La psicóloga y directora de la Maestría en Vínculos y Familias de la Universidad Hospital Italiano explica las señales de alerta, los factores que pueden detonarlos y qué pueden hacer las familias para cuidar la salud emocional de sus hijos
Buenos Aires, agosto de 2025 – En el marco del Mes de la Niñez, la Mag. Soledad Dawson, psicóloga y especialista en vínculos y familias de la Universidad Hospital Italiano, advierte sobre una problemática cada vez más frecuente: las crisis de ansiedad o “ataques de pánico” en la infancia. En qué consisten, cómo reaccionar ante estos episodios y de qué manera se pueden prevenir.
“Una crisis de ansiedad o ataque de pánico se caracteriza por la aparición repentina de un miedo intenso y síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para respirar o sensación de pérdida de control. Es un episodio que merece atención, sobre todo cuando se repite y genera preocupación en el niño y su entorno”, explica la especialista.
En los más chicos, los signos de alerta pueden incluir preocupación excesiva, problemas de sueño, irritabilidad, dolores de cabeza o de estómago, dificultad para concentrarse, llanto sin causa aparente, berrinches recurrentes, cambios de humor frecuentes y apego excesivo hacia los padres. También pueden evitar situaciones o espacios que les generan ansiedad o presión, o dejar de realizar actividades que antes disfrutaban.
La causa no siempre está en un hecho puntual. Según Dawson, el entorno juega un papel clave: “La sobreexposición a pantallas, agendas escolares recargadas, presión por el rendimiento, exceso de actividades y un contexto familiar o social con alto nivel de estrés —donde todo debe ser ‘producción, eficacia y eficiencia’— predisponen a los niños a este tipo de crisis. Las conductas y sensaciones ansiógenas se transmiten de manera inconsciente cuando compartimos tiempos y actividades con personas que viven de esa manera. Los chicos escuchan, observan y absorben esa ansiedad”.
Si un niño atraviesa una crisis de ansiedad, la especialista recomienda:
Entre las recomendaciones para prevenir el desarrollo de crisis de ansiedad, Dawson sugiere revisar la cantidad de actividades que realizan los más chicos, garantizar tiempos de descanso y juego sin pantallas, y moderar los cambios constantes de ambiente.
“Los niños reproducen lo que ven a su alrededor. Si queremos que bajen el ritmo, el entorno también debe desacelerarse”, enfatiza la especialista.
En definitiva, abordar los ataques de pánico en la infancia requiere más que una solución inmediata: implica revisar hábitos, rutinas y el modo en que, como adultos, acompañamos y damos ejemplo. La clave está en implementar cambios graduales, sostenibles y compartidos, entendiendo que el bienestar emocional de los chicos se construye en comunidad. La escucha atenta, el tiempo de calidad y la reducción de exigencias pueden marcar la diferencia, reservando la medicación como último recurso y siempre bajo supervisión profesional.
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