieran seguir cuidando a otros sin poner en riesgo sus propias vidas. Esa diferencia hizo que el peso de la incertidumbre fuera muy distinto”.
Lupo comenzó a trabajar con pacientes con VIH en 1984, cuando el Hospital Centenario recibió los primeros casos. «Era una época marcada por la muerte», recordó en declaraciones al periodista Lucas Correa en Cadena 3 Rosario. En aquellos años no existían tratamientos eficaces y el desconocimiento alimentaba el miedo y la discriminación. Cuatro décadas después, el escenario es completamente distinto. «Hoy tenemos una infección claramente controlada, pero que no tenemos que descuidar», afirmó.
Esa transformación es el hilo conductor del libro. El médico explica que buscó «ponerle voz» tanto a quienes atravesaron los primeros años de la epidemia, muchos de los cuales ya no están, como a quienes hoy conviven con el virus. Su intención fue recuperar historias personales para que el lector pueda comprender cómo cambiaron la medicina, la sociedad y también la forma de vivir el diagnóstico.
Aunque reconoce que el estigma disminuyó notablemente, considera que todavía persisten prejuicios. «Cuando alguien recibe el diagnóstico aparecen las imágenes del pasado, las películas, todo ese imaginario. Después, cuando inicia el tratamiento y descubre que puede tener una vida absolutamente normal, esa percepción cambia», explicó en la misma nota con la radio Cadena 3 Rosario. Según su experiencia, si tuviera que medir esa evolución, «pasamos de un cero a un ocho».
En declaraciones a otro medio, Radiofónica, Lupo advirtió que, si bien la ciencia logró avances extraordinarios con tratamientos simples que permiten una vida normal, la respuesta social y preventiva no evolucionó al mismo ritmo. «Hoy se diagnostican más de 6 mil personas con VIH por año en Argentina cuando deberíamos estar con muchos menos casos», sostuvo.
El especialista precisó que existen alrededor de 20 mil personas en el país que desconocen que tienen la infección, lo que provoca que se produzcan más de mil muertes anuales por diagnósticos tardíos o complicaciones. Esta situación se ve agravada por el bajo uso del preservativo, un hábito que no logró consolidarse en las nuevas generaciones.
«Hay múltiples razones. Creímos que los cambios en la escuela nos iban a reemplazar y donde los chicos iban a adquirir los hábitos seguros, pero no es así. Hoy se maneja todo con redes sociales donde se transmite la necesidad de libertad de tener relaciones sin método de barrera», advirtió en el programa Escenario Mercenario que el periodista Juan Junco conduce por Radiofónica.
Finalmente, Lupo destacó que aunque la infraestructura sanitaria de Rosario es pionera en la materia, la falta de testeos tempranos a nivel nacional sigue siendo una deuda pendiente.
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